El mundo del fútbol no es el único que se viste de luto hoy 29 de diciembre, pues la industria de la moda también saca sus mejores galas de negro para despedir a una de las más grandes diseñadoras que el Reino Unido le ha podido dar a la humanidad: Vivienne Westwood, conocida como la “reina punk” entre todos sus colegas, por la irreverencia inglesa que le imprimió a looks completamente vanguardistas, transgresoras y atemporales.

“Vivienne Westwood murió hoy, en paz y rodeada de su familia, en Clapham, al sur de Londres. El mundo necesita personas como Vivienne para hacer un cambio a mejor”, es la frase que titula el trino de la lamentable noticia de la muerte de la diseñadora, que se hizo famosa desde los años setenta por imprimir una anarquía propia del punk en looks andróginos, desestructurados, contestatarios, sexys y con una esencia británica latente.

Su esposo y socio creativo Andreas Kronthaler la despidió con unas emotivas palabras en redes sociales. “Seguiré con Vivienne en mi corazón. Hemos estado trabajando hasta el final y ella me ha dado muchas cosas para seguir adelante. Gracias cariño”, expresó el austriaco de 56 años, quien desde 1988 trabajó con la diseñadora que fue su pareja hasta el último día en vida.

En 2018 Kenneth Turan del medio estadounidense The Times describió a la diseñadora, a través de una reseña de un documental sobre la británica, como “una mujer de una energía y un empuje formidables, ya sea que esté destrozando una de sus propias colecciones de moda la noche anterior a su desfile o defendiendo apasionadamente los problemas ambientales”, resaltando todo el activismo que Westwood promulgó en todas las plataformas a las que la invitaban, como las grandes semanas de la moda del mundo en París, Milán y Nueva York.

Una de las habilidades que más se le rescataba a Vivienne a través de su marca era los sorpresivo de sus colecciones, que nunca eran iguales a las interiores y siempre podía cambiar de foco o mensaje de forma radical sin tener que explicar el porqué, pues ella sentía la moda como un torrente de energía que se transformaba en lo que necesitaba de acuerdo a la situación. Se dice que ella misma podía destruir toda su colección un día antes de su pasarela para crear algo totalmente diferente y así dejar al mundo con la boca abierta.

Además, Westwood siempre estuvo al margen y en contra del status quo británico, siempre abogando por diferentes problemáticas como el cambio climático y la crisis ambiental que imprimió en sus vestidos y los tiñó de mensajes exigiendo más conciencia por este tema, que siempre acompañaba con su propia presencia adornada con su melena naranja, que se volvió en sí misma parte fundamental de su marca y su discurso, que así mismo terminó siendo uno de los pilares de exportación de la moda británica al mundo.

La diseñadora también reivindicó a la mujer dentro del mismo movimiento punk, dándole un puesto especial en sus creaciones que se envolvían en drapeados, desgastados, experimentación de materiales y textiles, cortes asimétricos enlazados en ensamblajes contemporáneos y sostenibles, que perfectamente podrían ser llevados en las calles industriales de Londres o en alfombras rojas y eventos exquisitos como la Gala del MET y los premios Óscar de la Academia.

Es tanta la influencia de su nombre en la cultura pop que hasta uno de sus vestidos se volvió protagonista de la película de Sex And The City, cuando Carrie Bradshaw luce varios diseños de vestidos de novias para un editorial de Vogue y finalmente es el de Westwood el que termina en su clóset para luego ser quien acompañe a la escritora en el fatídico día de su boda, que nunca se llega a concretar en la biblioteca pública de Nueva York.