En medio de la fatiga de superhéroes, que no es imaginada, una nueva serie de Marvel representa un reto para quienes no son seguidores vitalicios de la casa de cómics y sus producciones audiovisuales. Pero esto no significa que no valga la pena darles el chance.

En ese contexto, una nueva apuesta exige, como mínimo, aprovechar los grandes talentos que recluta y desarrollarse con perspectivas de autor. Wonder Man es eso, un proyecto con profundidad inusitada que al fin sale a la luz, con dos actores brillantes de diferentes generaciones, en interacción constante, como lo son Yahya Abdul-Mateen II (lo hace genial) y sir Ben Kingsley (para sorpresa de nadie, eleva todo de manera notable).
La producción de ocho capítulos es escrita por Andrew Guest, un showrunner con experiencia en series cómicas icónicas como Community y Brooklyn Nine-Nine y realizada en asocio con el director Destin Daniel Cretton (quien dirigió al nominado al Óscar Michael B. Jordan en Just Mercy y dirigió para Marvel Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings, que aun se siente fresca). Como Guest nos cuenta en esta entrevista, trabajar con Marvel fue interesante, especialmente porque este proyecto, en tiempos complejos, sucedió por debajo del radar, sin las expectativas de las enormes películas.

Eso, en últimas, le permitió a sus creadores imprimir su marca, y eso es algo que se nota y se aplaude. La historia sigue a Simon Williams, un hombre con poderes sobrenaturales, pero los poderes aparecen realmente muy poco (en momentos clave, sí, pero muy poco). Esto le permite a Wonder Man enfocarse, en el sueño de Simon de ser actor, en la lucha que le significa, y en el poder del cine.
En ese camino se cruza el personaje de Kingsley, Trevor Slattery, uno que ha interpretado hace 13 años en distintas producciones pero que aquí asume un rol crucial. Y habiendo visto la serie entera, sin spoilear nada, confirmamos que más Kingsley es, indudablemente, mejor. Lo que logra es casi glorioso.

Wonder Man es, a su manera, una oda a la actuación. Y para eso, actores increíbles y un guion inteligente funcionan perfectamente. Los tonos de humor y comentario son finos. No se trata de una sitcom (sin desmeritarlas), es un animal distinto que suma una capa importante, si bien recurrente en los superhéroes: Simon tiene que ocultar una parte de su ser, o eso cree, para llegar a actuar Y ese conflicto con la propia identidad resuena en millones de personas, en la mayoría...

En el camino, la serie hilvana una historia de origen muy potente que toca la amistad y sus alcances inimaginables, exalta con cariño la herencia haitiana de su protagonista y encuentra una tensión importante en comentar sobre el efecto de prejuicios que por años se proyectaron hacia ciertas poblaciones (tildadas de terroristas por un simple apellido i procedencia).
Sobre la sorpresiva Wonder Man, una serie que se para sola, sin necesidad de contextos, hablamos con Andrew Guest. Esto nos dijo...

ARCADIA: En medio de la supuesta caída de Los Ángeles y del fin de Hollywood, aparece esta serie suya, con Marvel, sobre la actuación y los actores y poderes... ¿No es una coincidencia, o sí?
ANDREW GUEST: La buena noticia es que Hollywood siempre está implosionando. Siempre se dice que es el fin de esta ciudad. Cuando llegué aquí hace 23 años, vine para empezar a trabajar en sitcoms y recuerdo que ese primer domingo por la mañana el Sunday Times traía una foto de un guionista de sitcom que quería volarse la cabeza porque todo era reality TV y nadie quería hacer sitcoms. Siempre es difícil.
Ahora es un momento particularmente duro: entre las huelgas, los incendios y todo lo que ha pasado en esta ciudad, estamos sufriendo. Pero siempre están los soñadores que siguen viniendo aquí. Eso es lo que hace mágica a esta ciudad: a pesar de todo, de todos los obstáculos y de la realidad, y aunque estemos un poco locos por seguir intentándolo, seguimos queriendo hacerlo. Y la recompensa es que la gente ojalá conecte con algo que intentaste crear y que, ojalá, encuentre algo de sí misma en ello. Por eso todos queremos hacer esto.

ARCADIA: Carmen Cuba reúne elencos muy potentes, y aquí vuelve a hacerlo (con actuaciones de Joe Pantoliano, de Josh Gadd, sumándose a los protagonistas). Quería preguntarle si eso para usted, aunque es algo positivo, también implica presión...
A.G.: Es ambas cosas: mucha presión y, en cierto modo, un alivio. Si entregas un gran guion a actores que no son tan consumados o extraordinarios como Sir Ben y Yahya, no va a sonar igual. Ellos hacen que cualquier cosa que escribas suene muy bien, la hacen creíble y le dan vida de una forma increíble.
Al mismo tiempo, sí hay presión, especialmente con Sir Ben. Conocerlo por primera vez y presentarle la serie fue algo que nunca olvidaré y que me dio mucho miedo. Con la carrera que ha tenido, no se va a entusiasmar con cualquiera de inmediato. Ha visto altibajos y ha trabajado con todo tipo de personas, pero una vez que te ganas su confianza, la tienes de por vida. Y en esto todos tenemos que confiar unos en otros: de eso trata este proceso. Ellos quieren llegar al set sabiendo que estás concentrado, que quieres ayudar y que todos estamos intentando hacer la misma serie juntos. Llegan superpreparados y eso es maravilloso; eleva el nivel en todos los sentidos.

