Alemania, Finlandia y Suiza no tienen un único modelo educativo que Colombia pueda copiar, pero sí tienen mecanismos que podrían ayudar a resolver problemas concretos del sistema educativo del país sudamericano: la desconexión entre educación y empleo, la autonomía de los estudiantes y la valoración de la formación técnica.
Este fue uno de los temas abordados en la primera jornada de la 13.ª Cumbre de Líderes por la Educación 2026, un evento de SEMANA que se desarrolla en El Cubo de Colsubsidio de Bogotá y continuará este jueves 24 de octubre, desde las 8:00 a. m.
En el panel, moderado por Evelyn Schreiber, periodista alemana experta en educación internacional, participaron líderes educativos de los tres países.
El objetivo de esta conversación fue entender qué aprendizajes de estos modelos pueden adaptarse a la realidad colombiana y qué decisiones debería tomar el país para formar talento capaz de competir en una economía cada vez más tecnológica y global.
Durante la conversación, las panelistas advirtieron que, aunque sus países son referentes de la educación, también atraviesan dificultades. Por ejemplo, los resultados Pisa más recientes muestran retrocesos importantes en Alemania y Finlandia, así que no sería correcto presentar a ninguno como un modelo perfecto.
Sin embargo, de Alemania se podría resaltar el modelo dual. Al respecto, Constanza Correa Sarmiento, experta integrada en educación y desarrollo estratégico de la AHK Colombia, comentó que la fuerte conexión con el empresariado alemán permite que estudiar y trabajar sean parte del mismo proceso formativo.
Por su parte, Claudia Sepúlveda, coordinadora del programa Colombia + Competitiva, resaltó del modelo suizo la educación técnica altamente valorada y articulada con las empresas. De este punto Colombia tiene mucho que aprender, ya que en Alemania ser técnico o tecnólogo es una opción de prestigio y verdadera empleabilidad.
Y aunque Colombia no está empezando de cero, puesto que ha venido desarrollando formación dual desde hace años y en la actualidad la normativa la reconoce explícitamente, la pregunta real es cómo se puede llevar de experiencias puntuales a una estrategia de país.
Educación personalizada
Sobre este punto, Finlandia tiene mucho por aportar y Emilia Cedercreutz, docente del Departamento de Lenguas y Cultura de la Universidad de los Andes, resaltó que no todos los jóvenes necesitan exactamente lo mismo.
Por eso, la educación finlandesa pone en el centro la personalización.
Su formación profesional está mucho más orientada a competencias que a cumplir simplemente un número determinado de horas. De hecho, los estudiantes tienen un plan individual de desarrollo de competencias, que permite reconocer aprendizajes previos y construir una trayectoria más personalizada.
La gran conclusión de la experiencia de los tres países es que la educación de calidad no significa necesariamente que todos los estudiantes deban seguir el mismo camino académico.