Hoy se cumple un mes desde aquel 10 de agosto que cambió la vida de miles de personas. Cuando las campanas de la iglesia de San Antonio de Cali comenzaron a sonar, el recuerdo regresó con una fuerza que dos mujeres no pudieron esconder.

La dramática radiografía de Cali un mes después del terremoto: miles de familias siguen fuera de sus casas

Frente a la iglesia, dos mujeres que no nacieron en Cali se abrazaron, cerraron los ojos y lloraron. Una es francesa; la otra, ecuatoriana. Sus historias no comenzaron en Colombia, pero ambas terminaron encontrando en esta ciudad un lugar que hoy consideran suyo.

Para Mathilde Payta, el sonido de las campanas fue suficiente para sacar todo aquello que había guardado durante el último mes.

“Creo que no se explica. Cuando empezaron a sonar las campanas y las bocinas, se sintió cómo la piel se eriza. Los sentimientos atrapados ahí y las lágrimas empezaron a caer”, relató.

Mathilde nació en Troyes, Francia, y lleva dos años viviendo en Cali, después de pasar por Medellín y recorrer diferentes lugares del mundo. El día del terremoto estaba en la ciudad y sintió directamente el movimiento de la tierra.

Mathilde Payta y Paula Caicedo en la iglesia San Antonio de Cali. Foto: Alcaldía de Cali-Jairo Fernando ‘Ito’ Parra

Un mes después, frente a San Antonio, volvió a sentir algo parecido, aunque esta vez no fueron las paredes las que se movieron.

“Hoy tengo el corazón partido, porque pienso en todas esas personas que perdieron mucho o todo. Ha sido una conmemoración bastante fuerte. Siento que saqué todas las lágrimas que tenía aquí atrapadas”, contó.

Pero Mathilde no quiso quedarse únicamente con el recuerdo de la tragedia. Después del terremoto comenzó a buscar cómo ayudar.

Donó sangre y recolectó alimentos, ropa, herramientas y productos de higiene; además, participó, junto con amigos, en campañas de recolección. También estuvo en un centro de acopio en el barrio San Cayetano.

Lo que comenzó, según cuenta, con la idea de llevar “unas cajitas” terminó convirtiéndose en una ayuda de casi cuatro toneladas que fueron trasladadas hasta el Chocó.

Y allí, entre recuerdos, lágrimas y campanas, también estaba Paula Caicedo.

Mathilde Payta y Paula Caicedo. Foto: Alcaldía de Cali-Jairo Fernando ‘Ito’ Parra

La ecuatoriana nació en Quito y llegó a Cali hace tres años. Había vivido en distintos países y, después de recorrer el mundo, asegura que fue esta ciudad la que finalmente le generó una sensación hogareña difícil de explicar.

“He vivido en muchos países y encontré mi casa en Cali. Recorrí el mundo para llegar al lugar donde mi corazón siempre pertenecía”, manifestó.

Paula no estaba en Cali el día del terremoto. Tenía previsto viajar y llegar al día siguiente, pero el cierre del aeropuerto modificó sus planes. Aun así, permaneció pendiente de sus amigos y conocidos desde la distancia.

Al regresar, encontró una ciudad golpeada, pero también una solidaridad que, según dice, terminó confirmando por qué había elegido quedarse.

Desde su trabajo como coach, ha acompañado a personas afectadas mediante la escucha, la nutrición y el afecto.

“Lo que vi en Cali al llegar hace tres años fue mucha amabilidad, solidaridad y ahora, después del terremoto, eso se ha intensificado. Se siente como que una gran familia se ha formado”, afirmó.

Mathilde, por su parte, dice estar enamorada de Colombia desde hace siete años. Llegó a Cali por un proyecto relacionado con el Pacífico y terminó enamorándose también de la ciudad, de su gente y de la salsa.

Así, un mes después del terremoto, las dos extranjeras no solo recordaron la tragedia. Frente a las campanas de San Antonio, se abrazaron mientras Cali intentaba hacer algo mucho más difícil: recordar lo que perdió sin dejar de levantarse.