10 años de política pública lgbti en bogotá

Un homenaje al colectivo de mujeres lesbianas Triángulo Negro

Por: Natalia Puerta

Entre 1996 y 2005, este colectivo de más de cien mujeres lesbianas tuvo un rol determinante en los sectores sociales LGBTI y en la ciudad.


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El grupo Triángulo Negro surgió en Bogotá después de que un conjunto de mujeres feministas lesbianas decidieran separarse de movimientos sociales que tenían discursos hegemónicos. En los años noventa, los grupos feministas todavía eran predominantemente heterofeministas; los movimientos homosexuales, por su parte, partían de una construcción masculina de la homosexualidad que recogía solo de manera parcial las reivindicaciones propias de las mujeres lesbianas. Esas mujeres disidentes convirtieron a Triángulo Negro en un colectivo pionero dentro de la colectividad lésbica de Bogotá y Colombia: en una organización de incidencia política; pero también en un espacio físico de encuentro, reconocimiento de la experiencia particular y apoyo a mujeres lesbianas. El grupo adoptó su nombre de un símbolo de orgullo y solidaridad para feministas y lesbianas.

Se trata de una versión invertida de la insignia utilizada en los campos de concentración de la Alemania nazi para marcar a las personas prisioneras consideradas antisociales, entre las cuales se encontraban las mujeres lesbianas y prostitutas. El giro de ciento ochenta grados convierte así la insignia en un símbolo de resistencia.

Uno de los logros históricos de Triángulo Negro fue su determinante participación –y el particular empuje de Martha Montenegro y Fabiola Espitia, dos de sus fundadoras– en la lucha por la declaración de inconstitucionalidad del parágrafo del Estatuto Docente (Ley 2277 de 1979), que establecía que la homosexualidad era causal de mala conducta e implicaba la pérdida del escalafón para el personal docente que incurriera en ella.

El grupo también tuvo un rol central en el Proyecto Planeta Paz, que buscó consolidar las agendas sociales sectoriales durante las negociaciones de paz con las Farc entre 1998 y 2002. Allí, Triángulo Negro representó en las discusiones la voz de mujeres lesbianas, incluyendo la de víctimas del conflicto armado. Justo ahí, en Planeta Paz, en medio de la lucha por el reconocimiento, la representación, la inclusión y la justicia social, grupos de personas violentadas en razón de su identidad de género y su orientación sexual vieron la necesidad de agruparse, en su diversidad, como un sector social y acuñaron el nombre LGBT (posteriormente LGBTI). Que la L de lesbianas sea la primera letra de la sigla es de abonarles a las integrantes de Triángulo Negro.

Esta asociación se disolvió en 2005 y dio paso a nuevos grupos como Colectivo Lésbico, Mujeres al Borde, Grupo de Lesbianas de Colombia (GLC), Labrys y Dalai, que expandieron las áreas de trabajo al arte y a la investigación; algunos han incluido a mujeres bisexuales y mujeres trans.

Casi quince años han pasado desde que Triángulo Negro desapareció, pero su legado tiene tanto peso que se mantiene vigente no solo como parte de la memoria del país, como un hito en la construcción de una subjetividad lésbica colectiva, sino también como una forma de hacer activismo.