Tras un sismo, la aparición de grietas en viviendas, oficinas, locales comerciales y otros inmuebles puede generar preocupación entre propietarios y arrendatarios. Sin embargo, no todas las grietas representan un riesgo estructural, por lo que la recomendación de la Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá es observar, documentar y evaluar las afectaciones antes de repararlas.
“Después de un sismo no debemos caer ni en el alarmismo ni en la indiferencia. Una grieta no necesariamente significa que una edificación esté en riesgo, pero tampoco debemos ignorar una afectación que aumenta o que viene acompañada de otras señales”, señaló Lina María Torrado Rojas, presidenta ejecutiva de la Lonja de Bogotá.
El gremio recomienda realizar una inspección visual cuidadosa de muros, techos, pisos, columnas, vigas y escaleras. También aconseja no cubrir o resanar inmediatamente las grietas sin determinar primero su causa y condición, ya que una reparación superficial podría ocultar temporalmente una afectación y dificultar una posterior evaluación técnica.
De acuerdo con los parámetros de la guía técnica para inspección de edificaciones del IDIGER y la AIS, existen diferentes niveles de afectación. Las grietas de bajo riesgo generalmente corresponden a daños no estructurales, como fisuras finas menores a 0,2 milímetros en acabados o algunas grietas horizontales en muros divisorios.
Las grietas de riesgo moderado requieren revisión y pueden estar relacionadas con asentamientos, sobrecargas o movimientos de la estructura. Entre las señales están aquellas que aumentan de ancho con el tiempo, las diagonales en muros y las que aparecen alrededor de puertas y ventanas.
Por su parte, las grietas de alto riesgo pueden indicar afectaciones estructurales y requieren evaluación técnica. Entre ellas están las mayores a 3 milímetros, las diagonales o en forma de “X” en muros y las verticales en columnas o vigas, especialmente si están acompañadas de desprendimientos o humedad.
La Lonja recomienda verificar si la grieta apareció después del sismo o si ya existía y aumentó. También se deben identificar señales como deformaciones, desniveles, desprendimientos, separaciones, puertas o ventanas que no cierran correctamente y ruidos inusuales.
Ante una afectación, propietarios y arrendatarios deben tomar fotografías y videos, registrar su evolución e informar al propietario o administrador cuando corresponda. Si la grieta aumenta o está acompañada de otras señales de alerta, se recomienda solicitar la evaluación de un profesional competente.
“La prevención también es una forma de proteger el patrimonio”, concluyó Torrado, quien llamó a reportar las afectaciones ante las aseguradoras y garantizar que las intervenciones cuenten con acompañamiento técnico.