El devastador doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió el norte de Venezuela el pasado miércoles 24 de junio ha escalado a proporciones catastróficas, consolidándose como una de las peores emergencias humanitarias recientes en la región. Mientras los balances globales ya registran cerca de 2.000 personas fallecidas y más de 50.000 desaparecidos, en Colombia la tragedia ha adquirido un rostro humano y un profundo luto en el departamento de Santander tras confirmarse la muerte del bumangués Argemiro Antolínez Ángel.
La historia de Antolínez Ángel comenzó a conocerse entre las ruinas del edificio La Mar Suite, ubicado en la localidad turística de Tucacas, estado Falcón. Allí, en un apartamento del tercer piso, el santandereano se encontraba junto a su compañera sentimental cuando los movimientos sísmicos provocaron el desplome total de la estructura.
Durante las intensas labores de remoción de concreto, los equipos de socorro realizaron un hallazgo que ha conmovido a ambos países: los cuerpos sin vida de la pareja fueron encontrados juntos. Como lo narró el periodista de SEMANA Jorge Villamizar, “esta pareja murió abrazada como último gesto de amor; mientras su edificio se derrumbaba, estuvieron el uno para el otro hasta el final”.
A pesar del trágico desenlace de ambos, el destino de los cuerpos ha tomado rumbos distintos. Mientras que el cadáver del colombiano se encuentra en proceso de repatriación, se desconoce qué ha sucedido con los restos de su pareja sentimental.
SEMANA se contactó con Sara Antolínez, hija del colombiano fallecido, quien desde Bucaramanga relató el dolor y la sorpresa que embargan a sus seres queridos. La familia detalló que, pese a la distancia física, la comunicación y los viajes de Argemiro a Santander eran una constante en sus vidas.
“No nos lo esperábamos porque hace unos días nos habíamos comunicado con él. Él estaba superfeliz por lo que estaba pasando en Colombia, por las cosas buenas que iban a venir; la verdad, nos felicitaba”, relató Sara Antolínez.
Argemiro había emigrado al vecino país hace aproximadamente más de 10 años en búsqueda de mejores oportunidades. “Trataba de venir las veces que a él le eran posibles y compartir con nosotros, con su familia. Ver esas noticias, ver todo lo ocurrido, ha sido muy duro, muy fuerte para nosotros como familia. De igual manera, siempre lo vamos a tener en nuestros corazones presente”, complementó su hija en un sentido homenaje a su memoria.
Tras el impacto inicial del hallazgo y la localización de sus familiares, la familia Antolínez enfrenta ahora una compleja situación burocrática.
Actualmente, el cuerpo de Argemiro fue trasladado desde Falcón y se encuentra en una morgue de la ciudad de Maracay, estado Aragua, a la espera de las autorizaciones legales del Gobierno venezolano que permitan su retorno definitivo a Colombia. Sara Antolínez confirmó a SEMANA que los trámites ante la Cancillería venezolana han avanzado con marcados retrasos debido a la crisis logística que atraviesa el vecino país, donde más de 1.000 rescatistas procedentes de unos 15 países trabajan día y noche en las zonas de desastre.
Por su parte, la Cancillería colombiana, en articulación directa con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), ha intentado mantener el contacto y la asesoría con la hija y los allegados en Bucaramanga, teniendo en cuenta que todos los canales de atención de emergencia se encuentran temporalmente saturados por la cantidad de connacionales afectados.
Como respuesta de alta urgencia, la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) anunció que iniciará operaciones de repatriación humanitaria con el fin de facilitar el retorno seguro de los cuerpos de los fallecidos y de aquellos ciudadanos colombianos damnificados en las zonas más golpeadas por el desastre natural. La familia de Argemiro espera que su nombre sea incluido de forma prioritaria en estos vuelos para finalmente darle sepultura en su natal Bucaramanga.