La muerte de Juliana Ávila Saouda, una corredora de 20 años el pasado 7 de septiembre después de presentar una emergencia cardíaca durante la Maratón Medellín, volvió a poner sobre la mesa una pregunta que cobra especial importancia entre quienes se preparan para correr largas distancias: ¿basta con sentirse saludable para afrontar una prueba de 21 o 42 kilómetros?
A propósito del caso, el médico especialista en cuidados intensivos Richard Suárez hizo una serie de recomendaciones para quienes ya practican running o tienen previsto comenzar. Su principal llamado es a no asumir que la juventud, la ausencia de enfermedades conocidas o una buena condición física eliminan por completo los riesgos.
Suárez explicó que, antes de comenzar a correr, el primer paso debería ser acudir a una valoración médica que permita revisar tanto los antecedentes personales como familiares. Entre los aspectos que deberían advertirse al profesional están los casos de muerte súbita en la familia y síntomas durante el ejercicio como dolor en el pecho, palpitaciones o episodios de desmayo.
“Las guías europeas de cardiología deportiva dicen que cualquier persona que tenga la intención de correr, por favor, antes vaya a una consulta con un médico”, señaló el especialista.
¿Qué exámenes debería hacerse una persona antes de correr?
De acuerdo con Suárez, una valoración clínica completa y, al menos, un electrocardiograma constituyen el punto de partida. Sin embargo, aclaró que esto no significa que todas las personas deban someterse automáticamente a una extensa batería de pruebas.
El especialista explicó que estudios adicionales deben determinarse según los hallazgos y antecedentes de cada paciente. Por ejemplo, si durante la valoración aparece un posible riesgo de arritmias, el médico podría ordenar un Holter; mientras que determinados antecedentes cardiológicos podrían llevar a solicitar un ecocardiograma para evaluar la estructura y el funcionamiento del corazón.
Esta recomendación coincide en parte con lo explicado a La FM por el cardiólogo Rodolfo Vega, quien advirtió que existen enfermedades que pueden permanecer ocultas en personas aparentemente sanas. Entre ellas mencionó la miocardiopatía hipertrófica, el síndrome de QT largo, el síndrome de Brugada y algunas anomalías de las arterias coronarias.
Suárez, sin embargo, hizo una precisión importante: realizar más estudios de los necesarios tampoco implica necesariamente mayor seguridad. En una persona joven, sin antecedentes ni hallazgos preocupantes, los exámenes adicionales pueden detectar pequeñas anomalías sin relevancia clínica y conducir a nuevos procedimientos o restricciones innecesarias.
¿Existe un examen que elimine el riesgo de muerte súbita?
La respuesta del intensivista es contundente: no. Según explicó, una persona puede obtener resultados normales en sus valoraciones y aun así el riesgo nunca puede reducirse a cero.
“Tú puedes tener todo absolutamente normal, que nunca va a ser cero el riesgo de sufrir una muerte súbita corriendo”, aseguró Suárez.
Por esa razón, además de los controles médicos, el especialista insistió en la importancia de una adaptación progresiva antes de asumir distancias como 21 o 42 kilómetros. Correr más kilómetros, recalcó, no significa automáticamente obtener mayores beneficios para la salud.
“Eso es exponer al cuerpo a un estrés grande, agudo, para el que no todo el mundo está preparado”, explicó.
Durante una carrera también existen señales que no deberían ignorarse. Dolor en el pecho, mareo o sensación de desmayo, dificultad intensa para respirar y alteraciones llamativas del ritmo cardíaco son motivos para detener el ejercicio y solicitar atención médica, en lugar de intentar completar la distancia a toda costa. Especialistas también recomiendan llegar a la competencia con entrenamiento progresivo, descanso adecuado y una estrategia apropiada de hidratación y alimentación.
El mensaje de los médicos no apunta a abandonar el running. El ejercicio tiene múltiples beneficios, pero una media maratón o una maratón representan esfuerzos considerablemente mayores que la actividad física cotidiana. Por eso, la preparación no debería limitarse a acumular kilómetros: conocer los antecedentes, consultar al médico y escuchar las señales del cuerpo también hacen parte del entrenamiento.