El terremoto registrado en la mañana del lunes 10 de agosto dejó una grave emergencia en Colombia, con cientos de personas fallecidas, animales afectados y numerosas edificaciones que sufrieron daños parciales o colapsos totales. Aunque han pasado varias semanas desde el evento, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) continúa estudiando el comportamiento sísmico que se ha presentado posteriormente en diferentes zonas del país.
De acuerdo con la entidad, el sismo de magnitud 7,4 produjo una ruptura de aproximadamente 120 kilómetros dentro de la placa de Nazca y liberó una enorme cantidad de energía. Según la estimación presentada por el SGC, esta liberación sería equivalente a la energía de entre 125 y 130 bombas atómicas como las utilizadas en Hiroshima.
Desde el terremoto del 10 de agosto se han registrado alrededor de 1.340 movimientos sísmicos, con magnitudes que van desde 0,6 hasta 4,8 y profundidades de hasta 120 kilómetros. Sin embargo, parte de esta actividad presenta características diferentes a las réplicas habituales de un terremoto.
El SGC identificó una concentración de sismos a profundidades de entre 30 y 60 kilómetros en sectores de Sipí, Istmina, Medio San Juan y Litoral del San Juan, en el Chocó. Los expertos consideran que este comportamiento podría corresponder a un enjambre sísmico, fenómeno en el que los movimientos pueden presentar distintas magnitudes y no necesariamente siguen una disminución progresiva.
“Los eventos pueden presentar diferentes magnitudes y una frecuencia de ocurrencia variable, sin seguir necesariamente la disminución progresiva característica de una secuencia de réplicas”, explicó el SGC.
Entre los movimientos analizados se encuentran los registrados el 21 de agosto, de magnitud 3,7 y unos 43 kilómetros de profundidad, y el del 24 de agosto, de magnitud 4,1 y cerca de 47 kilómetros. Posteriormente, el 27 de agosto se produjo el sismo de mayor magnitud dentro de este grupo, con 4,4, seguido por otro de 4,1. La mayoría de los eventos han sido de magnitud inferior a 3 y, por ello, generalmente no son percibidos por la población.
Una de las hipótesis que estudia el SGC es que el terremoto de magnitud 7,4 pudo modificar el estado de esfuerzos en las rocas y favorecer esta actividad. Otra posibilidad bajo investigación es la migración de fluidos provenientes de la placa de Nazca, aunque los especialistas analizan otros mecanismos.
Lo que está establecido es que estos movimientos ocurren en una zona diferente y a menor profundidad que la ruptura principal del terremoto del 10 de agosto. Por ahora, no existe evidencia suficiente para establecer una relación causal definitiva ni para predecir la ocurrencia de un sismo mayor.
El SGC recuerda que un enjambre sísmico no permite determinar cuándo ocurrirá un terremoto ni cuál sería su magnitud. Por ello, recomienda mantener la calma, consultar únicamente información oficial y fortalecer las medidas de preparación, especialmente en un país sísmicamente activo como Colombia.