El gasto en vivienda y alimentos se está llevando la mayor parte del ingreso mensual de los colombianos, especialmente entre los hogares pobres y vulnerables, que en su mayoría viven con un salario mínimo o menos.

En los hogares de ingresos altos, el impacto del alza de precios en vivienda y alimentos ha sido menor, pese a las presiones inflacionarias de los últimos cuatro meses. Esto se explica, en parte, porque muchos tienen vivienda propia. Aunque también sienten el aumento de los servicios públicos, no pagar arriendo amortigua el efecto de una inflación que en junio llegó a 6,14 por ciento.

En la mitad del sándwich se encuentra la clase media, que sigue andando aunque a veces lo haga ahogada y endeudada para seguir gastando en lo básico y en algo más, como el entretenimiento, que para la mayoría de pobres es un gusto inaccesible. “El grueso del crecimiento del gasto lo explica el crédito de consumo y la tarjeta de crédito”, confirma Camilo Herrera, director de la firma Raddar.

Camilo Herrera, fundador de la firma Raddar, especializada en consumo. Foto: cortesía

El consumo se impulsó

Con esas realidades en los niveles socioeconómicos, el crecimiento de la economía colombiana –que el Banco de la República proyecta en apenas 2,6 por ciento para 2026– ha estado impulsado por el consumo, favorecido por el empleo y por el aumento de 23 por ciento del salario mínimo para este año.

De hecho, un estudio de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) reveló que un incremento del 1 por ciento en el salario mínimo real generaba una respuesta de consumo de 2,44 veces.

Al parecer, el multiplicador del consumo sí se activó. Sin embargo, en la práctica, el fuerte aumento del salario mínimo –que inicialmente alivió el bolsillo de sus beneficiarios– también presionó la inflación, que en junio, volvió a niveles no vistos desde julio de 2024: por encima del 6 por ciento, y terminó diluyendo los beneficios de un mayor ingreso. “El efecto del salario mínimo en el gasto no fue tan grande. Lo ha frenado el aumento de la inflación y las tasas de interés de consumo al alza, al igual que el cambio del ciclo de gasto: por ejemplo, un hogar que ya compró televisor se demora al menos un año en cambiarlo”, explica Herrera.

Los hogares pobres y vulnerables intentan adquirir los productos básicos, con una inflación que superó el 6 %, algo que no se veía desde julio de 2024. Foto: iStock

Vivencia de un ciudadano

Lo cierto es que los trabajadores de menores ingresos ya no sienten el alivio que produjo el aumento salarial a comienzos de año. Así lo afirma Mario Gutiérrez, quien forma parte del 57 por ciento de ocupados que devenga un salario mínimo o menos y relata cómo le ha cambiado el panorama.

En diciembre de 2025, cuando se intentaba negociar el alza del mínimo, ya no le alcanzaba el ingreso para cubrir los gastos necesarios, pese a que en ese año el incremento superó el 9 por ciento.

A su juicio, uno de los rubros más urgentes, inclusive por encima del de una comida nutritiva, es siempre el del arriendo, pues, si se tiene un techo, de puertas para dentro, hasta el hambre se puede sbrellevar. Su vivienda está ubicada en un barrio de estrato 3 de Bogotá, donde habita con su esposa, que también devenga el mismo sueldo, y una hija menor de edad, estudiante en colegio público.

En esa Navidad los tres vivieron la celebración con precariedades, pero lo soportaron porque esperaban con alborozo el aumento decretado para el inicio de 2026.

Cuando se produjo la novedad, pudieron gastar un poco más y hasta fueron al cine, con crispetas incluidas, algo que no lograban hacer desde hacía muchos meses. Pero pronto esa mayor disponibilidad de recursos se esfumó. Desde el 14 de enero, ya el pasaje de TransMilenio no valía 3.200, sino 3.550 pesos, y ese gasto, con dos viajes diarios como mínimo, hace mella en el acumulado del mes.

