Hace unas semanas, la Comisión Primera de la Cámara aprobó, en primero de ocho debates, un proyecto de acto legislativo que redujo la edad para ser senador de 30 a 25 años, un paso con el cual se abrió nuevamente el debate sobre el momento adecuado para que un ciudadano ejerza una responsabilidad como la que tiene un congresista de la República.

En la misma iniciativa se dejó expresamente dicho que para ser representante, ministro del despacho o director de departamento administrativo se requiere la misma edad y que para llegar a la Alcaldía de Bogotá, 30 años. La propuesta original, sin embargo, reducía la edad para llegar al Capitolio a los 18 años.

Lo curioso es que esta no ha sido la única propuesta para reducir la edad mínima para ser congresista. Los ponentes de este proyecto contaron, desde 2013, al menos ocho iniciativas similares fallidas que buscan que los responsables de legislar, ejercer control político sobre los gobiernos y elegir altos servidores sean cada vez más jóvenes.

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El debate entre quienes creen que los ciudadanos desde los 18 años pueden ejercer cargos de responsabilidad política y quienes lo ponen en duda quedó servido nuevamente.

De un lado, es claro que una persona a los 18 años apenas está comenzando una formación universitaria y, en la mayoría de los casos, no tendría el conocimiento necesario sobre leyes, normas, códigos y estatutos que requeriría un congresista. Tampoco sobre realidades económicas que le den las herramientas para tramitar, por ejemplo, una reforma tributaria o un Presupuesto General de la Nación.

Pero, del otro lado, las manifestaciones sociales de los últimos años, al margen el vandalismo que se presentó en algunos casos, mostraron que los jóvenes cada vez más se interesan por la democracia y el ejercicio político.

El asunto de la edad para llegar al Capitolio lleva consigo otro elemento: la preparación de los congresistas. Hace unos días, SEMANA publicó un informe del Observatorio de la Universidad Colombiana sobre la escolaridad de los legisladores que asumieron el pasado 20 de julio. De acuerdo con este estudio, 44 congresistas “no reportan ningún título de educación superior.

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Es decir, un 16 %”.Dentro de los casos que registran estudios universitarios iniciados, pero aún no titulados, el informe menciona a tres de los más representativos del Pacto Histórico: los senadores Gustavo Bolívar, María José Pizarro y Álex Flórez, recientemente célebre por el escándalo que protagonizó al haber insultado a unos policías en Cartagena, en estado de embriaguez. El congresista ofreció luego disculpas y anunció que retomaría un tratamiento para sus problemas de alcohol.

Lo cierto del caso es que ninguna norma exige como requisito para llegar al Congreso tener un mínimo de escolaridad, sino que, en el caso del Senado, la Constitución exige ser “colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y tener más de 30 años de edad”. Esta edad se reduciría a 25 años.

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Ante esta situación, una de las propuestas la hizo Julián David López, representante por el Partido de la U, quien presentó un proyecto de ley para que los congresistas tengan capacitaciones sobre diferentes temas que manejan a diario en su trabajo.

Sin embargo, lo que muchos se preguntan es si estas capacitaciones y seguir reduciendo la edad para ocupar una curul en el Congreso son las mejores ideas, cuando el país debe enfrentar problemas graves e inminentes que requieren de ciudadanos sensatos y formados emocional e intelectualmente.