Diego Alejandro Gallego, sepulturero del cementerio de Alcalá, en el norte del Valle, le abrió las puertas del camposanto a SEMANA para mostrar otro drama del que poco se habla tras el terremoto de magnitud 7,4: restos óseos quedaron a la vista después de que el sismo destruyera varias bóvedas.

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“El cementerio está cerrado temporalmente por afectaciones estructurales y por riesgo biológico para la salud pública”, anuncia un aviso que instaló en la puerta la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que opera el lugar sagrado.

El terremoto tumbó varias estructuras en cemento, sacudió los osarios y los restos de varios fallecidos terminaron esparcidos en el camposanto. “Familia Duque Naranjo”, “Familia Echavarría González”, se lee en algunas fachadas de las bóvedas que se resisten a desaparecer, pero que quedaron en el suelo. Algunos huesos permanecen a la intemperie y al final se desconoce a quién pertenecen.

Cementerio del municipio de Alcalá. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana.

Otros no salieron de bolsas plásticas negras, pero no tienen nombres. Y unos pocos reposan en cajas de madera porque así los enterraron sus dolientes.

SEMANA verificó y encontró que más de 80 cuerpos sin vida quedaron expuestos en el cementerio de Alcalá, y Diego Alejandro Gallego ha tratado de identificarlos, según su ubicación.

“Los que están en cajas con ciertas características, la familia los identifica fácilmente porque los parientes vienen, preguntan y se les muestra. Se acuerdan de cómo los sepultaron y listo”, narró el sepulturero.

El camposanto está ubicado en una zona céntrica del municipio y, luego del movimiento telúrico, todos los osarios se fueron al piso. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana.

Drama para los deudos

Hay restos envueltos en tulas de tela y gamuza clasificados en un costado por si un familiar los reclama. El resto lo identifican en medio de la tragedia con características específicas: si el fallecido tenía una platina en la tibia, el peroné u otra parte del cuerpo.

El objetivo de Gallego es adelantar el trabajo de la Fiscalía, que, de momento, está redoblando esfuerzos para atender una emergencia que no da espera.

La pared de uno de los costados del cementerio también quedó arruinada y las directivas tuvieron que evacuar tres cuerpos sin vida de un bloque. El área tres del camposanto quedó agrietada y se ven expuestos varios ataúdes. La Iglesia espera el arribo de las familias para decidir la suerte de sus difuntos.

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La fosa común de ese cementerio también pagó los platos rotos del terremoto. Su techo se desplomó y cayó encima de decenas de bolsas negras donde reposa lo que queda de los cadáveres de personas no reconocidas.

El sacerdote Néstor Andrés Vinasco le resumió a SEMANA: “Se cayeron osarios, bóvedas. Cerramos el cementerio por un riesgo biológico. Hablamos con la Secretaría de Salud de Alcalá. Estamos separando algunos restos y tenemos algunos familiares preocupados por la situación”.

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El cementerio de Sevilla, Valle, también expulsó a sus difuntos tras el terremoto. El camposanto está ubicado en una zona céntrica del municipio y, luego del movimiento telúrico, todos los osarios se fueron al piso. Los huesos quedaron descubiertos ante la mirada sorprendida de los transeúntes, que detienen sus motocicletas y carros para tomar fotografías de la imagen macondiana. Algunos de los cadáveres están petrificados.

La historia, al menos según los primeros reportes, se calcó en el cementerio de Roldanillo, Valle, y en el camposanto San Camilo, ubicado en Pereira. Y demostró que ni siquiera los difuntos escaparon a la furia del terremoto.