Las autoridades detuvieron este martes a Jonathan Andic, hijo mayor del fundador de la firma de moda Mango, Isak Andic, como sospechoso del homicidio de su padre, fallecido el 14 de diciembre de 2024 tras precipitarse desde más de 100 metros en las cuevas del Salnitre, en Collbató, dentro del macizo de Montserrat.
Lo que en un principio fue tratado como un accidente se convirtió, después de 17 meses de investigación, en una causa por homicidio. Jonathan fue trasladado esposado al Juzgado de Instrucción número 5 de Martorell, donde compareció ante la jueza del caso. El tribunal decretó prisión provisional eludible bajo fianza de un millón de euros.
En menos de veinte minutos, Andic pagó la fianza y quedó en libertad como investigado por homicidio. La causa está declarada secreta por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.
Las autoridades catalanas concluyeron inicialmente que la caída fue accidental, tras inspeccionar el lugar y tomar declaración a Jonathan, único testigo directo de los hechos. La jueza archivó el caso en un primer momento, pero lo reabrió en marzo de 2025 para incorporar nuevas ampliaciones de los atestados policiales.
Según reveló el diario español El País, el auto judicial identifica siete elementos que juegan en contra del hijo del fundador de Mango:
El primero son las contradicciones en su relato. Jonathan declaró inicialmente ante la Policía que su padre se había parado a hacer fotos mientras él seguía caminando, pero luego cambió su versión sobre el uso del celular. Los peritos demostraron que el teléfono de la víctima no se usó en ningún momento tras iniciar la ruta y que estaba guardado en su bolsillo.
El segundo elemento es la preparación de la ruta. Aunque Jonathan aseguró haber hecho el recorrido dos semanas antes como un simple reconocimiento, el rastreo de su vehículo reveló que estuvo en Montserrat tres veces en los días previos a la muerte de su padre, lo que los investigadores interpretaron como indicio de premeditación.
El tercero son las marcas en el suelo. Los peritos de los Mossos determinaron que el rastro hallado en el lugar del incidente requirió una presión deliberada y movimientos repetidos del calzado de la víctima, algo que, según los forenses, no ocurre en una caída natural. El camino no presentaba dificultades técnicas y la visibilidad era óptima.
El cuarto son las inconsistencias en las llamadas de emergencia. En su primera llamada al Sistema de Emergencias Médicas, Jonathan dijo que su padre había caído por un barranco. En una comunicación posterior con una enfermera, cambió su versión y afirmó que caminaba por delante de su padre y que, al escuchar un ruido de piedras, se giró y lo vio caer.
El quinto elemento son las conclusiones forenses. Los especialistas determinaron que la dinámica de la caída fue similar al deslizamiento por un tobogán, con el cuerpo entrando con los pies por delante. La ausencia de lesiones en las palmas de las manos descartó tanto el tropiezo accidental como una caída frontal involuntaria.
El sexto punto es la existencia de escritos en los que el investigado admitía sentir odio hacia su padre y lo culpabilizaba de sus circunstancias personales, lo que contradice su versión de una relación sin conflictos.
El séptimo y más determinante es el móvil económico. Los mensajes de WhatsApp recuperados por los investigadores revelan que la relación entre padre e hijo estaba marcada por la obsesión de Jonathan con el dinero, hasta el punto de exigir una herencia en vida que Isak Andic aceptó por mediación de su psicóloga para mantener el contacto.
La tensión habría escalado a mediados de 2024, cuando Jonathan descubrió que su padre planeaba modificar su testamento para destinar su fortuna a una fundación benéfica. Tras ese descubrimiento, el investigado mostró un cambio repentino de actitud y buscó la reconciliación, proponiendo él mismo la excursión a Montserrat como un espacio para hablar a solas.