El potente terremoto de magnitud 7.4 que se registró a las 7:34 de la mañana del lunes, 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, además de causar alarma por su fuerza, también lo fue por la particular forma en que se sintió en diversas regiones del país.
Expertos han identificado que la duración y la intensidad del movimiento en lugares alejados del epicentro, como la capital, se debieron a un proceso geológico específico que modifica cómo las ondas del temblor llegan a la superficie.
Un sismo de dimensiones históricas
Este evento telúrico, que tuvo una profundidad de 88 kilómetros, ha sido catalogado como uno de los más significativos de los últimos años en Colombia.
El director del Servicio Geológico Colombiano (SGC), Julio Fierro, destacó la magnitud del movimiento y explicó que la mayor duración con la que fue percibido en la sabana de Bogotá está relacionada con el ‘efecto de sitio’, un fenómeno que puede amplificar y prolongar las ondas sísmicas según las características del terreno.
Fierro señaló en Blu Radio que se trató de un sismo excepcional por su magnitud: “Fue el temblor más fuerte de la última década y uno de los más fuertes en el siglo”.
A pesar de la violencia del movimiento, la ubicación del epicentro en una zona con baja densidad poblacional ayudó a que, inicialmente, no se reportaran pérdidas humanas masivas en esa área específica, aunque los daños materiales en otras regiones han sido considerables.
El misterio de la vibración prolongada
Muchos ciudadanos en la sabana de Bogotá se preguntaron por qué el sismo pareció durar mucho más tiempo que en otras zonas. La respuesta científica reside en el denominado “efecto de sitio”. Este fenómeno ocurre cuando las ondas que viajan por la tierra se encuentran con terrenos que no son roca sólida, sino depósitos más suaves.
Para explicar este concepto de manera sencilla, la fuente de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile señala que: “Los efectos de sitio se refieren a la modificación de la intensidad del movimiento sísmico que se experimenta en un suelo o en la superficie de un suelo cuando ocurre un terremoto”. En términos menos técnicos, el suelo actúa como un filtro que puede aumentar la fuerza o la duración del movimiento dependiendo de su composición.
El suelo de Bogotá y la analogía del agua
La razón por la cual Bogotá es especialmente susceptible a este fenómeno tiene raíces prehistóricas, ya que gran parte de su territorio se asienta sobre lo que antiguamente fue un cuerpo de agua. Julio El director del SGC, utilizó una comparación cotidiana para aclarar este punto: “Es algo así como que un tanque está lleno de agua y lo golpeamos, pues el agua vibra mucho más tiempo, por lo que estamos en Bogotá sentimos el temblor durante mucho más tiempo. Esto era el lago Humboldt”.
Esta característica del terreno blando hace que las ondas no pasen de largo, sino que se queden “atrapadas” y rebotando, lo que prolonga la sensación de sacudida. La fuente técnica de “Efectos de sitio” refuerza esta idea al explicar que: “Entre más blando sea el tipo de suelo que exista bajo la estación, mayor será la amplificación”.
La importancia de conocer el terreno
La vulnerabilidad de una ciudad ante un terremoto no depende únicamente de la cercanía al origen del sismo, sino de la calidad de sus suelos. Los expertos coinciden en que identificar estas zonas es vital para el desarrollo urbano. Cuando un sismo atraviesa sedimentos superficiales, se modifica su intensidad y frecuencia, lo que puede causar daños más graves en las estructuras construidas sobre suelos menos firmes.
Desde la ciencia, se hace un llamado a la calma y a la información oficial, recordando que eventos como las réplicas son posibles, pero no pueden predecirse con exactitud.