La salida de Mónica Higuera Garzón de la Unidad de Regulación Financiera (URF) estuvo precedida por una serie de desacuerdos técnicos frente a decisiones que el Gobierno Nacional buscaba acelerar sobre el manejo de los recursos de los fondos de pensiones.
Higuera, quien asumió la dirección de la URF con el encargo de fortalecer el sustento técnico de la regulación financiera, dejó el cargo luego de advertir que algunas de las propuestas en discusión no contaban, a su juicio, con los estudios económicos, jurídicos y actuariales necesarios para evaluar su impacto de largo plazo.
Pero toda esta controversia comenzó cuando, esta semana, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, señaló en medio de una rueda de prensa sobre el decreto de emergencia económica que el Gobierno Petro estaría buscando la forma de que los fondos de pensiones regresen al país una cifra cercana a los 250 billones de pesos que tienen invertidos en el exterior.
Esa declaración, aunada a los varios anuncios en materia fiscal y de recortes que hizo el gobierno durante los últimos tres días de 2025, levantaron ampolla entre varios sectores de la política nacionales quienes vieron con malos ojos la idea del ministro Ávila.
Esa situación también desató un choque de trinos entre el presidente Petro y el exalcalde de Bogotá, Enrique Peñaloza, quien aseguró que la ejecución de esa medida era similar a robarle el dinero ahorrado a los ciudadanos que están en fondos de pensión privados.
Y fue en medio de esa controversia que apareció el trino de Mónica Higuera quien le señaló al presidente Petro que llevar a cabo esa repatriación de los recursos invertidos afuera era “irresponsable con los colombianos” y que, por haber emitido ese concepto se había producido su salida de la URF.
En el mensaje que Higuera público explicó que intentó exponer estas consideraciones dentro del Gobierno, pero que sus observaciones no fueron acogidas.
“Traer dinero por traerlo no es responsable con los colombianos”, afirmó la exdirectora, al señalar que su compromiso al frente de la URF era priorizar decisiones basadas en evidencia técnica y no en plazos políticos.
El punto de mayor tensión estuvo relacionado con la posibilidad de modificar la composición de las inversiones de los fondos privados de pensiones, con el objetivo de incrementar la colocación de esos recursos en el mercado interno.
Según expuso la exfuncionaria, se planteó una meta de traslado acelerado de capitales que, en términos prácticos, implicaba movilizar montos significativos en un plazo corto.
“Es muy interesante ver como desde el desconocimiento el ministro quiere hacer algo que cree bueno para el país: traer inversión para que se invierta en el país. Pues NO, así no es, ese dinero es de seguridad social”, escribió Higuera en uno de sus trinos.
A reglón seguido señaló que ese dinero está invertido en productos de mediano y largo plazo y que su retiro anticipado o porque aún no llegan a su curva de maduración podría tener serias penalidades. “¿250 billones? ¿Es que quieren la tasa de cambio a 2000 pesos? Tomen decisiones serias y rigurosas con el país y con los colombianos. ¡Dejen de improvisar!“.
Desde su perspectiva, esa aproximación desconocía la naturaleza de los recursos administrados por los fondos, que corresponden a ahorros de seguridad social y están comprometidos en instrumentos financieros diseñados para horizontes de largo plazo.
En ese contexto, Higuera sostuvo que cualquier cambio debía sustentarse en simulaciones técnicas que midieran riesgos macroeconómicos, efectos sobre la estabilidad financiera y eventuales impactos en variables como la tasa de cambio.
Tras el desencuentro con la visión del ministro Ávila y del presidente Petro, Higuera decidió dar un paso al costado y presentó su renuncia el 3 de diciembre. El decreto de aceptación por parte del presidente de la República fue confirmado el 10 del mismo mes.
Aseguró que le dijeron que las ordenes del presidente no se podrían controvertir, que no podía opinar ni objetar y que, por el contrario, tenía que seguir las instrucciones del presidente Petro porque “el sabe lo que hace”. Higuera se negó y sentenció que alguien debía ser capaz de mostrarle el error. “Ser presidente no es ser omnipotente”, recalcó.