Desde Cartagena el cubano habló sobre la literatura en tiempos de redes sociales e inteligencia artificial, los retos del periodismo y los temores sociales en medio de tensiones geopolíticas.
SEMANA: ¿Cómo ve el futuro de la literatura y la escritura en tiempos en los que el scroll infinito parece que controla al mundo?
Leonardo Padura: Creo que hemos vivido en los últimos años, no solamente que la gente de mi edad haya pasado del siglo XX al siglo XXI, algunos nacieron ya en el siglo XXI, se pasó de la era analógica a la era digital y es uno de los saltos más brutales que ha dado el desarrollo de la sociedad.
Hubo grandes momentos, grandes revoluciones técnicas, científicas, pero nada tan violento como lo que ha ocurrido, que ha acelerado una cantidad enorme de procesos. El tiempo corre mucho más rápido. Lo que hoy es presente, mañana es un pasado que muchas veces queda sepultado, y cuesta mucho trabajo seguirle el ritmo a lo vertiginoso que es el movimiento social que existe.


En el mundo digital, el periodismo y la literatura, específicamente, se han visto afectados; primero el periodismo y se está viendo afectada la literatura también. El hecho de que, por ejemplo, con inteligencia artificial se pueda escribir un libro y que, de hecho, ya haya escritores que utilizan inteligencia artificial evidentemente, y que ya haya algunos libros completamente escritos con inteligencia artificial, es un código diferente.
Siempre se dice que lo importante es que el hombre es el que creó la inteligencia artificial y la maneja, pero cada vez más la inteligencia artificial tiende a ser independiente. El periodismo ha tenido que adecuarse a esta velocidad del tiempo, y muchas veces, antes de que salga la impresión de un periódico, ya todo lo que dice el periódico se ha leído en las redes sociales. Eso se debe a que las redes sociales se han convertido en el foro público más importante de esta época, con toda una serie de condiciones que, en principio, son beneficiosas: la facilidad para comunicarte, para informarte, para conocer. Pero también con un componente humano que puede ser a veces bastante perverso y complicado en muchos sentidos.

Casi todo el mundo ahora tiene la posibilidad de opinar y opinan festinadamente. Ya se ha hablado mucho de políticas de odio, de discriminación y de utilización un poco malvada de esa posibilidad. La literatura puede ser uno de los últimos refugios, porque creo que todavía debemos tener una cierta conciencia de lo importante que es aquello que decía Flaubert hablando de por qué había escrito Madame Bovary, utilizando a una mujer adúltera como personaje protagónico; él respondió que pretendía llegar al alma de las cosas.

Creo que la literatura tiene esa capacidad y ojalá que haya una conciencia ética más que artística con respecto a la utilización de la literatura, y que en el periodismo, por supuesto, los órganos que se respeten tengan una relación coherente al menos con la verdad. En una época en la que se habla de posverdad, de metaverdad y de no sé cuántas cosas con respecto a la verdad, que la han alterado y que es tan difícil poder establecerla, es una época de grandes retos. Y en los próximos años esos retos van a ser mucho mayores, mucho más avasallantes, y hay que ver qué reservas de dignidad tiene el ser humano para enfrentarlos.

