El regreso de la misión Artemis II esta estipulada para hoy, tras completar cerca de diez días en el espacio profundo. La cápsula Orión tiene previsto su amerizaje en el océano Pacífico, según lo ha informado la Nasa, cerrando así un viaje histórico alrededor de la Luna.
Sin embargo, más allá de los récords y de haber observado la cara oculta del satélite, hay un aspecto clave que marcará este regreso: el impacto físico y mental que experimentarán los astronautas al volver a la Tierra.
El choque del cuerpo con la gravedad
Después de varios días en microgravedad, el organismo de los astronautas deberá readaptarse a una condición que en la Tierra parece normal, pero que en realidad exige un gran esfuerzo físico.
La European Space Agency (ESA) explica: “En unas pocas horas, pasan de un entorno de ingravidez a la gravedad normal. En lugar de vivir donde todo tiende a flotar, vuelven a un planeta en el que todo movimiento requiere esfuerzo. Readaptarse a la gravedad de la Tierra es difícil, porque los músculos y huesos se han debilitado y el corazón debe trabajar mucho más para bombear sangre alrededor del cuerpo”.
Durante la misión, astronautas como Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen estuvieron expuestos a condiciones completamente distintas a las de la Tierra, donde la gravedad de 9,8 m/s2 mantiene el equilibrio del cuerpo humano.
Cambios físicos: músculos, huesos y radiación
Uno de los efectos más notorios del viaje espacial es el debilitamiento del cuerpo, la Nasa ha documentado que los astronautas pueden perder masa muscular rápidamente y ver reducida su densidad ósea si no realizan ejercicio constante.
En condiciones prolongadas, esta pérdida puede ser significativa, aunque en el caso de Artemis II —por su corta duración— se espera que la recuperación sea rápida tras el regreso.
A esto se suma la exposición a radiación espacial, que puede generar cambios leves en el organismo. Aunque en esta misión los efectos serían temporales, forman parte de los desafíos de viajar más allá de la órbita terrestre.
Mareos, visión y adaptación en el espacio
Otro fenómeno frecuente es el llamado síndrome de adaptación espacial. Durante los primeros días, los astronautas pueden experimentar náuseas, desorientación y mareos debido a la redistribución de fluidos en el cuerpo.
“En Tierra, cuando una persona se encuentra de pie, la cabeza se sitúa en la zona superior del cuerpo. Por tanto, el corazón ha de hacer un esfuerzo extra para lograr que la sangre venza a la gravedad y suba hacia arriba. Pero en el espacio, al no existir esta resistencia, el corazón sigue bombeando con la misma potencia, y el flujo de sangre que llega al cerebro aumenta, lo que conlleva también un aumento de presión”, explica National Geographic.
En misiones largas, esto puede generar complicaciones más serias, aunque en Artemis II se prevé que estos efectos sean pasajeros.
El impacto invisible: la salud mental
El viaje espacial no solo transforma el cuerpo, también desafía la mente. El aislamiento, la distancia de la Tierra y la rutina en un entorno cerrado pueden alterar el sueño y generar estrés.
Por ello, la Nasa implementa entrenamiento psicológico y mantiene comunicación constante con la tripulación para garantizar su bienestar durante toda la misión.