Mane Díaz, padre del futbolista colombiano Luis Díaz, volvió a estremecer con su testimonio sobre el secuestro que sufrió en octubre de 2023.
En el pódcast Conducta delictiva, no solo reveló detalles de la traición que lo llevó a caer en manos de sus captores, sino que también recordó, bastante afectado, el momento en que volvió a ver a su familia.
“Ya se escuchaban rumores: ‘Profe, cuídese’, ‘lo van a secuestrar’”, contó Díaz sobre las advertencias que ignoró meses antes de ser retenido. Sin imaginar lo que vendría, continuó con su rutina hasta que una persona de su total confianza terminó acercándolo al lugar donde sería interceptado.
“Caí en la más fácil… con una persona muy cercana a mí”, afirmó. Se trataba de alguien que había trabajado con él, que compartía su entorno familiar y deportivo, y de quien nunca sospechó. “Trabajó con nosotros, era muy allegado”, insistió.
El día del secuestro, todo ocurrió bajo el pretexto de una reunión. “Ya la gente lo está esperando”, le dijeron. Sin embargo, al llegar al lugar, hombres armados lo interceptaron. “Nosotros jurábamos que era un atraco”, recordó. Minutos después entendió que era un secuestro.
Según su relato, fue obligado a subir a su propia camioneta y trasladado hacia zona rural. “Me dieron la ruta… y me metieron al fondo de la selva”, dijo.
En medio del caos, hubo un momento clave que marcó la traición: la persona que lo acompañaba simplemente desapareció. “Salió… se fue normal”, contó. Para él y su familia, la conclusión fue inmediata: “Nos entregó”.
Durante los días en cautiverio, Díaz enfrentó no solo el desgaste físico, sino la incertidumbre constante. “Eso es un infierno… uno no sabe si regresa o no regresa”, expresó. Aunque aseguró que no fue golpeado, el impacto emocional fue profundo, marcado por el aislamiento total y el miedo.
Pero uno de los momentos más conmovedores del relato llegó al recordar su liberación. En medio de la entrevista, Mane Díaz no pudo contener las lágrimas al hablar del reencuentro con su hijo. Según contó, tras 12 días sin comunicación, volver a verlo fue un golpe de emociones imposible de controlar.
“Así como yo ahorita… ellos también llorando”, dijo con la voz entrecortada, evidenciando que ese momento sigue siendo una herida viva. Entre la alegría y la tristeza, describió ese instante como un alivio, pero también como el peso de todo lo vivido.
Sobre los rumores de un posible pago, Díaz fue claro en que “se rumoraba mucho que Lucho había pagado rescate”, aunque explicó que la presión mediática e internacional también habría influido en su liberación.
Días después, ya en contacto con las autoridades, conoció más detalles del plan en su contra. “Le cogieron el teléfono… tenía todas las conversaciones, videos, cómo se iba a pagar”, aseguró, al referirse a la persona que habría facilitado el secuestro.
Pese a la traición, sorprendió al afirmar que no guarda rencor. Incluso aceptó las disculpas. “Yo te disculpo, pero piensa bien en tu familia y en lo que vas a hacer”, relató.
Al final, la experiencia le dejó una lección que hoy repite con contundencia: “La confianza no se le puede brindar toda a nadie”. Y agregó una advertencia que, según él, pudo haber cambiado su historia: “Cuando alguien te dice ‘pilas’, hay que pararle bola”.