Las últimas tropas estadounidenses abandonaron Irak este 30 de septiembre, poniendo fin a la presencia militar vinculada a la misión contra el Estado Islámico (EI), iniciada en 2014. La salida, contemplada en un acuerdo alcanzado entre Washington y Bagdad en 2024, estipula el retiro de unos 2.500 militares que permanecían en el territorio.

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El repliegue se concretó desde la base aérea de Erbil, en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Con este movimiento, Estados Unidos da por terminada la Operación Resolución Inherente en territorio iraquí, después de 12 años de actividades destinadas a combatir al grupo yihadista y apoyar a las fuerzas locales.

La operación comenzó después de que el Estado Islámico conquistara amplias zonas de Irak y Siria en 2014. La coalición internacional liderada por Washington respaldó a las fuerzas iraquíes y kurdas durante la recuperación de los territorios ocupados. El grupo perdió su control territorial en Irak en 2017 y en Siria en 2019, aunque células de la organización continúan activas en ambos países.

Estados Unidos mantendrá su presión sobre el Estado Islámico desde fuera de las fronteras iraquíes. Foto: AP

El fin de la misión militar no implica el abandono total de la cooperación entre ambos países. La nueva relación estará centrada en la defensa bilateral, mientras las fuerzas iraquíes asumirán directamente las tareas de seguridad dentro de sus fronteras.

Estados Unidos también mantendrá capacidades regionales para enfrentar amenazas del Estado Islámico, desde posiciones fuera de Irak.

En Bagdad, la retirada fue presentada como un paso hacia una mayor soberanía nacional. El primer ministro Ali al-Zaidi afirmó que el 1.° de octubre comenzaría una nueva etapa para el Estado iraquí, libre de presencia militar extranjera. Las autoridades prepararon además cuatro días festivos para conmemorar el retiro.

Sin embargo, el escenario de seguridad genera interrogantes. Algunos iraquíes temen que la salida estadounidense pueda ampliar el margen de acción de milicias respaldadas por Irán o facilitar una reorganización de células del Estado Islámico.

La retirada también preocupa en el Kurdistán, donde existen inquietudes sobre la pérdida de capacidades estadounidenses de defensa e inteligencia.

Algunos iraquíes temen que la salida estadounidense pueda ampliar el margen de acción de milicias respaldadas por Irán. Foto: dpa/picture alliance via Getty I

Otro asunto pendiente es el desarme de las milicias chiíes. El calendario previsto para avanzar en ese proceso fue aplazado hasta junio de 2027, mientras persisten dudas sobre su cumplimiento.

La situación añade presión sobre el Gobierno iraquí, que deberá equilibrar la consolidación de sus instituciones de seguridad con la influencia de distintos actores armados y regionales.

La retirada estadounidense cierra así el capítulo de la misión antiyihadista en Irak, pero abre una etapa en la que Bagdad tendrá que demostrar su capacidad para sostener la seguridad.

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Washington, por su parte, cambia su presencia militar directa por una relación bilateral y un dispositivo regional enfocado en contener posibles rebrotes del grupo yihadista.