Cuando cae la noche en Bogotá, cientos de perros abandonados deambulan entre avenidas oscuras, autopistas y barrios donde sobrevivir se convierte en todo un reto.

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Lamentablemente, muchos peluditos terminan invisibles para los conductores y mueren atropellados. Pero una iniciativa busca cambiar esa realidad con algo tan simple como poderoso: collares reflectivos que brillan en medio de la oscuridad.

La estrategia, impulsada por la Fundación Arca Luminosa, ya ha entregado más de 6.200 collares a perros y gatos callejeros en Bogotá y Soacha. Los accesorios están diseñados para reflejar la luz de carros y motos a varios metros de distancia, permitiendo que los animales sean vistos a tiempo y evitando tragedias en las vías.

Detrás de la idea hay una historia dolorosa. María Adelaida Aristizábal, creadora del proyecto, comenzó a notar la cantidad de animales muertos en carreteras mientras transitaba por la sabana de Bogotá. El impacto fue tan fuerte que decidió crear una especie de “chaleco salvavidas” nocturno para quienes viven abandonados en las calles.

Los collares no solo alumbran. También llevan mensajes como: “No estoy perdido, busco un hogar”, con el objetivo de incentivar adopciones y generar conciencia sobre el abandono animal, una problemática que sigue creciendo en la capital.

Y es que las cifras son alarmantes. En Bogotá ya se habla de cerca de 350.000 animales abandonados, mientras localidades como Kennedy, Ciudad Bolívar, Suba y Bosa concentran gran parte de los casos de perros callejeros. Muchos sobreviven entre hambre, enfermedades y el peligro permanente de ser atropellados.

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De acuerdo con registros del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, entre 2019 y 2025 se reportaron al menos 4.585 perros y gatos atropellados en Bogotá, una cifra que evidencia el enorme riesgo que enfrentan diariamente estos animales.

La fundación también adelanta jornadas de esterilización, rescate y alimentación en sectores vulnerables. Según sus voceros, ya han realizado más de 2.000 esterilizaciones gratuitas para intentar frenar el abandono descontrolado.

Mientras la ciudad duerme, decenas de voluntarios salen con bolsas llenas de collares luminosos para ponerles “un poco de luz” a perros que nadie ve. Para muchos animales callejeros, ese pequeño reflejo puede ser la diferencia entre seguir vivos o convertirse en otra sombra más sobre el asfalto bogotano.