SEMANA: ¿Qué piensa de los diálogos entre miembros de la oposición y representantes del Gobierno de Delcy Rodríguez?

Antonio Ledezma: Para ser optimistas y conservar algún margen de esperanza, no podemos mirar hacia atrás. Porque si lo hacemos, lo que encontraremos es un cúmulo de diálogos fallidos que terminaron siendo maniobras con las que el régimen ganaba tiempo, sembraba divisiones dentro de la oposición e incumplía acuerdos. Ese historial de frustraciones es lo que lleva a mucha gente, incluidos dirigentes reconocidos, a recibir con cautela cualquier propuesta de diálogo o negociación. Mucho más cuando en este nuevo capítulo están al margen quienes representan la legitimidad y la confianza del pueblo venezolano: María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Si tomamos en cuenta dos hechos extraordinarios, las primarias del 22 de octubre de 2023, en las que más del 90 por ciento de los venezolanos escogimos a María Corina Machado como líder, y la gesta democrática del 28 de julio de 2024, cuando más del 70 por ciento de los venezolanos respaldamos a Edmundo González Urrutia, es evidente que existe un liderazgo legítimo que no puede ser ignorado.

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SEMANA: ¿Cree que este proceso puede ser diferente a los diálogos fallidos que se han intentado anteriormente?

A.L.: La diferencia es que hoy existe un liderazgo legítimo. Las primarias y las elecciones presidenciales dejaron claro quién representa la voluntad de los venezolanos. Además, hay un presidente electo, algo que no existía en otros procesos. Pero la gente tiene derecho a exigir resultados. Si este diálogo quiere marcar una diferencia, debería comenzar con la liberación de los más de 500 presos políticos que siguen detenidos. También debería garantizar el regreso de los exiliados, la designación de nuevas autoridades electorales y una fecha para las elecciones presidenciales. Los terremotos han agravado la situación, pero la tragedia venezolana viene de mucho antes. La reconstrucción del país pasa necesariamente por una transición democrática. Y María Corina Machado y Edmundo González han sido claros: cualquier esfuerzo que contribuya a una solución para Venezuela contará con su respaldo.

SEMANA: ¿Cómo ve el rol de Estados Unidos en este proceso, sabiendo que existe presión de Marco Rubio y del Gobierno de Donald Trump para que haya una conclusión y una transición democrática en Venezuela?

A.L.: Estados Unidos tiene que ser coherente con las posiciones que ha asumido en los últimos años. El presidente Donald Trump, para justificar la operación del 3 de enero de este año, argumentó algo que no ha cambiado: que el régimen venezolano está vinculado con el narcotráfico. Es el mismo régimen señalado por violaciones de derechos humanos, responsable de un gigantesco atropello contra los venezolanos y de un ecocidio en el Arco Minero. Es la misma gente que hasta hace poco lanzaba insultos contra el “imperio norteamericano”, que se subordinaba a los hermanos Castro en Cuba y mantenía alianzas con Irán y Rusia. Ahora, en cambio, se muestra arrodillada ante Washington por una razón puramente pragmática. Y yo creo que si hay dos líderes que entienden de política, son Donald Trump y Marco Rubio; ellos deben saber leer este tipo de imposturas.

Antonio Ledezma. Exalcalde de Caracas. Foto: Europa Press vía Getty Images

SEMANA: ¿Cree que el chavismo buscará mantenerse en el poder incluso si se convocan elecciones? Se habla de Delcy Rodríguez o incluso de la hija de Diosdado Cabello como posibles candidatas.

A.L.: Para nosotros, la esencia de la democracia está en la consulta popular y en la celebración de elecciones transparentes. Si ellos tienen un partido político, una organización y deciden someterse a las reglas del juego democrático, que participen. Ahora bien, quienes tengan cuentas pendientes con la justicia por delitos relacionados con narcotráfico, terrorismo o violaciones de derechos humanos deberán responder ante ella. Pero quienes estén habilitados políticamente tienen derecho a competir, incluidos los representantes de las organizaciones que hoy respaldan al régimen.

SEMANA: ¿Cuál considera que sería un gran avance de estos diálogos? ¿Fijar una fecha para las elecciones? ¿Reestructurar el Consejo Nacional Electoral?

