Como de costumbre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó recientemente sus pronósticos de crecimiento de los diferentes grupos de países del mundo. En el caso de América Latina, su cálculo subió en 1,7 puntos porcentuales y ahora lo ubica en 6,3 por ciento para 2021 y 3 por ciento para 2022. Para Colombia espera 7,6 y 3,8 por ciento, respectivamente.

Esta nueva proyección se basa en el hecho de que la actividad económica ha repuntado más rápido de lo previsto. De hecho, en el tercer trimestre de 2020 el crecimiento se aceleró a medida que las restricciones de la pandemia se suavizaron gradualmente y ese ritmo se ha mantenido en 2021. Así mismo, la movilidad se ha recuperado en gran medida a su nivel anterior a la pandemia. En Colombia, por ejemplo, las restricciones de 2021 no afectaron el empleo tanto como las de 2020. Igualmente, la vacunación también ha sido motor de la recuperación.

Esta actualización de proyecciones fue presentada por el FMI durante sus reuniones de otoño, en donde destacó que el consumo privado ha repuntado con fuerza en Chile, Colombia y Perú, gracias a los programas de transferencias fiscales (como es el caso de Ingreso Solidario en Colombia) y a la autorización que se dio para el retiro de ahorro pensional (en Chile y Perú). “En cambio, en México, donde el apoyo fiscal fue escaso, la recuperación del consumo ha sido lenta”, aclaran los expertos del organismo internacional.

El desempeño de las exportaciones latinoamericanas también ha sido heterogéneo y, especialmente, débil en Colombia y Perú. Si bien la recuperación en la segunda mitad de 2020 fue impulsada por el sector manufacturero, este se desaceleró posteriormente en algunos países en 2021 debido a las restricciones de la cadena de suministro (Brasil) y el malestar social (Colombia).

Así mismo, varios países de la región ya desmontaron el estímulo fiscal extraordinario que dieron en 2020, lo que frena la recuperación. La excepción en este frente son Chile y Colombia, que siguen con sus ayudas.

Los riesgos

En el FMI advierten que no se cumpliría su pronóstico de crecimiento si se presenta una combinación de factores como el endurecimiento de las condiciones financieras internas debido a presiones inflacionarias más persistentes y especialmente si las expectativas de inflación a mediano plazo se desanclan. En Colombia esto implicaría subida de tasas de interés del Banco de la República más rápido de lo pensado. Otro factor en contra serían incumplimientos corporativos más altos de lo anticipado y balances del sector financiero más débiles de lo anticipado, lo que podría obstaculizar la provisión de crédito a la inversión productiva y, por lo tanto, a la economía.

La recuperación del crecimiento también se podría ver afectada por un aumento en las primas de riesgo soberano debido a una dinámica de deuda peor a la esperada, acciones de calificación negativas o un malestar social, que podría intensificarse como resultado de una pandemia prolongada, condiciones de financiamiento más estrictas o un apoyo fiscal reducido. A todo lo anterior se suman posibles choques climáticos adversos.

En el FMI insisten en que el riesgo de malestar social debe tenerse muy presente por una historia reciente de episodios de este tipo en Chile, Ecuador y Colombia, así como por el rápido aumento de los precios de los alimentos.

Más desiguales

Desde antes de la pandemia, América Latina ya era la región más desigual del mundo, pero se estima que tras el impacto de las cuarentenas y la crisis sanitaria tanto la desigualdad como la pobreza aumentaron significativamente, revirtiendo los logros anteriores. La desigualdad podría crecer más por el estancamiento de los ingresos de los hogares, con posiciones económicas más precarias, así como por el elevado desempleo de los jóvenes (que se suma a los problemas de acceso al sistema educativo), y las percepciones de corrupción en un año con un calendario electoral intenso.

En el FMI también alertan que la lenta recuperación del empleo contrasta con la recuperación de la actividad, que a principios de 2021 ya estaba cerca de sus niveles anteriores a la pandemia. “Esta divergencia probablemente refleje preocupaciones de salud continuas y, en algunos casos, el apoyo del gobierno a los desempleados, así como posiblemente un cambio hacia una mayor automatización” explican.