Facturas de serivicios públicos Foto: Semana

Luego vino febrero, mes en el que se le renovaba el contrato de arrendamiento, por lo que el canon subió con la inflación de 2025, que fue 5,10 por ciento. Le quedó en 800.000 pesos, con una cuota de administración de 230.000. En agua, luz, gas e internet, este último ya inevitable cuando se tiene un estudiante en casa, se le van 550.000 en promedio, aun con los subsidios que le aplican en algunas de las facturas. Para ahorrar en alimentación, preparan comida en casa, la llevan lista y la calientan. Sin embargo, en el último mes han sentido con más fuerza la carestía al mercar, especialmente en carne de res y frutas frescas. Esto coincide con los datos del Dane según los cuales alimentos, alojamiento y comidas fuera del hogar explicaron buena parte de la presión inflacionaria. Para los hogares pobres y vulnerables, vivienda y comida absorben casi el 70 por ciento del ingreso.

Comprar los alimentos podría volverse más caro para los colombianos. Esto dice el Índice de precios de la BMC

Sigue la presión

Y el pronóstico es que seguirá la escalada de precios de los alimentos, que en el primer semestre alcanzó 6,6 por ciento, cifra superior al 4,8 por ciento de los primeros seis meses de 2025.

María Inés Agudelo Valencia, presidenta de la Bolsa Mercantil de Colombia Foto: Suministrada a SEMANA / API

María Inés Agudelo, presidenta de la Bolsa Mercantil, entidad que realiza el índice de precios agropecuarios (Ipap), con el cual se puede predecir el comportamiento de la inflación de alimentos, dice que sus análisis muestran que, “dentro de la canasta Ipap, los productos con mayor peso y sensibilidad son plátano, arroz, papa, maíz, huevos y ganado bovino, aunque en varios casos el impacto se refleja entre 4 y 18 meses después por los ciclos de las cosechas”.

Es decir, hasta la mitad del año, lo que venía impactando no era aún el fenómeno de El Niño, como también lo manifestó el Banco de la República en las minutas, en las que explican en detalle lo que hablaron los codirectores en la reunión de la Junta Directiva del Emisor.

Gastos en la compra de la canasta, según estratos socioeconómicos. Lo que más pesa para los pobres es el alojamiento y los alimentos. Foto: Producido por Diseño-SEMANA

Por ello, Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), sugiere un monitoreo permanente, pues la tendencia alcista de los precios dependerá del impacto que provoque el evento climático, en particular, en cultivos de ciclo corto, como arroz, papa, tomate y plátano.

Al directivo de la SAC también le preocupa el precio de los fertilizantes. Si bien subieron en los primeros meses del año, ya habían empezado a moderarse, pero de nuevo se registran tensiones en el conflicto en Oriente Medio, que es el que ha estado impulsando la cotización del petróleo. “El alza en precios de alimentos tuvo mucho que ver con los fertilizantes; la urea, cuya fabricación depende de derivados del petróleo, subió mucho y solo hasta hace poco bajó ligeramente. El clima al principio del año afectó la productividad en algunos cultivos. Y el incremento en el salario mínimo tuvo efecto en toda la economía”, argumenta.

Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC. Foto: JUAN CARLOS SIERRA-SEMANA

Y ahora el Fenómeno de El Niño

Los analistas económicos de Bancolombia también vaticinan que las presiones alcistas se mantendrán, impulsadas por la elevada indexación del salario mínimo, los riesgos en las tarifas reguladas y el impacto del fenómeno de El Niño en la segunda mitad de 2026.

Por el lado de la carne de res, que tuvo una inflación de 14,2 por ciento en junio, tampoco está despejado el camino para que baje de precio. Óscar Cubillos, jefe de Estudios Económicos de Fedegán, gremio de ganaderos, sostiene que el precio de este producto subió por mayor consumo, lo que atribuyó al aumento del salario mínimo en los dos últimos años.

Las cifras de sacrificio mostraron dinamismo entre enero y abril, impulsadas por una mayor demanda. Sin embargo, la tendencia empezó a revertirse desde mayo, por lo que se prevé que el precio de la carne de res tienda a estabilizarse, siempre que el fenómeno de El Niño no genere un desajuste en la oferta. Si hay menos carne disponible en el mercado, el precio podría volver a subir.

La carne ha estado cara y el precio en lo que resta del año dependerá de la fuerza con que llegue el Fenómeno de El Niño. Foto: UCG/Universal Images Group via G

De esa manera, con un pronóstico de inflación para el cierre del año del 7 por ciento, como lo estima la mayoría de analistas, el incremento del salario mínimo aplicado en 2026, que ayudó a provocar una mayor inflación, podría terminar en un efecto neutro en los trabajadores. Es decir, Mario Gutiérrez podría volver a repetir la misma Navidad precaria que experimentó con su familia en 2025.