El 2025 cierra con una mezcla valiosa de realismo y optimismo. Fue un año exigente, típico de una antesala electoral, pero también un periodo en el que la economía logró estabilizarse en muchos aspectos y recuperar dinamismo. En medio de ajustes institucionales y de tensiones globales marcadas por conflictos prolongados, disrupciones logísticas, presiones climáticas y un sistema financiero internacional que se movió entre episodios de volatilidad y encarecimiento del capital, Colombia avanzó con firmeza moderada, impulsada por una comunidad empresarial que mantuvo la confianza y la iniciativa.

Los datos del cierre de 2024 ya anticipaban este comportamiento: crecimiento del 1,7 %, inflación controlada y un ciclo de reducción de tasas que alivió a hogares y empresas. Sobre esa base, 2025 consolidó un ritmo más ordenado. Sectores como la agroindustria, los servicios públicos, la tecnología y la economía creativa sostuvieron su dinámica, mientras la inversión y el consumo empezaron a repuntar. Por supuesto, no estoy ignorando hechos preocupantes como la caída histórica de sectores como el de petróleo y minería, que llegaron a mínimos históricos, o las alarmas que suponen el déficit fiscal. Fue un año de prudencia, pero también de continuidad y avance.

En este entorno, la industria de capital privado volvió a mostrar por qué es uno de los motores más estables y necesarios del país. Aun en un clima de cautela y transición, siguió invirtiendo, acompañando empresas y expandiéndose en regiones. Y lo hizo respaldada por cifras sólidas. El Reporte de la Industria 2024-2025, que publicamos junto con Deloitte, muestra un sector que ha movilizado más de 22.700 millones de dólares, impulsado 1.641 empresas en 28 departamentos y generado más de 416.000 empleos formales, muchos de ellos en territorios donde la inversión tradicional no siempre llega.

Estos resultados confirman algo esencial, y es que esta industria no depende de ciclos políticos ni económicos, sino que opera de manera contracíclica con técnica, gobernanza madura y una convicción profunda en el potencial del país.

Esa capacidad de mantener el ritmo en momentos complejos es la que protege el activo más sensible para cualquier inversión: la confianza. Y 2025 lo demostró con claridad. Fue un año marcado por discusiones de fondo, desde la seguridad de las vigencias futuras, una herramienta esencial para financiar proyectos estratégicos, hasta la definición de la constitucionalidad y entrada en vigencia de la reforma pensional. En ese marco, nuestra tarea ha sido insistente en recordar, con evidencia y pragmatismo, que para garantizar estabilidad y crecimiento, Colombia necesita más inversión productiva, estabilidad en las reglas de juego, una mayor diversificación y una visión de largo plazo que dé solidez y permita seguir invirtiendo en crecimiento y desarrollo.

Para cumplir con este propósito, el país tiene las herramientas a mano. En Colombia, los inversionistas institucionales como los fondos de pensiones tienen un mandato legal a través de la Ley 2112 de 2021 de destinar un porcentaje de su portafolio a empresas y proyectos productivos en el país a través de vehículos como los fondos de capital privado. De esta forma, se conectan el ahorro con el crecimiento, se fortalecen sectores estratégicos y se abren oportunidades en regiones emergentes cuyo potencial depende del acceso a capital. Estas disposiciones y muchas otras, como el respeto de los compromisos de las vigencias futuras que tanto aportan al desarrollo de las regiones, deben cuidarse como política de Estado.

La evidencia internacional respalda la tesis de que la inversión en activos alternativos generan flujos estables en moneda local, reducen la exposición a choques externos y mejoran la relación riesgo-retorno, al tiempo que promueven empleo, infraestructura y productividad. Son, en suma, un pilar indispensable de cualquier estrategia seria de desarrollo.

La vitalidad y la apuesta de largo aliento de la industria quedaron especialmente visibles en la Gala de Reconocimientos ColCapital 2025. Fue una noche que resumió lo que este sector hace a diario: convertir confianza en acción. Las categorías destacadas —Mayor Impacto Económico, Implementación de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), Transacción más Exitosa, Fundraising, Corporate Venture Capital con mejor integración de innovación y Venture Capital a la compañía más sobresaliente del portafolio— reflejaron inversiones que crecen con rigor, empresas que fortalecen su gobernanza y territorios que avanzan con soluciones donde técnica, propósito e innovación se encuentran. No fueron episodios aislados, sino la evidencia de una comunidad que, incluso en un año exigente y lleno de definiciones, siguió demostrando que la inversión bien gestionada produce resultados visibles y duraderos.

El 2026 llegará con debates intensos y, naturalmente, con el pulso acelerado de un año electoral. Después de lo vivido en 2025, hay un punto que ya no admite duda y que seguiremos elevando como principio rector a los distintos decisores: la confianza se construye con hechos, consistencia y decisiones que trascienden coyunturas.

La industria de capital privado volvió a demostrarlo al impulsar empresas en todo el país, movilizar capital en un entorno retador y acompañar proyectos que generan crecimiento real. Esa evidencia es la que sostiene que invertir en Colombia sigue teniendo sentido. Los resultados están a la vista y muestran un país que avanza cuando consolida confianza, respeta sus propios marcos y sostiene una mirada de largo plazo.