Han pasado décadas desde que María Claudia Parias se propuso ser periodista cultural, marcada por una madre artista y una casa conectada con las artes y la música. Pero el espíritu de esa joven sigue firme en lo que la mujer ha hecho y hace hoy desde la gestión cultural al frente del Idartes, una institución que vio nacer y que hoy celebra 15 años de lecciones y visiones.
Mucho ha pasado desde sus prácticas profesionales en El Espectador, en las que escribió crónicas sobre lucha libre y la pelea de gallos en Bogotá, integrando asuntos sociales a la asignatura deportiva que el editor escogió para testearla. En Bogotá y en el periódico, la curiosidad de entender el manejo de las instituciones culturales que cubrió solo se hizo más fuerte y la puso en la ruta de la gestión. Esa la vio pasar por muchas instituciones, entre ellas Batuta. Pero no nos adelantemos…
Luego del periódico, su salto a Cali fue clave. Allá conoció a Amparo Sinisterra de Carvajal, que había sido directora de Colcultura y presidía Proartes. “Trabajando con ella entendí qué significaba ser gestor cultural. Le agradezco mucho haber sido una gran maestra”, dice Parias en charla con Arcadia. María Claudia reconoce que “en esa época no existía un cuerpo de conocimiento específico en los temas de gestión cultural. Era más bien una gestión que se hacía reconociendo la capacidad académica o el nivel de alta cultura que una persona tenía o sus conexiones de relacionamiento”. Tras un par de años, volvió a Bogotá, donde se le presentó a Gloria Zea en su Museo de Arte Moderno, en el paso que le significó “meterme en este mundo que ha sido, pues obviamente, mi vida y mi pasión”.
Sobre la entidad que hoy lidera, que anda de aniversario, recuerda su creación. “Cuando fui directora de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, no existía Idartes, y la orquesta manejaba todas las artes escénicas (música, danza, teatro, las hibridaciones en esos lenguajes y los teatros públicos de la ciudad), y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño manejaba literatura y artes plásticas y visuales”. Parias cuenta que se habían dividido responsabilidades entre esas dos entidades, antiguas y muy fuertes en Bogotá, mientras se creaba el Idartes. Con la entonces secretaria de Cultura, Catalina Ramírez, y el acompañamiento técnico de Germán Rey y otras personas, diseñaron la creación del instituto y sus funciones, y el proyecto se presentó al Concejo de Bogotá. Este aprobó, y el resto es historia viva.
Mirando al presente, le preguntamos qué recibió hace año y medio al asumir: “Una entidad con un conocimiento acumulado muy importante, con una línea de trabajo en gestión del conocimiento fundamental y programas emblemáticos como los Festivales al Parque, Libro al Viento y la Cinemateca Rodante”, responde, y añade que cuenta “con un equipo especializado en las siete áreas artísticas que el instituto maneja”. También encontró, dice, un Idartes responsable de políticas públicas que se formularon en estos 15 años.
En ese sentido, Parias entendió que el reto que asumía era el de articular el arte y la cultura en políticas públicas, como la política pública LGBTI del Distrito, la política de género o la política de ruralidad, entre varias más. Ceñida al plan de desarrollo de la administración Galán, que para ella “reconoce que la cultura es un factor fundamental en la idea de la garantía de los derechos”, se propuso innovar en maneras de hacer de las artes parte activa de la vida de los bogotanos. Se establecieron líneas transversales para entender qué papel desempeña el arte en ellas. Por ejemplo, la del bienestar y la salud física y mental, para fortalecer la relación entre las artes y el espacio público.
“Bogotá no va a dejar de invertir lo que invierte en cultura, siempre va a invertir proporcionalmente más”, exhorta Parias. “Nos tocaba pensar en cómo dar mayor alcance y un mayor sentido para los beneficiarios o participantes a los programas de formación artística y creación, y también en cómo ampliar públicos y audiencias en los ocho escenarios públicos que maneja el Idartes, más los especializados como la Cinemateca de Bogotá, la Galería Santa Fe o la Casona de la Danza”.
Como éxitos, la directora menciona programas como Libro al Viento, que ha ampliado el número de libros publicados y ejemplares distribuidos en la ciudad; Artefactum, laboratorios de cocreación entre artistas muy consolidados y artistas noveles; y Clases de Película, un proyecto de formación y apreciación del cine colombiano para jóvenes en sus últimos dos años de colegio. Con la Cinemateca, a cargo de Ricardo Cantor, el proyecto siguió un modelo francés que trata a estos jóvenes con respeto, les lleva a expertos en cine a dar la clase y los entusiasma. “Los jóvenes ya entienden que la Cinemateca es de ellos”, sentencia María Claudia, explicando por qué ya se acercan en mayor número.
Entendiendo que la Unesco declaró a Bogotá Ciudad de la Música, seguir expandiendo esos alcances también era clave. “Creamos el archivo de las músicas y los sonidos de Bogotá con un grupo interdisciplinario y junto con el Archivo de Bogotá”, cuenta, proyectando además el Museo de las Músicas y los Sonidos, una idea que “ojalá el próximo Gobierno siga”, expresa, “porque tenemos el edificio diseñado y el lote será uno de los equipamientos culturales del cable de San Cristóbal”. Por último, entre muchas iniciativas, destaca el primer Festival de Arte y Ruralidad en la ciudad, que atendió al hecho poco difundido de que el 76 por ciento del territorio bogotano es rural.
