Quise su boca
Atrapar todas las lenguas
Quise sus dientes
Afilar una a una las palabras
Quise su piel
Vestir de tarde ante la lumbre
Quise sus piernas
Eclipsar el día entre las mías
Quise su risa
Llené cada ahogo en mi garganta
*
Esperé, esperé entera su regreso
pero el llano se tornó pequeño
en medio de un bosque que ocultó la noche
En cada casa una veladora llora su pabilo
Yo, mis uñas, ajadas de tallar los días en maderos
de recoger las hojas de las plantas al caer rendidas
ante la inutilidad del agua que las riega
Esperé, esperé tanto y por tanto tiempo
que el zumbido de las moscas se hizo música alrededor
y el aire cobijó el insomnio
Esperé tanto y por tanto tiempo
que perdí la cuenta de los días
agoté la piedra que me sirvió de improvisado ábaco
y apagué en mis ojos el fuego que ardió en ellos
*
Entrada en calma la tormenta
los vientos se alejan
la distancia se hace más distante aún
se olvida el olor del aire
como se olvida el del agua
y el color del fuego deja de quemar
Ha pasado la tormenta
En el zaguán
un equipaje sin aduana
aguarda su destino
Unos pasos
alguien quien los calce