ARCADIA: Sin ser igual, la dinámica de dos personajes en la serie me evocó la dinámica entre Jake Peralta y Raymond Holt en Brooklyn Nine-Nine, de la que usted hizo parte...
A.G.: Es muy interesante que haga esa pregunta. Nunca lo había pensado. Andre Braugher fue una persona increíble con quien trabajar y todo el mundo lo extraña muchísimo. Y fue alguien que nunca se consideró gracioso; se tomaba a Raymond Holt con absoluta seriedad, y eso era lo que lo hacía divertido. Y hubo una curva de aprendizaje similar en este proyecto, porque yo vengo del mundo de la sitcom con chistes muy marcados, y eso no es necesariamente a lo que Sir Ben o Yahya están acostumbrados. Encontramos juntos un tono que tenía sentido, en el que los actores podían tomarse el material en serio y la serie podía tener una cierta distancia sobre cuán en serio se toman a sí mismos, encontrando la comedia a partir de ahí. Creo que, en cierto modo, hay algo de Raymond Holt en ese tono. Usted es la primera persona que lo menciona y me gusta mucho esa lectura...


ARCADIA: Trabajar bajo el paraguas de Marvel para algunas personas puede sentirse como una atadura. ¿Cómo fue la experiencia?
A.G.: Solo puedo hablar desde mi experiencia, y en este proyecto ellos abrazaron la idea de darnos mucha libertad creativa. Era un proyecto de perfil bajo para ellos; no había grandes expectativas sobre lo que íbamos a entregar. El presupuesto era menor de lo habitual y fue una apuesta en un momento en que estaban experimentando y diciendo que sí a muchas cosas.
Y de algún modo logramos sobrevivir a distintas etapas de conflictos internos en Marvel, a las huelgas y a todo lo demás. La serie logró mantenerse en pie, ¡gracias a Dios, porque finalmente pudimos terminarla, hacerla y estrenarla! No fue que yo presionara a Kevin o a Lou para decir que necesitábamos hacer algo más creativo o empujar los límites del tipo de narrativa. Desde el principio, ellos apoyaron una forma distinta de contar historias y la idea de que esta serie se sintiera un poco aparte del resto de lo que han hecho. No es necesario haber visto otras películas o series de Marvel para disfrutarla. Funciona por sí sola, y eso es fantástico.

ARCADIA: Los tiempos son duros, no podemos negarlo. Vivimos en un mundo complicado y miramos la pantalla pero también estamos pensando en la vida y la muerte. ¿Qué puede encontrar el público en esta serie que le hable de este momento?
A.G.: Es un momento difícil en muchos sentidos. Espero que haya algo en la serie sobre el espíritu humano y sobre individuos. Porque frente a la inteligencia artificial y preguntas sobre en qué se convertirá la industria del entretenimiento, vale recordar que la IA apunta al conocimiento colectivo, pero lo que a mí me entusiasma son las historias individuales, las que nacen de la experiencia personal. Eso es lo que intenté aportar a la serie, y sé que también es lo que aportaron Destin, Yahya y Sir Ben.
Lo que me emociona del arte, del cine o de la televisión, es conectar con alguien a quien nunca he conocido y que, de algún modo, comparte algo conmigo y me hace sentir menos solo en este mundo. Ojalá el público encuentre eso también en esta serie.


ARCADIA: Volvamos a Ben Kingsley, porque verlo en este papel es impresionante, con gracia sutil, con una doble intención, citando Shakespeare, elevando toda escena de la que hace parte. Cuéntenos sobre los instantes de asombro viéndolo trabajar...
A.G.: Uno de esos momentos fue hablar con él por primera vez sobre Trevor Slattery, un personaje con el que ha convivido durante 13 años. Ha hecho la tarea, todo el trabajo previo: sabe cómo fue la infancia de Trevor, cómo era su relación con su madre, por qué le gustaba actuar. Sir Ben fue muy generoso al hablar de su propia experiencia como actor. La historia del primer episodio, cuando están sentados en el bar y habla de estar en una obra e intentar conectar con el material, y menciona esa línea de Hamlet sobre sostener un espejo frente a la naturaleza, esa es una frase de Sir Ben.
Yo simplemente se la tomé, se la di a Trevor Slattery y dejé que Sir Ben la interpretara de una forma increíble. Hay algo honesto y verdadero en lo que hay debajo de esa línea. Esos fueron momentos de “pellízcame”, porque puedes ver a un actor y artista extraordinario conectarse con el material y expresar cosas que quizá no ha podido expresar en otros proyectos. Fue muy bonito haber sido parte de eso.