SEMANA: Ahora hablemos sobre el oficio periodístico, especialmente en estos tiempos.
L.P.: Creo que el periodismo es una necesidad. No sé si todavía se puede decir que es el cuarto poder. No lo sé. En una época estaba muy establecido que era el cuarto poder, pero yo creo que el periodismo es una función importante como contrapeso de otros poderes. Lo que ocurre también es que muchas veces esos poderes permean tanto el periodismo que lo pervierten.
Es una situación muy complicada. Afortunadamente, todavía existen periódicos, medios de televisión, de radio que respetan la esencia de la función social de ese medio, de esa forma de conectar a las personas. Hay ahora muchas más facilidades para que esa información se impulse y llegue a la gente. Pero vuelvo al punto anterior: creo que la responsabilidad personal, que una postura ética coherente y correcta puede ayudar mucho al periodismo. Los espacios físicos se han reducido. Muchos periódicos de papel han desaparecido, otros han reducido su cantidad de páginas y han pasado a tener más espacio en las redes sociales, también en los medios digitales.
Veo algo que demuestra mucho qué está pasando con el periodismo y es que debajo del título y del crédito te dicen los minutos que te demoras leyendo una noticia. Eso es un desafío muy grande, porque, cuando escribes algo y opinas, tienes que tener un espacio para fundamentar esa cuestión. Hay que practicar el oficio con una habilidad nueva que ha existido siempre; el espacio y el periodismo son dos existencias inevitables. Tú escribes, pero escribes para un espacio.
SEMANA: Cuando la salud de Mario Vargas Llosa empezó a decaer, ‘Piedra de toque’, su espacio en El País de España, fue asumido no por uno, sino por cuatro escritores; entre esos, usted. ¿Cómo se siente llenar esos zapatos?
L.P.: Con la dirección de Pepa Bueno, se decidió que cuatro escritores ocupáramos ese espacio con una frecuencia de una semana cada uno. Y creo que lo más importante e inteligente fue que nos permitieron a cada uno de nosotros adoptar el estilo de cada uno. Las crónicas no se parecen. Juan Gabriel Vásquez tiene una postura mucho más social y fundamentada. Irene Vallejo tiene su estilo, y Lídia Jorge tiene el suyo.
Yo escribo desde una perspectiva más personal; siempre hablo de conflictos que están muy relacionados conmigo mismo y eso les da una variedad a estos espacios, que tienen gran visibilidad en el periódico que más se lee en español, en el periódico dominical y en las páginas más importantes del periódico.
Yo me siento muy orgulloso de haber sido uno de los escogidos para hacer eso. Y lo único que le pedí fue que no quería ser el corresponsal de Cuba. No quería verme obligado a reportar noticiosamente para el periódico, sino hacer reflexiones sobre temas cubanos o temas más universales que me afectaran en algún sentido y me alentaran a escribir.


SEMANA: Como escritor y ciudadano cubano, ¿cuál es su mayor miedo en tiempos de tensiones geopolíticas, divisiones y polarización?
L.P.: Creo que todos hoy tenemos más miedo que ayer. Las sociedades están viviendo un proceso muy complicado a partir de que hay un Gobierno en el país más poderoso del mundo que es imprevisible y que genera una enorme incertidumbre.
Y esos miedos, que son miedos a veces personales, a veces sociales, tienen expresiones concretas, que pueden ser expresiones políticas o económicas, porque ese miedo, por ejemplo, en los últimos días ha afectado a las bolsas de valores. Es decir que hay un problema económico de un miedo que se ha provocado.
En lo personal, yo siempre tengo un gran miedo y es que no sea capaz de escribir con el rigor con que debo escribir, y mi mayor miedo tiene que ver con la memoria. Un escritor sin memoria, un novelista sin memoria, no es novelista. La razón fundamental por la que Hemingway se diera un tiro y se disparara en la cabeza fue que estaba perdiendo la memoria. Ese es uno de mis grandes temores.
Y tengo otros muchos que son sociales. En mi novela Personas decentes, mi personaje Mario Conde, que me ha acompañado tantos años, dice algo o yo lo llevo a decir algo que es importante: “Es lógico que tengamos muchos miedos, miedos muy justificados. El miedo a la muerte, el miedo al dolor, el miedo a la soledad. Es lógico que tengamos miedos irracionales, como, por ejemplo, a las cucarachas o a las lagartijas. Lo terrible son los miedos sociales. Los miedos que la sociedad te provoca y contra los cuales tú tienes muy poca defensa. Tienes muy poca defensa”.
Yo creo que sí, que en una época en que el miedo se ha impuesto, y se ha impuesto incluso en lugares donde se suponía que la gente iba a vivir sin miedo porque iba a tener democracia, seguridad, bienestar social, ahora mismo en Estados Unidos hay millones de personas viviendo con miedo. Es una situación actual bastante complicada.
