BTS se tomó el Estadio El Campín de forma excepcional. Un espectáculo de luces vibrante, un público de más de 50.000 personas y un grupo de talentos tratados como semidioses fue el coctel perfecto para que el doblete de conciertos diera la vuelta al mundo.
Cuando BTS debutó en 2013, pocos podían anticipar que terminaría convirtiéndose en uno de los fenómenos musicales más importantes del siglo XXI. RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook comenzaron su carrera bajo Big Hit Entertainment, una compañía que posteriormente pasó a formar parte de HYBE, y construyeron progresivamente una audiencia internacional alrededor de canciones que mezclaban hip-hop, pop y electrónica con letras relacionadas con la juventud, la identidad, las inseguridades y el amor propio.
El crecimiento de BTS (Beyond The Stars por sus siglas en inglés) coincidió con la expansión de la ‘hallyu’, la ola cultural surcoreana que llevó al mundo la música, los K-Dramas, el cine, la gastronomía y la belleza del país. El grupo se convirtió en uno de sus principales exponentes, impulsado por ARMY, su comunidad global de seguidores, que consolidó un nuevo modelo de fandom a través de las plataformas digitales y las redes sociales.
Su salto internacional comenzó con “DNA”, en 2017, y se consolidó un año después con Love Yourself: Tear, el primer álbum de K-pop en alcanzar el número uno del Billboard 200. Luego llegaron canciones como “Boy With Luv”, “Dynamite”, “Butter” y “Life Goes On”, mientras el grupo ganaba presencia en los principales premios de la industria estadounidense.
“Dynamite” obtuvo una nominación al Grammy y “Butter” ganó el AMA a Canción Pop Favorita en 2021. “Life Goes On”, además, se convirtió en la primera canción interpretada en un idioma distinto al inglés en debutar en el primer lugar del Billboard Hot 100.
El impacto de BTS trascendió la música. El grupo participó en tres intervenciones ante la Asamblea General de Naciones Unidas entre 2018 y 2021 y se consolidó como uno de los principales rostros de la proyección cultural de Corea del Sur. Esa influencia volvió a quedar en evidencia en 2026: su concierto de reunión en Seúl, el 21 de marzo, fue seguido por más de 18 millones de espectadores a través de Netflix.
El fenómeno también tiene un impacto económico. Según la Secretaría Distrital de Gobierno, los dos conciertos de BTS dejaron un impacto económico de $99.000 millones en Bogotá. Mientras que el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo de Corea del Sur y los extranjeros que viajaron a dos conciertos de BTS en 2026 gastaron alrededor de 3,53 millones de wones por persona (8.4 millones de pesos aproximadamente).
Detrás de este éxito existe una industria construida sobre un modelo de formación extremadamente competitivo.
La otra cara del sistema coreano
Los futuros artistas suelen entrar desde adolescentes a un sistema de entrenamiento en el que reciben preparación en canto, baile, idiomas, imagen y comportamiento público, pero no existe garantía de que lleguen a debutar. Un estudio presentado en un foro parlamentario surcoreano en septiembre de 2026 recogió testimonios de 16 exaprendices; 14 de ellos nunca llegaron a debutar.
Los testimonios describieron dietas extremas, jornadas de entrenamiento prolongadas, vigilancia de la vida privada, inspecciones de teléfonos, seguimiento de ubicación, problemas para continuar los estudios y penalizaciones económicas asociadas con la salida de determinadas agencias. Algunos incluso denunciaron acoso verbal y sexual.
El problema contractual tampoco es nuevo. Una investigación sobre las relaciones contractuales en la industria de los ídolos surcoreanos publicada en 2025 identificó como asuntos recurrentes los contratos exclusivos de larga duración, la elevada carga de trabajo, el control sobre la privacidad y casos de violencia y acoso sexual. El trabajo concluyó que esas relaciones pueden generar desequilibrios entre agencias, artistas y otros actores de la industria.
Adicionalmente, las relaciones sentimentales, la apariencia, el comportamiento y la actividad en redes sociales pueden convertirse en asuntos sometidos a un escrutinio permanente por parte de las propias agencias. Fue el caso de Sulli, integrante de f(x), quien expuso años atrás hasta qué punto la vida privada de una estrella podía quedar sometida al control de la industria y a la presión de los seguidores en internet. Su afectación a la salud mental fue tal que en octubre de 2019 se quitó la vida.
Esta presión comienza incluso antes del debut. Algunas promesas de la industria abandonaron estudios o proyectos académicos para poder cumplir con las exigencias del entrenamiento.
Frente a esto, los integrantes de BTS han roto el tradicional hermetismo de la industria para señalar las deficiencias del sistema. Por ejemplo, Suga advirtió que descuidar su salud mental frena la verdadera creatividad, esencial para el éxito que ellos han confeccionado. Asimismo, el líder del grupo, RM, ha reconocido el lado inhumano y la excesiva presión por la perfección dentro del modelo surcoreano, una temática que la banda ya denunciaba desde sus inicios en la canción N.O.
La agencia BIGHIT (ahora HYBE) se promocionó históricamente como una alternativa a la “vieja escuela” del K-pop al rechazar los infames “contratos de esclavitud”, además de implementar programas obligatorios de apoyo psicológico y otorgar una autonomía creativa y financiera sin precedentes a sus artistas.
Sin embargo, una auditoría de la Asamblea Nacional de Corea del Sur reveló la existencia de informes internos de la compañía que contenían críticas denigrantes hacia el aspecto físico de varios cantantes.
Comentarios como “hicieron debutar a varios adolescentes, pero ninguno de sus rasgos destaca”, “sus cirugías plásticas fueron excesivas” y “otros miembros son sorprendentemente poco atractivos” desataron las críticas en redes sociales.
Finalmente, la empresa tuvo que pedir disculpas públicas admitiendo la existencia de estos textos ofensivos y anunciando el cese definitivo de las actividades denunciadas.
BTS en Bogotá
Más allá de los shows, algunos integrantes de BTS aprovecharon su paso por Bogotá para acercarse a la ciudad desde diferentes intereses. Aunque, gracias a la labor del equipo de seguridad y las ARMY, no hubo inconvenientes para que los talentos pudieran caminar con tranquilidad por las zonas más conocidas de la capital.
RM, reconocido por su afición al arte, visitó el Museo Botero, donde recorrió la colección donada por Fernando Botero y parte del acervo internacional del recinto. Jung Kook exploró Bogotá a través de la fotografía, compartiendo imágenes de los paisajes citadinos de Chapinero.
El resto de la banda también tuvo tiempo para conocer la ciudad y probar la gastronomía colombiana. Tras los dos conciertos, que reunieron a más de 100.000 personas, integrantes del cuerpo de baile y parte del equipo técnico aprovecharon su estadía para recorrer Bogotá y conocer algunos de sus espacios de entretenimiento.