Ver a un perro rascarse de vez en cuando es completamente normal. Sin embargo, cuando la picazón se vuelve constante, aparecen zonas sin pelo o la mascota comienza a lamerse de manera insistente las patas y las orejas, es momento de prestar atención.
Especialistas en salud animal coinciden en que este tipo de síntomas no siempre tiene una explicación sencilla. En algunos casos se debe a parásitos externos, pero en otros el origen puede estar en una reacción alérgica, una enfermedad de la piel o incluso un ingrediente presente en su comida diaria.
De acuerdo con médicos veterinarios, identificar la causa desde las primeras etapas evita que el problema avance y reduce el riesgo de infecciones provocadas por el rascado permanente.
“El rascado constante y los problemas en la piel son alertas que ningún dueño debería ignorar. Identificar si el origen está relacionado con parásitos, factores ambientales o la alimentación es el primer paso para ayudar a recuperar el bienestar de las mascotas”, explica Carolina Figueroa, médico veterinaria y Corporate Affairs Head Latam Seeds de Royal Canin.
No todas las alergias son iguales
Los expertos explican que existen tres tipos de alergias que aparecen con mayor frecuencia en los perros y que, aunque comparten síntomas similares, requieren tratamientos completamente diferentes.
La más común: reacción a las pulgas
No es necesario que un perro esté lleno de pulgas para desarrollar una alergia. En animales sensibles, basta una sola picadura para desencadenar una respuesta exagerada del sistema inmunológico, lo que genera picazón intensa, inflamación y lesiones causadas por el rascado.
Por esa razón, los veterinarios recomiendan mantener al día los tratamientos antiparasitarios durante todo el año y no únicamente cuando aparecen estos insectos.
Cuando el ambiente es el problema
El polen, los ácaros del polvo, el moho e incluso algunas plantas pueden convertirse en desencadenantes de alergias.
En estos casos, es frecuente que los perros se rasquen alrededor de los ojos, las orejas, el hocico o las patas, especialmente después de salir a caminar o durante determinadas épocas del año.
La alimentación también puede influir
Aunque es menos frecuente, algunos perros desarrollan reacciones frente a determinadas proteínas o ingredientes presentes en su dieta.
A diferencia de una intolerancia alimentaria, estas alergias suelen manifestarse principalmente en la piel y solo pueden confirmarse mediante una dieta de eliminación supervisada por un médico veterinario.
“La piel es el órgano más grande del cuerpo y actúa como una barrera protectora frente al entorno. Para cumplir adecuadamente esta función, necesita nutrientes específicos, como ácidos grasos omega 3 y 6, zinc, aminoácidos y antioxidantes. Una alimentación adaptada a las necesidades de cada mascota puede contribuir a fortalecer la barrera cutánea y favorecer una piel saludable a lo largo de su vida”, concluye Figueroa.