Hay un arte que parece sencillo, pero que resulta fundamental cuando se tiene la responsabilidad de servir a los demás: saber escuchar.

Escuchar no es simplemente dejar que alguien hable. Es prestar atención, comprender el contexto, conocer las causas y reconocer que, muchas veces, quien vive una problemática también puede tener parte de la respuesta. Porque cuando escuchamos, podemos dar soluciones reales.

Colombia es un país diverso. Sus territorios tienen historias, necesidades y capacidades diferentes. Lo que funciona en una región puede no funcionar de la misma manera en otra.

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Por eso, un territorio no se conoce solamente a través de cifras, informes o reuniones. Se conoce caminándolo. Se conoce hablando con sus comunidades, con sus líderes, con sus técnicos, con quienes llevan años trabajando en los proyectos y, especialmente, con quienes todos los días enfrentan las dificultades.

Escuchar permite identificar lo que realmente está pasando. Permite diferenciar una necesidad urgente de una necesidad aparente. Permite entender por qué una solución diseñada desde un escritorio puede quedarse corta cuando llega al territorio. Y, sobre todo, permite que las decisiones respondan a la realidad y no solamente a lo que creemos que es la realidad.

Lo he aprendido especialmente en La Guajira. En el silencio del desierto aprendí a escuchar. A escuchar la voz de las comunidades, pero también aquello que muchas veces no se dice. A escuchar la crisis del agua. A escuchar las necesidades de quienes esperan una solución. A escuchar a quienes conocen el territorio porque lo han vivido durante años.

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Y creo que allí está uno de los secretos de los resultados que hemos logrado: antes de decidir, escuchamos; antes de diseñar una solución, entendimos el problema; y antes de hablar de resultados, caminamos el territorio. Ese ha sido nuestro punto de partida.

Porque escuchar no significa quedarse en las palabras. Escuchar implica actuar. Implica convertir lo que encontramos en soluciones reales. Implica que detrás de una comunidad que pide agua haya una respuesta. Que detrás de una necesidad haya un proyecto. Y que detrás de un proyecto haya una transformación.

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Pero esta reflexión no es solamente sobre La Guajira. Es sobre Colombia. Sobre una Colombia rural y urbana; indígena y campesina; costera, andina y amazónica. Una Colombia diversa, donde cada territorio tiene desafíos diferentes y donde las soluciones deben construirse reconociendo esa diversidad.

Escuchar no significa estar de acuerdo con todo. Significa tener la disposición de comprender antes de decidir.

Porque detrás de cada proyecto hay una historia. Detrás de cada cifra hay una comunidad.

Detrás de cada necesidad hay una persona. Y detrás de cada decisión pública hay vidas que pueden cambiar.

Por eso, quienes tenemos responsabilidades en el servicio público debemos entender que no siempre quien más habla es quien más aporta. A veces, el verdadero liderazgo está en hacer silencio, preguntar y escuchar.

Escuchar al territorio. Escuchar a las comunidades. Escuchar a quienes ejecutan los proyectos. Escuchar incluso aquello que no queremos escuchar.

Porque escuchar de verdad exige humildad. Y también exige valentía: la valentía de aceptar que quizá no tenemos toda la información, que quizá nuestra primera respuesta no es la correcta y que el territorio puede enseñarnos algo que ningún informe nos mostró.

Cuando escuchamos de verdad, encontramos mejores respuestas. Y cuando las decisiones nacen de la realidad de la gente, las políticas públicas dejan de ser solamente documentos y se convierten en transformaciones.

La Guajira me ha enseñado que escuchar no es una opción. Es el punto de partida.

Y quizás esa sea una lección que Colombia necesita recordar: antes de hablar por los territorios, tenemos que aprender a escucharlos.

Porque para transformar una realidad, primero hay que tener la humildad de conocerla.

Porque quien escucha al territorio entiende su realidad; quien entiende su realidad puede transformarla; y quien la transforma, cambia vidas.

Andreína García, gerente del Plan Departamental de Aguas de La Guajira