Es un hecho que, tan solo hace un par de semanas, veíamos en la pantalla grande a Tom Holland como Telémaco, a Zendaya como Atenea y a Jon Bernthal como Menelao, en la vasta e íntima Odisea de Christopher Nolan; una de las películas del año...
Ahora, en otro de los estrenos esperadísimos de 2026, en la muy satisfactoria Spider Man: Un nuevo día, los apreciamos juntos de nuevo, no solo entreteniendo, dando la versión más humana y profunda de sus personajes. No es una película exenta de humor (sobre todo por cuenta de Bernthal y de Jacob Batalon, en el rol de Ned Leeds), pero esta vez no es un factor tan determinante. Aquí hay muchos sentimientos por procesar, aquí hay una vida complicada por descifrar y enfrentar.
Claro, los tres retoman roles que habían interpretado en múltiples ocasiones. En películas de Spider Man y Avengers, en el caso de Holland (Peter Parker/Spider Man) y Zendaya (MJ), y en series de Netflix y Disney+, en el caso de Bernthal (Frank Castle/Punisher). Y si bien apareciendo tanto corren el riesgo de fatigar al público (a algunos les pasó con Pedro Pascal), desde nuestra perspectiva, hacen valer su experiencia con estos personajes y sus giros, impulsados además por un gran trabajo de casting.
Holland, la figura central, protagoniza su tercera película como el hombre araña, y entrega su versión más profunda a la fecha (para los tempranos adultos y adultos, al menos). El Peter Parker de Un nuevo día es un joven doliente, conflictuado, que lidia en solitario con el impacto de varios traumas, entre pérdidas físicas (la muerte de su querida tía May) y la de sus amigos cercanos (MJ y Nedd, que tuvieron que sacrificar sus memorias de él para sobrevivir en la última película).
Como si fuera poco, también sufre cambios físicos ligados a la evolución de su ADN arácnido, que no entiende bien, ni dimensiona ni acepta, resistiéndose... Y ya sabemos lo que sucede cuando algo o alguien se resiste a cambios inevitables, superhéroe o no. En esta vida, y eso solo se ve claramente con el tiempo, no pasa “una cosa”. Cuando “pasa algo” viene en forma de avalancha de situaciones fuertes. Esta película conjuga ese hecho bastante bien desde lo que vive su protagonista.
En ese marco, como tantos de nosotros, Parker trata de ahogar sus penas en un trabajo que lo emociona pero lo consume (en su caso, el de defender a la gente del crimen)... y lo está matando. Y él no le abre espacio a nada más, porque, precisamente, no quiere pensar en nada, mucho menos en sus traumas.
La compleja situación le habla, así como le habla la detective Jean DeWolff, que lo ve desgastado a diario (Liza Colón-Zayas, a quien conocimos en la serie The Bear). Hay que detenerse, cuidarse, leerse, pero él no escucha. Y es valioso ver esa negación y sus efectos en pantalla, y balancear el sentimiento de una humanidad aislada, traumatizada y quemada, en una película del héroe más empático y educado de todos, con la acción que pide el género, los villanos interesantes, las sorpresas. Y lo logra.
Junto a Holland, Zendaya y Bernthal lo hacen genial, pero todo el reparto está a la altura. Las adiciones de Colón-Zayas y de Tramell Tillman (que se puso en el mapa del mundo desde Severance, y encarna a William Metzger) son acertadas, y es muy bienvenido ver en este marco a Sadie Sink (destacada en Stranger Things), en la piel de un personaje esencial, tan conflictuado como Peter, capaz de cosas increíbles.
Las grandes interpretaciones suceden por cuenta de dos factores de peso, además de talento de los actores: primero, un guion muy pertinente para jóvenes adultos/adultos (obra de Chris McKenna y Erik Sommers, con personajes de Stan Lee); segundo, el toque del director hawaiano Destin Daniel Cretton (con quien hablamos hace unos años, por la película Just Mercy, que lo vio dirigir al reciente ganador del Óscar Michael B. Jordan, a Jamie Foxx y a Brie Larson).
En el universo Marvel, Cretton ya había dejado un gran logro en Shang-Chi, e hizo parte de las fuerzas creadoras de la serie Wonder Man (serie de Disney+ con geniales actuaciones de Yahya Abdul-Mateen II y Ben Kingsley). El director viene con viento de cola, y aquí lo justifica.
Su película tiene acción, claro que sí, y escenas dementes de combate. Algunas parecen homenajear a películas como El Tigre y el Dragón, al cine de Zhang Yimou o al anime, y esto, bien hecho, siempre será genial de percibir. Y, especialmente al principio, visualmente nos presenta a Spider Man desde unas perspectivas absurdas en las alturas y rascacielos de Nueva York, muy dicientes sobre la soledad del personaje.
Y claro, no sobra decir que Spider Man: Un nuevo día (una producción de Sony Pictures) tiene el atractivo de reunir a varios personajes del universo Marvel (¡hola, Hulk!) y del Universo X-Men. Esa mezcla ya se anticipaba como un ingrediente especial del estreno en diciembre de Avengers: Doomsday (producido por Marvel/Disney), una película en la que Marvel tiene enormes expectativas, marcadas por el regreso de Robert Downey Jr., esta vez en el rol del antagonista, Dr. Doom.
El augurio para esa extravaganza superheróica protagonizada por personajes de Marvel que protagonizaron incontables páginas de cómics, si nos basamos con este primer roce, es muy positivo. Para muchos, esta película corría el riesgo de ser simplemente un paso antes de Doomsday, pero se prueba más. Es el Spider Man que pedía su tiempo.
A fin de cuentas, este es un joven sensible, bien educado, un nerd inteligente y empático por naturaleza, que en su piel de superhéroe nos transporta con sus telarañas y agilidad a un mundo diferente. Verlo en acción es, usualmente, emocionante. Y nada de eso se pierde aquí, se potencia en la sala de cine, donde tiene todo el sentido del mundo verla, sentirla y hasta lagrimearla.
ADENDA: ¿Es casualidad acaso, que este superhéroe sea netamente neoyorquino? Hoy en día, la capital del mundo, un melting pot pluricultural si los hay, tiene al frente a quizá al único político que inspira real confianza y esperanza en el planeta, Zohran Mamdani. Con líderes así, Peter Parker y sus colegas pueden descansar lo merecido.