La administración de Donald Trump analiza la posibilidad de cerrar acuerdos comerciales con Rusia antes de que termine la guerra en Ucrania, una medida que supondría un cambio frente a la posición que el propio mandatario había defendido anteriormente.
De acuerdo con el reporte, funcionarios estadounidenses consideran que determinados acuerdos económicos podrían servir como incentivo para que Vladimir Putin avance hacia una solución negociada. La intención sería demostrar que Washington está dispuesto a reconstruir sus relaciones con Moscú si existen señales concretas de moderación.
La posibilidad de avanzar en negocios antes de un alto al fuego contrasta con una postura expresada por Trump el año pasado. Antes de su encuentro con Putin en Alaska, el presidente estadounidense había señalado que Rusia quería hacer negocios con Estados Unidos, pero que no habría acuerdos comerciales hasta resolver la guerra.
Ahora, los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner buscan nuevas fórmulas para impulsar las conversaciones. Según el medio estadounidense, la estrategia contempla generar incentivos que puedan influir también en sectores de la élite rusa y convencerlos de que una relación más estrecha con Washington podría ser beneficiosa.
El Kremlin, por su parte, ha planteado distintas posibilidades de cooperación económica. Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Putin, afirmó después del encuentro con Witkoff y Kushner que las conversaciones incluyeron asuntos económicos y posibles proyectos ruso-estadounidenses de beneficio mutuo. Entre las posibilidades mencionadas previamente por funcionarios rusos aparecen proyectos relacionados con tierras raras, aluminio, el Ártico y gas natural.
La nueva estrategia ocurre mientras Estados Unidos también incrementa la presión económica sobre Moscú. El Congreso aprobó un amplio proyecto de sanciones contra Rusia y Trump lo convirtió en ley el 18 de septiembre. La legislación permite imponer aranceles de hasta 100 % a países que compren grandes cantidades de petróleo o gas ruso y contempla nuevas medidas contra funcionarios, empresarios e instituciones financieras.
De esta manera, la política estadounidense combina presión y posibles incentivos. Mientras el Congreso impulsa medidas para aumentar el costo económico de la guerra, la Casa Blanca estudia ofrecer beneficios que puedan facilitar un eventual acuerdo.
El principal obstáculo continúa siendo territorial. Las conversaciones se han estancado alrededor de las exigencias rusas sobre el Donbás, mientras Ucrania mantiene su rechazo a retirarse de las zonas que todavía controla. Kushner reconoció recientemente que Moscú ha establecido una línea territorial que considera necesaria para alcanzar un acuerdo, pero que Kiev no está dispuesta a aceptar esa condición.
El giro económico de Washington abre así una nueva fase en los esfuerzos de Trump por poner fin a una guerra que lleva más de cuatro años y medio, aunque todavía no existe un acuerdo de paz definitivo.