El café de la memoria

Memorias de arte y ciudad en Medellín a través de los MDE

El pasado martes 11 de septiembre en "El café de la memoria” de ARCADIA e Itaú se llevó a cabo la charla ‘Memoria, arte y ciudad: el encuentro internacional de arte de Medellín, MDE’ con dos invitados de la Fundación Universitaria de Bellas Artes: Pablo Santamaría y Jonatan Arenas. Esta actividad se dio en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

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Camila Andrea Rua Tovio*
20 de septiembre de 2018 a las 12:30 p. m.
Pablo Santamaría y Jonatan Arenas de la Fundación Universitaria de Bellas Artes. Foto: Foto: Carolina Londoño Quiceno.
Pablo Santamaría y Jonatan Arenas de la Fundación Universitaria de Bellas Artes. Foto: Foto: Carolina Londoño Quiceno.

"El café de la memoria" en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín es posible gracias a una alianza entre ARCADIA e Itaú.

“Cuando hace mucha lluvia la gente no viene, cuando hace mucho calor tampoco. Pero, en efecto, los que estemos interesados venimos a sol o a sombra”. Con esa frase, Pablo Santamaría comenzó la charla acerca de tres encuentros internacionales de arte llamados MDE, sigla que identifica a Medellín internacionalmente. La importancia de dichos encuentros radica en cómo han cambiado la naturaleza en que se ve y se interactúa con el arte, por esto han sido el tema estudiado por Santamaría y Jonatan Arenas.

Santamaría explicó que los MDE se remontan a las bienales de arte de Coltejer, pero que también pueden rastrearse desde 1958 con los manifiestos nadaístas de Gonzalo Arango que conciben el arte como una “experiencia”. La primera bienal fue en 1968 y, cuentan, fue un evento de museo, estético y en el cual las obras que se presentaron eran, sobre todo, pinturas. Es de destacar que esta primera bienal se dio gracias a la financiación de Coltejer y otras empresas privadas.

Arenas explicó que en la segunda bienal de 1970 primaron obras polémicas, como la que ganó, una creación de Luis Tomasello, que para Arenas hace un “arte óptico”. En medio de esto, Santamaría agregó que en dicha bienal se deja atrás a lo que se conoce como “pintura relamida”. Además, aclaró que las bienales de Medellín se dieron gracias a la financiación del sector privado, ya que sin este apoyo no hubiesen sido posibles los encuentros de arte.

La tercera bienal de 1972 fue conocida como “la bienal de la educación” ya que la gran preocupación de Leonel Estrada es que se hiciera una exposición de calidad y que la gente asistiera, para esto debían educarlas. Por esto, Santamaría afirmaba que hicieron de las bienales un encuentro de críticos, para explicar a la gente cómo funcionaba el arte de vanguardia. Esto lo hacían trayendo críticos de arte; entre ellos, Jorge Romero Brest, el gurú de la crítica de América Latina. “Para nosotros era Marta Traba, para América latina era Jorge Romero Brest”, decía Santamaría. En esta bienal empezaron a aparecer trabajos muy diversos, diferentes a lo que se habían estado viendo. Entre estos se encuentra Piedra del argentino Carlos Ginzburg. También Bernardo Salcedo, quien introdujo el trabajo con la palabra: cómo la palabra referenciaba a la imagen.

La cuarta bienal no se daría sino hasta 1981, después de que Coltejer, el mayor patrocinador de estos encuentros de arte, entró en una crisis económica. Los líderes del encuentro de arte agenciaron una relación con la Cámara de Comercio de Medellín y encontraron gran financiación por parte de la aseguradora Suramericana, con lo cual lograron llevar a cabo la cuarta bienal. Sobre lo anterior, Santamaría reafirmó la relación del arte con las empresas privadas y añadió que, en lo referente al apoyo a los encuentros de arte, el sector público no aparecía o lo hacía tangencialmente. Una de la obras más representativas de esta cuarta bienal fue Carlos Gardel de Fuego de Marta Minujín. En palabras de Santamaría: “Marta Minujín que era como el Andy Warhol de América Latina”.

