Contexto actual: al borde
La semana pasada, en la Casa Blanca, el reportero europeo Niall Stanage osó preguntarle algo pertinente en la coyuntura actual a Karoline Leavitt, la secretaria de prensa del Gobierno Trump, acostumbrada a aleccionar desde su púlpito. La pregunta sobre las prácticas abusivas de ICE (que han conducido a incontables lesiones y más de 30 muertes) llevó a Leavitt a pedirle una opinión al periodista sobre lo que había sucedido con ICE y la ciudadana Renee Nicole Good.

“Good murió porque un agente de ICE actuó inescrupulosamente y la mató sin justificación alguna”, respondió Stanage, una opinión, si se quiere, pero también una observación fundamentada en lo que muestran los varios videos de la situación. Leavitt desató entonces su fase de matoneo, y lo sentenció como “una vergüenza para el periodismo” y “un activista de izquierda que no debería estar ocupando ese espacio”. La reacción no sorprende, en absoluto, pero cada día, minuto, segundo que pasa, se hace más notorio que un periodista haga su trabajo, en un clima negacionista en el que se recompensa todo lo contrario (aplaudir el relato oficial, por demente que resulte).

Este es uno de los síntomas de una situación extrema. Una guerra civil en la potencia principal del planeta no luce tan lejana (en ese sentido, recordamos la película de Alex Garland, disponible en Netflix, que pinta esa escena desde el ángulo de un grupo de fotoperiodistas y reporteros). Los agentes de ICE aterrorizan al Estado de Minnesota, bajo la excusa de limpiar las calles de inmigrantes ilegales (llamándolos ‘ilegales’, tal como lo hacían los nazis con aquellos que exterminaron en campos de concentración, quitándoles toda humanidad).

Y ahí nace la pregunta de muchos sobre si, acaso, están provocando a la población desde su persecución agresiva a las minorías para escalar su operación y poner la democracia en pausa, oficialmente (porque ya lo está; esta situación lo prueba). Estos no son los Estados Unidos que en la Estatua de la Libertad expresaban: “Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas apiñadas que anhelan respirar en libertad”.
Por el momento, si bien muchos lo tildan de pasivo, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, pide calma a un presidente (que lo detesta) y a la gente (que sufre el terror y no ve a quién acudir). Sabe que el poder los está provocando. Los está tratando como trata a un país extranjero que pretende invadir. Walz sabe que puede ser el inicio de algo aún peor. Sabe también que, probablemente, no hay revés, y todo es cuestión de tiempo.


En ese clima dramático, pocos y pocas periodistas de medios globales (que aún tienen acceso a las intervenciones de Trump y sus funcionarios) han osado hacer su trabajo con el abandono personal que exige hacer contrapeso al mayor poder del planeta, en su fase más desvergonzada, con las persecuciones y múltiples tácticas de desestabilización que el hecho implica.
De resto, todos enorgullecen al estamento oficial. Es tan marcado ese hecho que se ha vuelto noticia cuando un periodista hace una pregunta sensata, desde un criterio de humanidad, siguiendo lo que se ve con los ojos.
Por eso circula estos días en memes y posts de redes sociales una frase del libro 1984, de George Orwell: “El Partido les dijo que rechazaran la evidencia de sus ojos y oídos. Fue su orden final y esencial”.
Hersh: uno de los imprescindibles

Un tipo ha venido siendo prueba de tenacidad periodística y humana por décadas, y su camino queda revelado en Cover-Up, obligado documental de Laura Poitras y Mark Obenhaus que Netflix estrenó a finales del año pasado, sin mucho bombo.
Seymour Hersh (Chicago, 1937) es uno de varios periodistas imprescindibles en su país y en el mundo. Sabemos bien que en Colombia muchos de estos valientes que han seguido su línea de periodismo investigativo han sido silenciados por amenazas y por balas, pero este documental aborda a este señor que, compartiendo su camino (así sea a regañadientes, hasta que deja de hacerlo), ofrece una radiografía del quehacer de un periodista que actúa, usualmente, por fuera de los márgenes de los medios corporativos (si bien pasó por algunos, como el NYT). Pero por décadas, de su propio bolsillo, Hersh investigó y contó historias tan fuertes que no se pudieron ignorar y llegaron a primeras planas del planeta entero.