A.L.: Los venezolanos ya hemos aprendido, con mucho dolor, de los diálogos fallidos de los últimos años. Ahí están los procesos de México, República Dominicana, las iniciativas promovidas por el llamado Grupo de Boston o incluso los esfuerzos impulsados por el papa Francisco a finales de 2016. Mucho ruido y muy pocos resultados. Por eso, lo que planteamos en el Manifiesto de Panamá está servido en bandeja de plata para esta mesa de negociación. Lo primero es la liberación de todos los presos políticos. Delcy Rodríguez lleva más de siete meses en el poder y todavía hay más de 500 presos políticos. ¿Qué estudio o qué comisión hace falta para abrir una celda? Eso puede hacerse de inmediato. Lo segundo es garantizar el retorno, sin persecución ni represalias, de los exiliados políticos. Y lo tercero es fijar una fecha para las elecciones presidenciales. Nada más. Una fecha clara para que los venezolanos puedan decidir su futuro. Y esa elección no puede aplazarse bajo el argumento de la crisis que vive el país. La historia demuestra que los pueblos pueden votar incluso en circunstancias mucho más difíciles. La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa en mayo de 1945 y, apenas dos meses después, el Reino Unido celebró elecciones generales. Francia también realizó consultas populares poco tiempo después de la guerra. Si algún pueblo ha demostrado capacidad cívica y voluntad para superar la adversidad, es el venezolano. Lo vimos el 28 de julio de 2024, cuando millones de ciudadanos acudieron a votar pese a todas las trabas, amenazas y obstáculos impuestos por el régimen. Y lo hicieron para darle más del 70 por ciento de los votos a Edmundo González, que obtuvo una victoria contundente y todavía hay quienes pretenden desconocer ese mandato popular. Esa es la verdadera anomalía que debe resolverse.

Ledezma analiza el rol de Donald Trump, Delcy Rodríguez y María Corina Machado en la transición en Venezuela. Foto: Getty Images

SEMANA: Hablando del papel de los exiliados, ¿qué rol cree que deberían tener quienes regresen a Venezuela en una eventual transición democrática?

A.L.: Yo veo a los exiliados como los grandes emprendedores de la reconstrucción de Venezuela. Anoche tuve la oportunidad de conversar con venezolanos de la diáspora aquí en Perú, y me encontré con historias de personas que se han reinventado, que han puesto en práctica esa palabra tan importante que es la resiliencia. Hablo de venezolanos que llegaron después de atravesar la selva del Darién, de caminar centenares de kilómetros con sus hijos a cuestas, de cruzar ríos y enfrentar todo tipo de adversidades. Muchos de ellos hoy son emprendedores exitosos. Ese es el gran patrimonio que tiene Venezuela: su talento humano. Por eso, no se trata únicamente de lo que podamos hacer los dirigentes políticos. Honestamente, yo ya me siento satisfecho con el papel que están desempeñando María Corina Machado y Edmundo González. A nosotros nos corresponde ayudar, acompañar y empujar ese proyecto para que llegue a buen puerto. Los verdaderos protagonistas serán los millones de venezolanos que harán posible que Venezuela vuelva a convertirse en una potencia energética; que no solo produzca petróleo, sino también hidrógeno; que, además de recibir divisas por los hidrocarburos, las reciba por el turismo, la agroindustria y la innovación.

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SEMANA: Hablando de eso, finalmente, ¿qué mensaje les envía a los venezolanos que piensan en regresar a su país en medio de este proceso?

A.L.: Hay venezolanos que han logrado rehacer su vida en Perú, en España o en Estados Unidos, pero cuando se levantan cada mañana y miran al cielo, ese cielo no es el mismo. Cuando llueve, el olor de la tierra no les recuerda al mastranto venezolano. Cuando toman un café en Lima, Madrid o Miami, no sienten lo mismo que cuando toman un guayoyo en Venezuela. Cuando comen fuera, no encuentran el sabor de una arepa o de un pabellón criollo. La patria llama. La tierrita llama. Y es allí donde queremos poner nuestro esfuerzo, nuestro trabajo y nuestras esperanzas. Por eso mi mensaje es, primero, de reconocimiento: ¡qué grandes han sido los venezolanos! Ayer mismo me contaban cómo la diáspora organizó centros de acopio para enviar ayuda a Venezuela tras la tragedia. Y también vimos dentro del país a miles de ciudadanos convertirse espontáneamente en rescatistas y voluntarios. Vimos cómo quien tenía un pedazo de pan lo compartía con el vecino. Cómo, quien veía a una madre llorando por un hijo desaparecido, se sumaba a su búsqueda. Esa es la Venezuela solidaria, la Venezuela que emerge en los momentos difíciles. Y estoy convencido de que esa solidaridad será incluso más importante que el petróleo para lograr la recuperación definitiva de Venezuela.