Pablo Santamaría: Foto: Carolina Londoño Quiceno.

El MDE07 (2007) propuso dos ejes curatoriales. Primero, que el arte no es obra sino una práctica creativa. Eso implica que el arte pueden ser acciones, experiencias y prácticas que, si son creativamente, pueden ser entendidas como arte. Este fue un evento de vanguardia para el 2007, que trajo una dinámica de itinerancia con la práctica artística y los espacios de hospitalidad. Por esto, Santamaría decía que casi todas la obras tienen este carácter experiencial y que trabajan con personajes de la vida cotidiana. Entre las obras destacadas del MDE07 se encuentra A la rueda rueda de Ana Claudia Múnera, un performance con vendedores ambulantes con coches de bebé reformados para poder trasladar su venta. A partir de eso, decía Santamaría, se inauguró una nueva forma de hacer arte en la ciudad de Medellín.

“Lloviendo y haciendo sol son las gracias del señor”. Con este refrán, las personas en el café recibieron la repentina lluvia con algunas risas. No obstante, esto no dio pie a que se dispersara la charla y Santamaría siguió explicando que partir del MDE07 las universidades de artes tuvieron reto de decirle a los estudiantes que podían ser increíbles dibujantes pero que no sirve de mucho si no se hace una labor intelectual: el estudiante está obligado a investigar y las universidades a interrogarse sobre sus pénsum y su ejercicio.

Arenas siguió con el MDE11 (2011). Este, dijo, tenía otro enfoque: un concepto de formación y educación. Los tres ejes eran exposición, laboratorio y estudio. Santamaría intervino comentando que todos los encuentros habían tenido una relación estrecha con una imagen de ciudad y que este no había sido la excepción, pero que había incorporado el plan de desarrollo cultural más importante que ha tenido Medellín: vovler al ciudadano moderno (buen ciudadano y políticamente correcto) un nuevo ciudadano, el ciudadano cultural (activo y participativo). Santamaría afirmaba que esto se puede concretar en la educación, pero que también es posible mediante el arte “porque primero hay que deformar al ciudadano” y el arte propone una experiencia “rara, diferente y deformante”. Y concluyó con la sentencia: “yo deformo para formar y así transformar el ciudadano”.

El MDE15 (2015) tenía una relación de lo local con lo global, pues buscaba internacionalizar a la ciudad. Se habló de Claudio Perna y, por el conocimiento que Santamaría tenía del artista, hizo la siguiente comparación: “Lo que Antonio Caro es para Colombia es Claudio Perna para Venezuela. A ambos se les la paternidad del arte conceptual”.

Santamaría comentó que la invitación del MDE15 fue intervenir y generar memoria en la ciudad, “porque todos tienen derecho a ella”, a intervenirla creativa y plásticamente. Agregó que la memoria no es un asunto solo de historia, que el cuerpo debería verse como un objeto de la educación (porque la gente aprende por el cuerpo) y, por último, señaló que la ciudad es un dispositivo formador, ya que la experiencia urbana educa. Por esto, la mayor cantidad de actividades que tenía el MDE15 no eran de exposición sino de acciones paralelas, seminarios, conferencias, activaciones en las comunas.

La conclusión de la conferencia la dio Santamaría: “Nos hemos dedicado a pensar un poco acerca de estos encuentros de manera histórica desde la bienales del 68, 70, 72, 81, el encuentro internacional de críticos, el festival de arte de ciudad Medellín en 1997, MDE07, MDE11, MDE15. En el mundo del arte la memoria es fundamental, el trabajo de archivo es importantísimo, la memoria es un elemento que patrimonializa las discusiones sobre la paz. La ciudad es fundamental como dispositivo formador, por lo que nos tenemos que apropiar de manera lúdica y espontánea de ella. El arte, en la relación global-local, no tiene otro propósito que generar experiencias sensibles y educadoras a través de experiencias investigativas”.

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*Estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia. El cubrimiento de ‘El café de la memoria‘ es posible gracias a una alianza entre ARCADIA y la Universidad.