SEMANA: ¿Quién es ese “yo” que aparece en su nuevo álbum?
Pipe Bueno: Aprendí con este proceso que en todas esas versiones siempre fui yo. Sería una tontería desconocerlas y pelearme con ellas, porque incluso cuando uno hace eso se da cuenta de que algunos pedacitos todavía residen en ti. Esa es la lucha bonita de la vida: el carácter de cómo yo controlo esa oscuridad que todos de alguna manera tenemos en nosotros. Creo que forma parte del equilibrio y del reto de vivir.
Ese “yo” que fue oscuro también formó parte de mí. Hoy día lo eché por allá en una gaveta sin desconocerlo; lo abracé incluso para perdonarme. Todo ese proceso que viví, todo eso que hizo esa otra versión de mí, pertenece perfectamente a lo que tuve que haber aprendido para poder llegar a donde estoy en este momento.
SEMANA: Ya estuvo bueno y El proceso son canciones que muestran una evolución personal y creativa distinta y que hacen que el álbum parezca un diario. ¿Qué significan estos temas?
P.B.: En Ya estuvo bueno, el título lo dice todo. Es exactamente la misma expresión de Karol G cuando dice: “Marica, ya”, pero de otra manera. Fue como decir: “¡Ya!”. La vida me fue llevando por ahí sin darme cuenta, sin echarle la culpa a nada, porque estamos bien adulticos para eso, pero sí para darse cuenta de que uno puede llegar a permitir que lo permeen cosas externas.
Sin culpar a nadie, no tenía por qué normalizar, por ejemplo, el consumo de licor. Yo hablaba con gente que decía: “Uy, hermano, yo no me metía una borrachera desde esa vez que nos vimos”, y habían pasado como cinco meses en los que yo ya me había metido como otras 35 borracheras; ya había perdido la cuenta y eso no es normal. Ya estuvo bueno es la reconciliación con eso, es perdonarme y amarme como soy. La culpa y la vergüenza, finalmente, nos alejan de Dios en este caso, porque una cosa es sentir esto para arrepentirse, pero también sé lo que es sentir vergüenza y culpa solo para seguir hundiéndome.
SEMANA: ¿En qué momento del proceso de rehabilitación se encuentra hoy?
P.B.: El proceso es algo que comienza y nunca se acaba. Es un día a la vez, una decisión a la vez, y Dios por delante. Sé lo que es luchar con impulsos y demás. No hay que castigarse por eso, sino entender que los procesos no son lineales.
La gente desde afuera jura que uno dice esto y ya quedó solucionado. Esto comienza y nunca se acaba. Me encuentro en un momento en el que innegablemente estoy muy bien y no donde estaba antes, pero sigo en esas batallas del día a día apoyándome en la gente que amo.
SEMANA: En el álbum, usted le dedica canciones a Luisa Fernanda W y a su mamá. ¿Cómo lo ayudó a sostenerse en sus momentos más oscuros el amor de ellas?
P.B.: Cuando empezamos a escribir en el campamento musical que se hizo para el disco, sin darnos cuenta, al compartir mi historia con todos, empezó a primar eso, el amor.
Poco o mucho, lo que hice en el disco con las canciones para mi esposa, mi madre y los demás temas de amor era un pequeño gesto de agradecimiento de lo que puedo entregarles a través de la música: reconocer lo que son y decirles lo que siento. A veces las palabras se quedan cortas y llega una canción para decir un montón de cosas represadas.
Está comprobado científicamente que siente más placer y satisfacción el que da que el que recibe. En este caso, me siento contentísimo de ver la expresión de sus ojos y agradecerles un poco, porque ellas, por amor, son ese bastón para sostenerme en el momento más complejo y oscuro de toda mi vida.
SEMANA: Además del álbum, este año usted va a vivir otro gran momento, su matrimonio…
P.B.: Sí, yo estaba viviendo todo a la inversa: andaba para arriba y para abajo en una borrachera, en otro concierto, importándome poco todo; en un descontrol de rock and roll sin prestarle atención a lo que de verdad importa, con las prioridades alteradas.
