Uno de los factores clave para determinar qué tan poderoso es el ejército de un país es evaluar la fortaleza de su fuerza aérea. En ese sentido, el ranking elaborado por Global Firepower ubica a Estados Unidos como la nación con la aviación militar más poderosa del mundo.
Se estima que cuenta con cerca de 5.000 aeronaves, entre cazas de combate, aviones logísticos —destinados al transporte de personal y carga—, aeronaves estratégicas, bombarderos y helicópteros, entre otros.
Sin embargo, no basta con disponer de una gran cantidad de aeronaves. Sin la capacidad logística necesaria para desplegarlas de manera eficiente, cualquier estrategia militar puede verse seriamente debilitada.
Por ello, contar con múltiples bases aéreas distribuidas a lo largo del mundo representa una ventaja operativa crucial.
En este aspecto, Estados Unidos también sobresale, al ser uno de los países con mayor número de bases aéreas en su territorio, con alrededor de 129 instalaciones distribuidas a nivel nacional.
Entre las más destacadas se encuentran el Área 51, la Base de la Fuerza Aérea Whiteman —donde se alojan los bombarderos B-2— y la Base de la Fuerza Aérea Nellis, donde se lleva a cabo el entrenamiento “Red Flag”, uno de los más importantes para la formación de pilotos de combate.
No obstante, las instalaciones militares estadounidenses no se limitan a su territorio. Como parte de una estrategia desarrollada tras la Segunda Guerra Mundial, el país ha ampliado su presencia en distintas naciones alrededor del mundo.
Según datos del Congreso estadounidense, sus fuerzas tienen presencia en más de 50 países, con un total de 128 bases militares, de las cuales alrededor de 60 corresponden a bases aéreas.
Aun así, la presencia permanente de tropas se mantiene únicamente en 38 de estas instalaciones; en el resto, la actividad se desarrolla mediante despliegues rotativos, acuerdos de cooperación con otras naciones o permisos de acceso estratégico.
Sin embargo, Estados Unidos cuenta con una ventaja operativa que ningún otro país posee. Aunque no es, en sí, una fuerza aérea convencional, según el ranking de Global Firepower, la Armada de los Estados Unidos dispone de la segunda aviación más poderosa del mundo.
Esto se debe, en gran medida, a sus 11 portaaviones operativos. La mayoría pertenece a la Clase Nimitz, cuyo primer buque, el USS Nimitz (CVN-68), entró en operación en 1975.
No obstante, el más avanzado de la flota pertenece a la nueva Clase Gerald R. Ford: el USS Gerald R. Ford (CVN-78), considerado el portaaviones más moderno y potente del mundo.
Estos buques, capaces de transportar cerca de 70 aeronaves —incluidos cazas de quinta generación como el F-35C Lightning II—, permiten a Estados Unidos desplegar poder aéreo en prácticamente cualquier parte del planeta sin necesidad de operar desde bases en tierra firme.