Este 2026, Colombia se encuentra en un momento decisivo para consolidar su capacidad de responder con recursos propios a diferentes desafíos en salud pública.
En ese escenario, el Instituto Nacional de Salud dirigido actualmente por Diana Pava ha fortalecido líneas de investigación y producción que buscan reducir la dependencia del exterior y garantizar tratamientos esenciales para los pacientes.


En conversación con SEMANA, la funcionaria explicó por qué la soberanía sanitaria también se construye desde la ciencia, la formación de talento humano y el desarrollo de sueros que, en muchos casos, representan la diferencia entre la vida y la muerte.
Una apuesta por la soberanía sanitaria

Para Pava, hablar de soberanía sanitaria no significa únicamente producir vacunas. El concepto también abarca la capacidad científica del país para responder a riesgos propios de su territorio y fortalecer la vigilancia epidemiológica en todas las regiones.
“La soberanía sanitaria no se limita únicamente a la producción de vacunas. También se construye formando epidemiólogos de campo en los 32 departamentos del país y fortaleciendo nuestras capacidades científicas. Igualmente, se refleja en la producción de sueros hiperinmunes de origen equino, un campo en el que el Instituto Nacional de Salud es el único productor público del país”.

Ese trabajo ha permitido que el INS produzca antivenenos para mordeduras de serpiente, entre ellos los dirigidos contra Bothrops, mapaná, corales —correspondientes a los elápidos— y también contra la oruga venenosa Lonomia.
Para la directora, el hecho de que estos desarrollos se produzcan desde una institución pública tiene un valor especial porque responde a una misión de salud pública y no a criterios de rentabilidad.
El primer suero antiescorpiónico hecho en Colombia

Uno de los avances que más destaca la directora es el desarrollo del primer suero antiescorpiónico del país. Se trata de un producto polivalente, diseñado para neutralizar diferentes familias de escorpiones con un solo vial, una característica que, según explicó, constituye un desarrollo único en Colombia.
“Nuestro objetivo no es obtener rentabilidad. Somos una institución pública financiada con recursos del Presupuesto General de la Nación. Nuestra misión es salvar vidas. Ese es nuestro propósito”.

El desarrollo es resultado de años de investigación con equinos, a los que se administran dosis mínimas y no letales de veneno para inducir una respuesta inmunológica que posteriormente permite fabricar los sueros hiperinmunes. La expectativa del Instituto es que este nuevo suero esté disponible hacia octubre, una respuesta especialmente importante si se tiene en cuenta que las picaduras de escorpión han provocado muertes en el país, particularmente en niños.

La apuesta del Instituto también avanza hacia la producción del suero antirrábico y del suero antidiftérico, dos insumos que actualmente se importan. El objetivo es culminar ese desarrollo hacia finales de 2026, fortaleciendo la capacidad nacional para responder a enfermedades que siguen representando un desafío para el sistema de salud.
Cada año, recordó Pava, Colombia registra alrededor de 46.000 mordeduras de perros y gatos, casos que requieren una valoración del riesgo y que, dependiendo de la exposición, pueden necesitar tanto vacunación como la aplicación de suero antirrábico.

A estos avances se suma el desarrollo del test de ditionita, creado por el Instituto Nacional de Salud para evaluar intoxicaciones por herbicidas, una herramienta especialmente útil en departamentos donde estos productos agrícolas tienen un uso frecuente.

Para la directora, todos estos desarrollos reflejan el verdadero sentido de la salud pública: poner la ciencia al servicio de la protección de la población y fortalecer una capacidad institucional que, más allá de los cambios de gobierno, busca responder con conocimiento, investigación y producción propia a las necesidades sanitarias del país.
