En un momento en el que las enfermedades respiratorias ganan terreno en el mundo y el cambio climático empieza a redefinir los riesgos para la salud pública, una médica colombiana radicada en Estados Unidos busca demostrar que la innovación también puede nacer lejos de los grandes centros tradicionales de investigación.
Se trata de María Artunduaga, tiene 46 años, nació en Neiva, estudió Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana y creció en una familia de médicos. Durante años creyó que su destino estaba en la cirugía plástica reconstructiva pediátrica, pero una serie de acontecimientos personales y profesionales terminaron llevándola hacia otro propósito: desarrollar una tecnología capaz de detectar enfermedades respiratorias antes de que sea demasiado tarde.
Su compañía, Samay, acaba de darle una visibilidad internacional inédita tras ser reconocida en el Bayer Foundation Women Entrepreneurs Award 2026, que la seleccionó entre más de 1.100 emprendedoras del mundo. Sin embargo, para Artunduaga, el verdadero reconocimiento aún está por llegar: ver a Sylvee, un parche torácico impulsado por inteligencia artificial, llegar a los pacientes colombianos.
El contexto no podría ser más urgente. La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc) afecta a más de 550 millones de personas en el planeta y causa más de tres millones de muertes al año. En Colombia, la enfermedad supera el 12 por ciento de prevalencia entre los mayores de 40 años y es la tercera causa de muerte. Lo más preocupante es que cerca de nueve de cada diez casos permanecen sin diagnosticar.
“Estamos hablando de una de las mayores crisis de salud del mundo, pero es una crisis silenciosa, porque golpea sobre todo a los que tienen menos voz. Nosotros existimos para cambiar exactamente eso”, explica Artunduaga en conversación con SEMANA.
Legado de la abuela
La historia del dispositivo médico Sylvee comenzó mucho antes de Silicon Valley y de las 22 patentes obtenidas en 17 jurisdicciones por parte de Samay. Comenzó en Bogotá, con la muerte de Sylvia, la abuela de Artunduaga.
Durante años, creyó que la pérdida de su abuela había sido consecuencia de las limitaciones del sistema de salud. Con el tiempo descubrió que el problema era más profundo: la ausencia de herramientas simples, asequibles y accesibles para identificar una enfermedad que suele manifestarse cuando el daño pulmonar ya es irreversible. “Mi abuela Sylvia murió de epoc sin un diagnóstico de una crisis respiratoria a tiempo, y por eso nuestro dispositivo lleva su nombre”, explicó.
La muerte de Sylvia se convirtió en una pregunta científica. ¿Era posible entender el pulmón sin depender de equipos hospitalarios complejos? La respuesta comenzó a tomar forma después de entrevistar a más de 250 pacientes, neumólogos, investigadores y actores del sistema de salud.
Uno de esos especialistas le explicó que los pacientes empiezan a atrapar aire dentro de los pulmones antes de sufrir una crisis respiratoria. Esa idea la llevó de regreso a una clase de física en el colegio. “¿Y si utilizamos la resonancia para entender qué pasa dentro del pulmón? Esa fue la pregunta que cambió todo. Hoy hacemos que el pulmón resuene, como si lo pusiéramos a cantar, y usamos matemáticas avanzadas para interpretar esa información”, explicó.
Así nació la tecnología de resonancia acústica activa. El dispositivo utiliza un micrófono y un parlante ubicados sobre el pecho para enviar sonido a través de la caja torácica. Posteriormente, mediante algoritmos e inteligencia artificial, analiza más de 750 características derivadas de esa resonancia.
La apuesta no es menor. Sylvee pretende convertirse en una herramienta de tamizaje que permita identificar pacientes con mayor probabilidad de padecer epoc en menos de cinco minutos y fuera de los hospitales de alta complejidad. Actualmente, la tecnología ha sido validada en cerca de 500 pacientes y estudios de factibilidad muestran que podría anticipar crisis respiratorias hasta con 15 días de anticipación.
