Colombia enfrenta un reto creciente en materia de rehabilitación ante el aumento de personas que requieren procesos para recuperar su funcionalidad. Según el Ministerio de Salud, a octubre de 2022 el país registraba 127.857 personas certificadas con discapacidad, respaldadas por 339 IPS autorizadas y 12.880 profesionales habilitados para realizar esa certificación. A este panorama se suma la proyección de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estima que 2.400 millones de personas en el mundo podrían beneficiarse de servicios de rehabilitación debido al envejecimiento de la población y al incremento de enfermedades crónicas y neurológicas.
Especialistas consideran que el reto ya no se limita al acceso a los servicios de salud, sino que también pasa por fortalecer la neurorehabilitación para favorecer la autonomía y la calidad de vida de los pacientes.
En ese contexto, Mobility, centro de neurorehabilitación en Colombia, desarrolla un modelo interdisciplinario que integra exoesqueletos robóticos, realidad virtual, biónica e inteligencia artificial como apoyo a los procesos de recuperación funcional de personas con condiciones neurológicas complejas.
“La tecnología no sustituye el vínculo humano; lo fortalece cuando se pone al servicio de la persona”, explicó Betsy Jaramillo, coordinadora de Rehabilitación de Mobility. “La robótica, la realidad virtual, la biónica y la inteligencia artificial no son un fin en sí mismas, sino herramientas para potenciar la neuroplasticidad y favorecer una mayor autonomía funcional”, agregó.

La especialista señaló que los pacientes suelen llegar después de haber atravesado consultas fragmentadas o tratamientos interrumpidos, por lo que requieren procesos individualizados, de alta intensidad y con seguimiento. “Nuestro propósito es demostrar que la rehabilitación puede ir más allá de recuperar movimiento: puede devolver independencia, participación y calidad de vida, trabajando de manera articulada con las instituciones de salud del país”.
Jaramillo también afirmó que la inclusión no depende únicamente de la accesibilidad física. “Invertir en rehabilitación es también invertir en bienestar, inclusión y productividad social. El futuro de la rehabilitación no debe medirse solo por cuánto se corrige una limitación, sino por cuánto se mejora la autonomía y la calidad de vida de las personas”.
