La corrupción sigue siendo uno de los principales desafíos para la estabilidad institucional y el desarrollo económico en muchas partes del mundo. Cada año, distintos organismos internacionales elaboran mediciones que permiten comparar la percepción y el impacto de este fenómeno en los sistemas políticos y administrativos de los países.
En este contexto surge el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por la organización Transparency International, que evalúa a 182 países y territorios según los niveles percibidos de corrupción en el sector público.
Los resultados se presentan en una escala de 0 a 100, donde 0 indica un alto nivel de corrupción y 100 un mayor grado de transparencia.
La puntuación se calcula a partir de al menos tres fuentes de datos provenientes de trece estudios y evaluaciones diferentes, elaborados por instituciones internacionales como el Banco Mundial y el Foro Económico Mundial.
El índice se basa en la percepción de expertos y analistas, y no refleja las opiniones de Transparency International ni de su personal. El ranking de los países más corruptos es el siguiente:
Sudán del Sur (9 puntos):
Sudán del Sur ocupa el último lugar del ranking debido a la inestabilidad política y los conflictos armados que afectan al país desde su independencia en 2011, convirtiéndolo en la nación más joven del mundo. La debilidad de sus instituciones y la ausencia de controles efectivos han favorecido la expansión de redes de corrupción, particularmente en la gestión de los ingresos petroleros.
Somalia (9 puntos):
Somalia mantiene una de las puntuaciones más bajas del mundo a causa de décadas de conflicto interno, fragilidad institucional y limitada presencia del Estado en gran parte del territorio. La corrupción se ve favorecida por la debilidad de los mecanismos de control, la fragmentación política y los desafíos de seguridad que enfrenta el país mientras intenta reconstruir sus instituciones.
Venezuela (10 puntos):
El país latinoamericano aparece entre los países con mayor percepción de corrupción en medio de una prolongada crisis política y económica, marcada por el deterioro institucional y denuncias sobre el manejo de recursos públicos. Cabe recordar que a comienzos del año, el país vivió un cambio de liderazgo tras la captura de Nicolas Maduro, desde entonces Delcy Rodríguez asumió la presidencia.
Yemen (13 puntos):
Yemen enfrenta altos niveles de corrupción en un contexto marcado por la guerra civil iniciada en 2014. La fragmentación del poder entre distintos actores armados, junto con la crisis humanitaria y la debilidad de las instituciones estatales, ha generado un entorno en el que la supervisión de los recursos públicos es limitada y las prácticas corruptas son frecuentes.
Libia (13 puntos):
Desde la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011, Libia atraviesa una prolongada crisis política con gobiernos rivales y milicias que disputan el control del territorio. Esta fragmentación institucional, sumada a la disputa por los recursos petroleros y la falta de estabilidad política, ha favorecido la expansión de prácticas corruptas dentro del aparato estatal.