Aunque los colombianos muestran una creciente conciencia sobre la importancia de administrar adecuadamente sus recursos, el bienestar financiero de los hogares aún enfrenta retos importantes. Así lo revela el más reciente Índice de Bienestar Financiero de Colombia 2026, elaborado por DataCrédito Experian, que ubicó al país en 59 puntos sobre 100, una calificación considerada moderada.
El estudio, realizado a partir de 1.000 encuestas a personas mayores de edad y pertenecientes a diferentes niveles socioeconómicos en todo el país, analizó cinco dimensiones principales relacionadas con el control financiero; la resiliencia financiera; la capacidad de cumplir metas financieras; la tranquilidad o estrés financiero y el Score crediticio.
De acuerdo con los resultados, los colombianos han desarrollado cierta capacidad para gestionar sus recursos y proyectar metas económicas, pero aún presentan dificultades para enfrentar imprevistos y reducir la carga emocional asociada al dinero.
La dimensión mejor calificada fue el score crediticio, con 64.3 puntos, lo que refleja un comportamiento favorable en el cumplimiento de obligaciones financieras y un acceso relativamente sólido al crédito formal. También destacó la capacidad para cumplir metas financieras, que obtuvo 61.5 puntos.
Sin embargo, la tranquilidad financiera fue el componente con el resultado más bajo, al alcanzar apenas 52,7 puntos. Este indicador mide aspectos como la ansiedad por el dinero, la preocupación por la duración de los ingresos, el impacto de las finanzas en la salud mental y la percepción de control sobre la vida económica.
Los datos muestran que existe una brecha importante entre las aspiraciones económicas de los colombianos y la tranquilidad que sienten respecto a su situación financiera. Mientras la mayoría mantiene expectativas positivas sobre su futuro económico, muchos reconocen experimentar estrés frecuente por temas relacionados con el dinero.
“Los colombianos tienen aspiraciones financieras pero experimentan un alto estrés emocional en el proceso. El camino hacia el bienestar financiero no es solo cognitivo, es también emocional”, señala el informe.
Por otro lado, el nivel de ingresos continúa siendo uno de los factores más determinantes. Los hogares que reciben menos de un salario mínimo registran un índice de control financiero de 49.5 puntos, ubicándose en una zona de riesgo moderado y con menor capacidad financiera, mientras que aquellos con ingresos superiores a siete salarios mínimos alcanzan 74.6 puntos.
La diferencia también se refleja en la capacidad para afrontar emergencias. Los hogares de mayores ingresos obtienen 67.6 puntos en resiliencia financiera, frente a 53,2 puntos entre quienes tienen ingresos inferiores a un salario mínimo.
En materia de ahorro, el estudio evidencia que la principal motivación de los colombianos es contar con recursos para enfrentar emergencias. En contraste, objetivos de largo plazo como la inversión o la preparación para la jubilación siguen teniendo una participación limitada. De hecho, solo el 39.9 % de los hogares reporta realizar algún tipo de inversión.
La educación también aparece como un factor clave. Las personas con niveles más altos de formación muestran mejores resultados en planificación financiera, inversión y cumplimiento de metas. Quienes cuentan con estudios de posgrado alcanzan 70.3 puntos en capacidad para cumplir objetivos financieros, mientras que aquellos con educación primaria registran 55.3 puntos.
Otro hallazgo relevante es la diferencia por género. Aunque las mujeres obtienen mejores resultados en score crediticio que los hombres, reportan mayores niveles de estrés financiero y una menor sensación de tranquilidad económica.
En conclusión, el informe muestra que Colombia avanza en la construcción de hábitos financieros más sólidos, pero aún enfrenta desafíos estructurales relacionados con la capacidad de ahorro, la resiliencia ante imprevistos y el bienestar emocional asociado al manejo del dinero. La educación financiera y el fortalecimiento de herramientas de planificación aparecen como elementos clave para mejorar la salud financiera de los hogares en los próximos años.