El presidente estadounidense afirmó ante la Asamblea General que su administración está impulsando un “cambio fundamental” en Cuba y sostuvo que el régimen comunista de la isla se encuentra bajo una presión sin precedentes. Trump aseguró además que el sistema político cubano “caerá” y afirmó que “la libertad llegará a Cuba”.
Uno de los elementos que más llamó la atención fue la revelación de que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, está involucrado en negociaciones con las autoridades cubanas. Trump señaló que Rubio está “muy involucrado” en estas conversaciones sin entregar mayor detalle sobre cuáles serían los acuerdos a lograr.
La declaración resulta significativa debido a que Washington ha mantenido una política de fuerte presión sobre La Habana, mientras la administración Trump ha endurecido sus críticas contra el sistema cubano.
En marzo, el propio Trump ya había señalado que Cuba estaba atravesando sus “últimos momentos” bajo el modelo actual y que existían conversaciones con Rubio y otros funcionarios estadounidenses.
Durante su discurso ante los líderes mundiales, Trump también calificó a Cuba como un “Estado absolutamente fallido” y cuestionó las condiciones políticas y económicas de la isla. El mandatario presentó la situación cubana como parte de una estrategia más amplia de su administración para promover cambios en países que considera adversarios de Estados Unidos.
Las declaraciones provocaron una reacción inmediata dentro del recinto de Naciones Unidas. La delegación cubana abandonó la sala mientras Trump hablaba sobre Cuba, en señal de protesta por las afirmaciones del mandatario estadounidense. La delegación estaba encabezada por el canciller cubano, Bruno Rodríguez.
La postura cubana también ha estado marcada por el rechazo al embargo estadounidense. En julio, la Asamblea General de la ONU aprobó continuar con un debate sobre la necesidad de poner fin al embargo económico, comercial y financiero contra Cuba. La votación fue de 136 países a favor, nueve en contra y una abstención.
El episodio de este martes deja así dos mensajes simultáneos de Washington hacia La Habana: presión pública para provocar un cambio político y, paralelamente, una vía de negociación que estaría siendo conducida por Rubio.
Trump no precisó cuáles serían los próximos pasos ni cuándo podrían producirse nuevos contactos, pero dejó claro que Cuba ocupa un lugar dentro de su actual agenda de política exterior.