Enfermedad invisible
La epoc continúa siendo una de las enfermedades más subestimadas de la medicina contemporánea. Aunque tradicionalmente se asocia con el tabaquismo, en Colombia una parte importante de los casos tiene otro origen.
Cerca de uno de cada cuatro pacientes desarrolla la enfermedad tras años de exposición al humo de leña, una realidad que afecta especialmente a mujeres rurales. Se estima que esta exposición contribuye a más de 10.000 muertes prematuras anuales en el país.
Para Artunduaga, allí está uno de los aspectos más relevantes de Sylvee. “Muchas de estas mujeres nunca fumaron un cigarrillo y aun así se enferman. Como viven lejos, en zonas rurales, son justamente las que menos acceso tienen a un diagnóstico. Es una injusticia doble. Un dispositivo portátil que no necesita un gran hospital ni un especialista puede cambiarles la vida”, afirma.
La desigualdad también se refleja en la infraestructura disponible. Según explicó la médica, en Colombia existirían apenas alrededor de 50 pletismógrafos, equipos utilizados para medir la función pulmonar, para una población que supera los 52 millones de personas.
El resultado es un diagnóstico tardío. Muchos pacientes descubren que padecen epoc cuando llegan a una sala de urgencias incapaces de respirar. Uno de cada tres pacientes con esta enfermedad también presenta enfermedad cardiovascular. Después de una crisis respiratoria, el riesgo de sufrir un evento cardíaco grave o morir aumenta significativamente durante el año siguiente. “La epoc es una tragedia silenciosa y carísima. Va quitándole a la persona la capacidad de caminar, de trabajar y de vivir con dignidad”, sostiene la médica.
En ese escenario, Sylvee busca convertirse en una herramienta para acercar el diagnóstico a la denominada “última milla”: puestos de salud, IPS y comunidades alejadas donde un neumólogo es prácticamente inexistente.
Un pulmón, muchas posibilidades
Aunque la epoc es el punto de partida, María Artunduaga insiste en que Samay no está construyendo un producto para una sola enfermedad, sino una plataforma tecnológica.
La compañía ya trabaja en nuevas aplicaciones para asma, apnea del sueño, fibrosis pulmonar, fibrosis quística, tuberculosis y cáncer de pulmón. Incluso desarrolla un proyecto junto con la neuróloga colombiana Adriana Bermeo para intentar predecir convulsiones en pacientes con epilepsia.
El objetivo inmediato, sin embargo, es completar el camino regulatorio. La empresa proyecta lanzar Sylvee en Colombia a comienzos de 2028 y ya inició conversaciones con el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos mientras avanza en paralelo con la ruta regulatoria en Estados Unidos. “Preferimos hacer las cosas bien, con evidencia sólida, porque cuando se trata de la salud de las personas, la confianza se construye con datos, no con promesas”, aseguró.
En el mediano plazo, la meta es ambiciosa: llegar a por lo menos un millón de personas antes de 2030. Pero detrás de las cifras, las patentes y el reconocimiento internacional, Artunduaga insiste en regresar al punto de partida: la necesidad de hablar más sobre una enfermedad que sigue avanzando en silencio.
Las proyecciones citadas por la médica indican que para 2050 las enfermedades respiratorias podrían convertirse en la principal causa de muerte y enfermedad en el mundo, impulsadas, entre otros factores, por el cambio climático. “Si no comenzamos desde ahora a investigar, innovar e invertir en enfermedades respiratorias, corremos el riesgo de repetir lo ocurrido con la pandemia: todos sabíamos que podía suceder y, aun así, no estábamos preparados”, advirtió.
La reflexión también es una invitación a mirar hacia la ciencia hecha desde Latinoamérica. “Yo quisiera ver más científicos, más ingenieros y más personas creando empresas de tecnología profunda en Colombia”.