Hoy estoy en un momento en el que el amor me sale por los poros. Cuando uno se alinea en el hogar con su esposa, con Dios en el centro, todo cambia y simplemente se siente distinto. Nosotros estamos comprometidos hace tres años y nos preguntábamos por qué no nos casamos antes si todos los años tuvimos la intención. Esto no se planeó para hacerlo justo ahora; la vida nos fue llevando por ahí y entendimos por qué todo tenía que suceder de tal manera para llegar a este punto.
SEMANA: Cuando usted decidió mostrarse vulnerable en el pódcast de Juan Pablo Raba, muchas de sus revelaciones generaron diversas reacciones, especialmente por sus hijos. ¿Sintió miedo por ellos?
P.B.: Seguramente está muy cerca el día en que ellos vean algo en redes sociales. Cuando esa pregunta llegue, lo hablaré con ellos sin duda alguna. No hay mejor profesor que el que pueda dar consejos por experiencia propia, y yo no les puedo decir mentiras.
Nunca me sentí mal ni con miedo al hablar, porque lo que se hizo ahí fue una labor social. A mí nadie me puso una pistola para hablar; yo pude haberme quedado callado para evitar lo que pasó, pero lo que hice no fue para esas personas que estaban criticando. La tarea se hizo para las personas que están viviendo ese proceso.
La vida arrodilla y le gusta dar lecciones. A veces pasa que muchas personas que juzgaron, criticaron, señalaron o se burlaron en unos años ven que ese problema toca a su puerta, ya sea con ellos mismos, con su pareja o con sus hijos. Ahí va a llegar el mensaje que yo di.
Y esto para mis hijos también es una lección de vida. No quiero ocultarles algo que los va a beneficiar para que mañana no cometan el mismo error que el papá.
SEMANA: ¿Cómo entiende ahora el éxito de puertas para adentro como Andrés Felipe y por fuera como Pipe Bueno?
P.B.: No soy de los artistas que tienen esa dualidad entre el personaje y la persona. A mí me han dicho Pipe toda la vida y Bueno es mi apellido materno. A mí no me sucede esa división. Sobre cómo observo el éxito, aprendí que es completamente subjetivo. La idea de éxito para mucha gente tiene que ver con el dinero y cuánto generas, pero el éxito viene de lo que a ti como persona te signifique sentirte realizado. Si consigues eso, te vas a sentir exitoso.
SEMANA: ¿A quién ha tenido que pedirle perdón en la vida?
P.B.: Primero le pedí perdón a mi mujer, y ella es quien me lo regala y me lo otorga. Yo estoy arrepentido, pero ella es quien realmente me regala ese sentido. Aún más importante para poder avanzar era perdonarme a mí mismo. La culpa y la vergüenza te hunden. Cuando a mí me decían que tenía que perdonarme, yo peleaba con eso porque consideraba que esa versión mía era asquerosa. Al mantener esa pelea, sigues desequilibrado.
Cuando lo entendí, fue liberador, y eso se logra en el equilibrio espiritual, cuando entra la palabra de Dios en la ecuación. Cuando entiendes que ya te perdonaron y haces la paz contigo mismo, las cargas se van liberando. Eso fue lo que me pasó.
SEMANA: ¿Qué mensaje les dejaría a aquellas personas que están transitando por un proceso difícil y buscan salir de la oscuridad?
P.B.: Les diría, tanto a los que están viviendo eso como a su red de apoyo, que es algo complicadísimo. Fui esa persona que complicaba el proceso y parecía no querer salir de ahí, pero a las familias les digo que tengan paciencia, oren y le pidan a Dios. La labor de ustedes es acompañar, pero nadie va a hacer el trabajo por esa persona; uno sale de ahí cuando quiere. Acompañen, aunque también hay momentos cuando, si la persona no quiere ayudarse, toca decir adiós.
A los que están en el problema: todo pasa, por más grave que parezca. Hay que reconocer que hay un problema, porque el que no acepta que tiene un problema está ciego y ahí sí está llevado. Segundo, hay que levantar la mano para pedir ayuda. Y tercero y más importante, tomar acción.