Las tierras raras se han posicionado como uno de los recursos estratégicos más relevantes del siglo XXI, impulsadas por su papel determinante en la economía digital y la transición hacia energías limpias.

Este conjunto de 17 elementos químicos —entre los que figuran el neodimio, el lantano, el cerio y el disprosio— recibe un nombre algo engañoso, ya que su escasez no es geológica sino extractiva. Aunque están presentes en la corteza terrestre, su obtención y refinamiento resultan técnicamente complejos y costosos.

Sus propiedades magnéticas, ópticas y electrónicas los convierten en componentes indispensables para una amplia gama de aparatos tecnológicos, desde teléfonos inteligentes hasta infraestructuras de energía renovable como turbinas eólicas, paneles solares y vehículos eléctricos.

Hasta la fecha, China ha ejercido un control dominante sobre su producción global; solo en 2024, se estima que el país extrajo 270.000 toneladas métricas de estos minerales.

Varios de los elementos en las tierras raras se usan para componentes electrónicos. Foto: Getty Images

No obstante, un descubrimiento reciente en Europa podría alterar significativamente ese equilibrio. En 2023, la compañía minera sueca LKAB anunció la identificación del mayor yacimiento conocido de tierras raras en el continente europeo.

El depósito, bautizado como Per Geijer, se localiza en Kiruna, una localidad del norte de Suecia con una larga tradición minera. Su ubicación es estratégica, puesto que se encuentra a aproximadamente 700 metros de una de las minas de hierro actualmente operadas por LKAB, empresa con más de 130 años de trayectoria en el sector.

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Las cifras preliminares son considerables. El yacimiento concentraría unos 585 millones de toneladas de mineral, incluyendo apatita, un compuesto rico en fósforo y elementos de tierras raras. Las estimaciones apuntan a cerca de un millón de toneladas de óxidos de tierras raras, con un valor cercano a los 63.000 millones de euros.

La empresa ya ha comenzado los trabajos de acondicionamiento para habilitar el acceso a las galerías de exploración, aunque reconoce que la evaluación completa del yacimiento se extenderá por varios años.

Suecia se podría posicionar como uno de los mayores productores de tierras raras en el mundo. Foto: NurPhoto via Getty Images

Sin embargo, la puesta en marcha de la explotación enfrenta un horizonte temporal extenso. Según las proyecciones actuales, los procesos de licenciamiento y los estudios de impacto ambiental exigidos por la normativa sueca podrían tomar entre 10 y 15 años.

La legislación medioambiental del país obliga a un análisis exhaustivo de los efectos sobre los ecosistemas locales y los recursos hídricos de la región. La propia LKAB ha admitido que aún queda “un largo camino” por recorrer antes de que el yacimiento entre en fase productiva.

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Aunque existe la posibilidad de que el carácter estratégico de estos minerales contribuya a agilizar los trámites administrativos, no hay certeza al respecto.

Lo que sí parece claro es que el hallazgo de Kiruna representa un hito en la geografía de los recursos críticos y una señal de que Europa busca reducir su dependencia de proveedores externos en un sector que resulta clave para su agenda industrial y climática.