La actriz colombiana Paulina Dávila vuelve a la pantalla chica con un personaje magistral. La paisa ha construido su carrera a través de producciones como Mujeres al límite y Tres Caínes, pero pronto se abrió espacio en proyectos más grandes, como El comandante en 2017, Las Trampas del deseo y su paso por la primera temporada de Luis Miguel, en la que mostró versatilidad para encarnar personajes diversos y poco convencionales.
Su camino artístico se ha consolidado también en la pantalla grande y en series de alcance regional, como Ritmo salvaje y Griselda, en las que ha ganado reconocimiento por su capacidad para construir figuras complejas y vulnerables al mismo tiempo.
Con Santita, serie producida por Netflix que se estrenó este 22 de abril de 2026, Dávila da un paso decisivo en su carrera al protagonizar un proyecto que combina historia de amor, humor ácido y una mirada profunda sobre la discapacidad.
La trama gira en torno a María José Cano, conocida como Santita, una mujer que, tras un accidente de tránsito, queda tetrapléjica y decide no seguir adelante con su boda, truncando de forma radical un camino de vida que parecía ya trazado.
Años después, cuando su exprometido regresa a su vida, la serie explora cómo el amor, el tiempo y las circunstancias transforman tanto a los cuerpos como a las emociones, dibujando una relación que no es lineal, sino salpicada de malentendidos, anhelos no resueltos y decisiones que se vuelven punto de inflexión.
El elenco de Santita está encabezado por la colombiana y Gael García Bernal, quienes interpretan a dos personajes marcados por un pasado compartido y por un presente que se niega a cerrar cuentas. Junto a ellos se integran actores mexicanos como Ilse Salas y Erik Hayser, y la serie se sitúa entre escenarios de la Ciudad de México y Tijuana, reforzando su identidad iberoamericana y su apuesta por historias que desafían los estereotipos. SEMANA conversó con la actriz a propósito del estreno.
SEMANA: ¿Qué significa este personaje en su carrera artística?
Paulina Dávila (P. D.): Santita era para mí un personaje soñado porque estamos acostumbradas a vernos muchas veces estereotipadas y Santita justamente era un personaje que —desde que leí el casting, desde que me contaron un poco de arriba la historia— dije este es un tipo de proyecto por el cual hago lo que hago. Este es un papel que permite ampliar esta visión de lo que es ser mujer en todas sus diversidades y posibilidades desde un lugar de profunda libertad y desde un personaje completamente dueño de sí mismo.
Santita traía consigo además un reto y era interpretar un personaje con una discapacidad adquirida. Fue un viaje de descubrimiento, de aprender y de entender un contexto social y político de la discapacidad en México, sino también de cómo se vive eso desde el cuerpo, de cuál es mi propia relación con la discapacidad y de hacerme una cantidad de preguntas, de cuestionarme, de aprender y de abordar un personaje desde una profunda humildad y respeto porque no sabía exactamente cómo iba a ser.
Por suerte conté con el apoyo, la amistad, la asesoría y capacitación de Maryangel García-Ramos, que fue nuestra consultora en temas de discapacidad y que para mí fue fundamental, que sigue siendo una fuente de mucha inspiración.
SEMANA: ¿Cuáles fueron las mayores exigencias y retos de la producción?
P. D.: Fueron muchas cosas, no solamente desde el punto de vista de la discapacidad. Santita es una mujer que que usa silla de ruedas y que tiene una discapacidad adquirida, pero además de eso es compleja y polifacética y yo como actriz tenía que poder con cada una de estas partes.
Tuve la suerte de tener preparación y clases diarias sobre el uso de la silla de ruedas, natación, patinaje, me tocó certificarme en buceo... Y en el acento, porque Santita no solo es mexicana, sino que es de Tijuana.
Creo que entre los retos más grandes tuve que enfrentar mis propios miedos y decir, “esto está muy grande” o “no sé si yo voy a poder”, ese era mi mayor miedo. Pero de alguna forma entendí que para dar el ancho iba a tener que hacer de a poquito en poquito y lo que primero parecía una montaña enorme que iba a ser imposible de subir se iba hilando, se iba como encaminando. Hay muchas cosas gratificantes que me deja Santita, pero también creo que me ha permitiso entregar mi 100 %.
SEMANA: Usted dice que Santita le dejó mucho, pero ¿qué le dejó María José a usted?
P. D.: Mucho aprendizaje como actriz, mucha experiencia en que pude disfrutar el oficio de actuar. Por la exigencia y tanta preparación, tuve una libertad única. Me dejó personas maravillosas, me dejó a Maryangel como amiga y todo el aprendizaje que tuve al lado de ella y al lado de Santita.
También pude sanar una serie de cosas muy personales que tienen que ver con mi propia experiencia al lado de la discapacidad. También la posibilidad de trabajar con Rodrigo García, que era como un sueño para mí y que es un director maravilloso y aliado y que me dio mucha confianza.
SEMANA: ¿Qué espera que ocurra con la serie?
P. D.: Ojalá mucha gente la vea y conecte con Santita, porque es que no solamente toca temas controversiales y que retratan a una mujer fuera de los estereotipos, sino que es una historia de amor muy divertida con muchos matices.
SEMANA: Su personaje está atravesado también por el de Gael García, ¿cómo lograron esa complicidad en la pantalla?
P. D.: Con Gael entendimos muy bien qué tenía que pasar cuando estos dos personajes se encontraran después de 20 años. Porque ellos cargan todo lo que se lleva de un amor que no ha podido ser aún en su complejidad; amores que empiezan en la juventud, que están cargados de ilusiones, expectativas, ideas, recuerdos...
Gael es un gran actor que ya tenía un camino recorrido y es que somos amigos y eso hacía más fácil todo de entrada. Hay una parte muy bonita y es encontrarse con los personajes desde sus vulnerabilidades. En el caso de Santita es ver ella cómo asume y vive su discapacidad, ella es una mujer que vive con sus propias reglas ese mundo, adapta al mundo a su forma de vivir, es un personaje muy resiliente y desde ese lugar pues se encuentra con el amor de su vida.