Durante 13 años, cada domingo, Los Informantes ha mantenido una promesa editorial: contar tres grandes historias. Una apuesta que, en medio de las transformaciones de la industria de los medios, la competencia por la atención de las audiencias y las dificultades económicas que enfrenta el periodismo, ha encontrado en la reportería, la investigación y la sensibilidad narrativa una forma de permanecer.
Para María Elvira Arango, directora del programa, la continuidad no es un asunto menor. Detrás de cada emisión hay un equipo que ha sostenido el proyecto desde sus comienzos y una convicción que, lejos de agotarse, parece renovarse cada semana.
Periodista con trayectoria en televisión, radio y prensa, Arango ha recorrido distintos escenarios del oficio: comenzó en los trabajos técnicos de producción, pasó por la elaboración de notas para noticieros, presentó noticias y, después de considerar que no regresaría a la televisión, encontró en Los informantes el espacio para desarrollar aquel sueño que tenía desde niña: dirigir su propio programa.
Hoy, trece años después, su balance está atravesado por el orgullo de haber consolidado un formato y por el entusiasmo de seguir encontrando historias que merecen ser contadas.
“Estoy feliz y orgullosa. Esos son 13 años sin parar, no hemos dejado de salir un solo domingo al aire, y cada domingo con esa promesa de tres grandes historias. Hemos logrado un equipo de periodistas donde casi más de la mitad de la redacción estamos desde el principio. Hemos ido cultivando, somos de verdad, hemos hecho una marca”, señaló.
Los Informantes defiende una apuesta clara: dedicar tiempo a encontrar, investigar y desarrollar historias. Arango reconoce que hacer periodismo de largo aliento exige recursos, desplazamientos y un trabajo que no siempre encaja en las dinámicas actuales de las redacciones. Sin embargo, considera que esa inversión es precisamente la que permite ofrecer contenidos con profundidad y relevancia.
“Yo tengo la esperanza, de pronto soy una ingenua, pero siempre he creído que una buena historia es una buena historia y la gente la va a querer ver. Primero nos toca aprender las nuevas tecnologías; las que vengan, bienvenidas. Bienvenida la inteligencia artificial, bienvenidas todas las plataformas, pero nos toca es aprender ahí a contar una buena historia”, afirmó.
Uno de los aspectos que más reivindica la directora es la necesidad de salir de las redacciones. Para ella, contar Colombia implica conocer sus territorios, encontrarse con sus protagonistas y comprender las realidades desde los lugares donde suceden.
La reportería en terreno no es un elemento decorativo ni un recurso para enriquecer visualmente una emisión: es una condición para aproximarse a las historias con conocimiento y sensibilidad.
”Toma tiempo, pero vale la pena, porque necesitamos contar esa otra Colombia, ese otro mundo en el que vivimos. Colombia y el mundo necesitan de todo el periodismo, no solamente del barato. Hacer esto de pronto sale caro, pero lo barato sale caro también, y el costo después, cuando se acabe el buen periodismo, va a ser peor, y los medios lo saben”, dijo.
La solidez de un proyecto periodístico también depende de las personas que lo construyen. Arango atribuye buena parte de la continuidad de Los Informantes a la consolidación de un equipo que ha permanecido a lo largo de los años y que participa activamente en la elección de los temas.
Las historias, explica, nacen de los intereses de los periodistas y de aquello que los moviliza. La decisión editorial se construye en el consejo de redacción, no mediante la asignación de temas que desconozcan las motivaciones de quienes deben desarrollarlos.
Esa dinámica ha convertido al programa, según su directora, en un espacio de aprendizaje para nuevas generaciones. Sus historias son utilizadas como material de estudio en universidades y sus integrantes han sido convocados para compartir sus experiencias con estudiantes.
Un reconocimiento que Arango recibe con especial satisfacción, porque entiende que el periodismo también se enseña a través del ejemplo y de la posibilidad de demostrar que todavía es viable hacer trabajos rigurosos y bien elaborados.
Esa defensa del oficio también se extiende a quienes están comenzando. Frente a los estudiantes que observan con incertidumbre el panorama laboral, Arango considera que los propios periodistas tienen una responsabilidad en la manera como hablan de su profesión. Reconoce las dificultades, pero cuestiona que el pesimismo termine convirtiéndose en el único discurso sobre el futuro de los medios.
Para ella, Colombia sigue siendo un territorio de enormes posibilidades narrativas: hay dolores, conflictos y denuncias que deben cubrirse, pero también iniciativas, descubrimientos y personas que construyen alternativas. El reto consiste en no reducir la agenda a la noticia más estridente del día.
”Yo me siento muy orgullosa de este programa y siento que en Colombia hay muy buen periodismo. Creo además que es un lugar privilegiado para bien y para mal. Tenemos unas noticias tremendas, todo el tiempo tenemos historias para contar, gente dispuesta a contar lo que le pasa, los dolores, las alegrías, los sufrimientos. Es un país que necesita también algo de esperanza”, comentó.