Si algo se hace claro desde temprano en el largometraje es que, por razones obvias, hablarle a Hersh exige experiencia, una sensibilidad especial. Este es un periodista histórico, que ha revelado realidades devastadoras del Ejército de su país y, por ende, ha cargado con la persecución abierta y subrepticia que eso significa.
También muestra el peso de lidiar con las realidades desgarradoras que le contó al planeta. No es fácil narrar sobre soldados jóvenes forzados a dispararles a mujeres y niños, a cabezas de bebés. Sobre madres que dijeron “les entregué a mi muchacho y me devolvieron un asesino”.
Si usted sabe sobre los episodios de erradicación humana de pueblos enteros por cuenta de jóvenes estadounidenses en la guerra de Vietnam, es por Seymour Hersh. Si usted vio las imágenes atroces que revelaron lo que Estados Unidos hacía, este siglo, en prisiones clandestinas como Abu Ghraib, fue por Seymour Hersh. Por él y por las personas valientes que le contaron a él lo que estaba sucediendo.

En Cover-Up: un periodista en las trincheras (Netflix 2025), Hersh explica que, más que la censura, a la prensa estadounidense la carcome desde siempre la autocensura. Y qué más cierto eso que en 2026, cuando el gobernante en jefe amedrenta legalmente a los medios y estos no dan la pelea (porque también está en sus intereses corporativos no hacerlo). Y sabemos que mucho de lo que enseña el camino de Hersh aplica para Colombia y el mundo actual.

Es valioso que no todo sea comité de aplausos. El documental también aborda una instancia particular en la que, en su etapa de escribir libros, Hersh le creyó a una fuente que luego fue desacreditada (en informaciones relacionadas con John F. Kennedy). Y también entran en cuestión instancias en las que Hersh se apoya en solo una fuente para dar vuelo a una historia. Esto va en contra del manual, pero queda claro que en el periodismo de la vida real, no el de las aulas, no hay reglas talladas en piedra.
Hersh replica con una contundente frase, explicando que es una sola fuente, pero es una fuente que le ha dicho cosas que han resultado ser ciertas por más de 20 años...

Entre la teoría y la práctica se elevan debates interesantes, por lo cual este es un material invaluable en la formación de nuevos periodistas. Y mucho se habla de la relación entre los medios tradicionales enormes con el poder y las corporaciones (otra realidad que solo se ha vuelto más pronunciada y macabra con el tiempo). The New York Times abordó los papeles del Pentágono y mucho de Watergate, pero Kissinger tenía fuerte injerencia en lo que se publicaba. Y si los temas corporativos afloraban, solían ser muy resistidos, cuenta Hersh.

En ese orden de ideas, vale mencionar otro documental interesantísimo, también en Netflix, The Stringer, sobre la autoría de una fotografía icónica que cambió el discurso global sobre la guerra en Vietnam (la niña del napalm). La Associated Press (AP) la atribuyó mal y ha decidido mantener en firme esa decisión, a pesar de la evidencia en contra.

Para cerrar, la sinopsis de la película es bastante certera: Cover‑Up es un thriller político que sigue la explosiva carrera de Seymour Hersh, periodista ganador de un premio Pulitzer.

“El exhaustivo y apremiante documental es el retrato de un reportero imparable y una denuncia de violencia institucional, que revela un ciclo de impunidad en el Ejército y las agencias de inteligencia de Estados Unidos; a través de un acceso exclusivo a los apuntes de Hersh y a la combinación de documentos primarios y material de archivo, Cover‑Up captura todo el poder y el proceso del periodismo de investigación", explica.

Así pues, es una película dura, cautivante y, ante todo, importantísima en días en los que a estos periodistas incómodos e imprescindibles se les silencia con descaro y sin respeto, como a la educación y a la información verificada...










