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¿Qué tan probable es un megaterremoto? Experto se pronunció tras ola de temblores en el mundo

En diálogo con SEMANA, el especialista explicó qué tan probable es un evento de esta magnitud y cuáles son los principales factores que se deben tener en cuenta ante una emergencia sísmica.

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27 de agosto de 2026 a las 8:55 a. m.
Los recientes temblores volvieron a poner bajo la lupa la actividad sísmica del planeta.
Los recientes temblores volvieron a poner bajo la lupa la actividad sísmica del planeta. Foto: Getty Images

En lo corrido de unos meses se han registrado tres terremotos en América Latina. El primero de ellos se presentó en Venezuela, donde ocurrió un doblete sísmico, fenómeno en el que se producen dos movimientos telúricos durante un periodo corto de tiempo. Los otros dos territorios afectados han sido Colombia, que vivió un fuerte sismo el pasado 10 de agosto, y Perú, donde se registró otro evento el 20 de agosto.

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Estos episodios han causado conmoción entre miles de personas y han dejado varias preguntas en la ciudadanía: ¿por qué está temblando tanto?, ¿existe alguna relación entre estos eventos? y, sobre todo, ¿podría estar acercándose un terremoto de mayor magnitud?

Hernando Tavera, jefe institucional del Instituto Geofísico del Perú, habló con SEMANA sobre estos fenómenos y explicó que, aunque la sucesión de terremotos puede considerarse inusual, no existen elementos científicos que permitan establecer que uno de estos movimientos sea consecuencia directa de otro o que anuncie necesariamente un evento de mayores proporciones.

“Es algo inusual, porque por lo general no ocurre siempre así”, explicó Tavera al referirse a la concentración de eventos sísmicos en la región. Sin embargo, recordó que la historia reciente demuestra que también se han presentado periodos con terremotos importantes en distintos lugares del mundo sin que esto permita establecer un patrón para anticipar el siguiente movimiento.

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Imágenes de cuando inicio el terremoto en Pereira, Colombia. Foto: Pereira En Vivo/ API

El especialista recordó lo ocurrido en 2010, cuando un terremoto de gran impacto afectó a Haití y, posteriormente, se registró el terremoto de magnitud 8.8 en Chile. Al año siguiente ocurrió el terremoto de Japón, de magnitud 9.0. Para Tavera, estos antecedentes muestran que no es posible establecer una secuencia que permita determinar cuándo ocurrirá el próximo evento.

Una de las principales razones de la actividad sísmica en América Latina está relacionada con la ubicación geográfica de buena parte de los países de la costa occidental de Suramérica. Colombia, Ecuador, Perú y Chile se encuentran en una zona marcada por la interacción entre diferentes placas tectónicas.

En particular, la placa de Nazca se desplaza por debajo de la placa sudamericana. Este proceso genera acumulación de energía y deformaciones que, cuando son liberadas, pueden producir terremotos. Además, existen otras zonas de interacción y fallas geológicas que explican la actividad sísmica registrada en distintos puntos del continente.

“Si somos un continente de terremotos, tenemos que aprender a convivir con todos estos procesos”, señaló Tavera, quien insistió en que los movimientos de la Tierra hacen parte de la dinámica natural del planeta.

Escombros después de los 2 terremotos de Venezuela.
Escombros después de los 2 terremotos de Venezuela. Foto: Getty Images

Ante la preocupación de que los recientes movimientos estén relacionados y puedan aumentar las posibilidades de que ocurra otro terremoto de gran magnitud, Tavera fue enfático en señalar las limitaciones que todavía tiene la ciencia para anticipar estos fenómenos. “No podemos predecir, no podemos ver el futuro”, afirmó.

De acuerdo con el especialista, tampoco sería correcto afirmar que estos acontecimientos descartan por completo la posibilidad de que ocurra un movimiento de mayor magnitud. La ciencia no cuenta con una herramienta que permita determinar con precisión cuándo, dónde o qué magnitud tendrá un próximo terremoto.

Para Tavera, el principal aprendizaje que dejan los terremotos recientes no está en intentar anticipar el próximo movimiento, sino en reducir las consecuencias que puede generar cuando ocurra. Uno de los aspectos que debería recibir mayor atención es la relación entre las características del suelo y las condiciones de las edificaciones.

El experto explicó que algunos edificios pueden sufrir daños graves o incluso colapsar mientras otras estructuras cercanas permanecen en pie, lo que demuestra la importancia de analizar tanto el terreno como la calidad de las construcciones.

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“El siguiente paso es evaluar o conocer, investigar por qué se cayeron, colapsaron algunos edificios, por qué no otros, y encontrar realmente cuál es el motivo”, afirmó.

Aunque los sismos pueden repetirse en las mismas zonas a lo largo del tiempo, esta característica no permite establecer una fecha concreta para el próximo evento. Por ello, ante la imposibilidad de predecirlos, el llamado del especialista apunta a mejorar la preparación y las condiciones de las ciudades.

Las recientes emergencias en distintos países de la región dejan una advertencia, los terremotos no pueden evitarse, pero sí es posible trabajar para disminuir las pérdidas humanas y materiales que provocan. “Nosotros no podemos evitar la evolución de la naturaleza, pero lo que sí podemos evitar es el nivel de daño que nos deja”, aseguró Tavera.