Si Idartes se conoce a nivel continental y Bogotá a nivel global, es en gran parte por sus Festivales al Parque, y, en 2026, el fundacional cumple 30 años. Al respecto, Parias resalta que “Rock al Parque es un hito identitario de la ciudad”, tanto como Monserrate o los cerros orientales, y por cuenta del evento la han invitado solo este año de cuatro ciudades muy distintas a hablar.
“Hoy en día, estos festivales son una política cultural que nadie puede echar para atrás porque tienen una apropiación social enorme, y reflejan la diversidad de formas de ser y de estar en Bogotá. Las éticas y las estéticas de Colombia al Parque son distintísimas a las de Rock al Parque. Los festivales hacen eco de la diversidad cultural y creativa que hay en Bogotá”, destaca, incluyendo los dos que nacieron por mandato del Concejo: Vallenato al Parque y Popular al Parque, como nuevas vitrinas de circulación. Las agrupaciones seleccionadas para Rock al Parque sustentan en ese hecho una garantía, y la idea es que lo mismo suceda en todos los artistas y géneros que proyecta Bogotá. Y partiendo de que todos los festivales tienen invitados internacionales y varios suman agenda académica, también se promueve un diálogo y aprendizaje.
Sobre los 30 años de Rock al Parque, Parias destaca que en el festival, pactado para el puente del 10 al 12 de octubre, hay muchas actividades celebratorias, algunas de las cuales ya tuvieron lugar. En la Feria del Libro se lanzó el libro de los 30 años de Rock al Parque, escrito por Tatiana Duplat, que recoge fotografías increíbles de los fotógrafos que han participado en registrarlo. “Es un libro muy interesante porque habla de la trasescena”, expone Parias, “y es contado desde la visión de una historiadora que también es músico, una persona muy sensible. Es un libro exquisito, bellísimamente editado”, cuenta. Tanto así que están cocinando un acuerdo para venderlo pronto en librerías.
Desde el libro y lo que vendrá en esta edición 30, curada por Héctor Mora y coordinada en sus celebraciones de aniversario por Chucky García, María Claudia cuenta que se está haciendo un ejercicio de reconstruir la memoria de una manera contemporánea, ágil y bella, y de pensar una parrilla de programación increíble con tres tarimas y proyectos especiales. “Queremos demostrar primero que, para esta alcaldía, Rock al Parque es el hito identitario cultural más importante; es clave hacer visible qué ha significado su historia desde los años noventa hasta el presente, la evolución de la música y la historia de la música rockera de Bogotá”.
Mientras ese hito sucede, María Claudia nos recuerda que este fin de semana es el turno de Joropo al Parque en la Plaza de Bolívar, una ocasión más para entender que Bogotá es Colombia, que su corazón es la cultura y que nada es tan potente como podernos querer en el espacio público.
Long Play de interés cultural
Sobre los 30 años de Rock al Parque: “También estamos produciendo una exposición y esa exposición vamos a inaugurarla en la Biblioteca Virgilio Barco y la idea es que pueda circular por las megabibliotecas de toda la ciudad durante un año y medio y quizás pueda terminar su vida el año entrante en el Museo de Bogotá. Es una exposición maravillosa hecha por curadores increíbles, y bueno, es una exposición que recoge la historia de Rock al Parque, pero sobre todo esos momentos que han sido inolvidables. O sea, desde el punto de vista de la curaduría musical, desde el punto de vista de la producción, desde el punto de vista de la relación con la ciudad”.
Sobre el Rock al Parque 2026 y su coincidencia con el concierto de Iron Maiden en su segundo día: Estamos trabajando muy de la mano con los organizadores de Iron Maiden, cuyo concierto coincide con en el segundo día del festival. Tenemos un plan liderado por la Secretaría de Gobierno y por la Secretaría de Cultura y creemos que va a funcionar muy bien. O sea, son 17 entidades del distrito que participan en la organización. Esto no es solamente el Idartes, hay mucha gente trabajando detrás: la Secretaría de Salud, la Secretaría de Movilidad, la Secretaría de Gobierno, obviamente la Secretaría de Cultura, un montón de secretarías y entidades técnicas, y, por supuesto, el IDRD. Todas las entidades que manejan los grandes encuentros de mucha gente en un espacio y que analizan (con mirada técnica) los riesgos asociados a esto. Desde ese punto de vista, tenemos todo un plan desarrollado con el acompañamiento de todas esas entidades y de la Policía Metropolitana.
Y, ¿qué nos dice que Iron Maiden esté tocando en un equipamiento privado (el Vive Claro) y nosotros tengamos Rock al Parque en el Parque Simón Bolívar? Por un lado, refleja una complementariedad: “Okay, los privados también están sintonizados con esa celebración desde otra lógica”, y por eso nació un eslogan que construimos de manera conjunta, “Bogotá Ciudad Rock”. Esa idea de Bogotá como una ciudad del rock y para el rock permite pensar que todas las iniciativas, las públicas principalmente desde nuestra función, pero las privadas también, pueden aportar a una estrategia de disfrute para la gente desde su música favorita.