¿Ha escuchado hablar de la Cuenca de Géiser Norris? Se trata de una de las zonas hidrotermales más activas y dinámicas del Parque Nacional de Yellowstone. En este lugar se encuentra el Steamboat Geyser, considerado el géiser activo más alto del planeta, junto a una amplia variedad de manifestaciones geotérmicas cuyas aguas presentan composiciones químicas tanto ácidas como neutras.
En la parte posterior de esta cuenca hidrotermal, a unos 200 metros del Steamboat, se ubica el Echinus Geyser. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), su piscina mide cerca de 20 metros de diámetro y es considerado el géiser ácido más grande del mundo. Aunque su agua presenta cierto nivel de acidez, este es moderado, por lo que no resulta tan extremo como podría imaginarse.
Su existencia es poco común, ya que los géiseres con agua ácida son raros. En la mayoría de los casos, la acidez tiende a deteriorar las rocas que forman los conductos por donde circula el agua caliente. En Echinus, sin embargo, esta característica se debe a la mezcla de gases ácidos con aguas de composición neutra.
Aun así, la acidez no es lo suficientemente intensa como para erosionar las formaciones rocosas. Esta combinación química produce rasgos distintivos, como el tono rojizo que rodea la piscina —originado por minerales como hierro, aluminio y arsénico— y las estructuras cubiertas de sílice que inspiraron su nombre.
Tras varios años de relativa calma, los científicos detectaron un nuevo aumento de actividad. Los registros indican que, desde septiembre de 2017, los sensores de temperatura comenzaron a mostrar fluctuaciones provocadas por oleadas de agua dentro de la piscina.
En ese momento no se trataba de erupciones, pero en octubre del mismo año comenzaron a registrarse y se repitieron con bastante regularidad, aproximadamente cada dos o tres horas, entre el 18 de octubre y el 10 de noviembre. Posteriormente, la actividad volvió a disminuir y solo se observaron algunos episodios aislados en 2018, 2019 y 2020.
El fenómeno volvió a captar la atención en febrero de 2026, cuando el géiser entró nuevamente en erupción. La primera se registró el 7 de febrero, seguida por otras el 9, 12 y 15 del mismo mes. A partir del 16 de febrero, las erupciones comenzaron a repetirse con intervalos de entre dos y cinco horas, alcanzando alturas de entre 6 y 10 metros y con una duración aproximada de dos a tres minutos. Tras cada episodio, el nivel del agua desciende de forma considerable y tarda cerca de una hora en recuperarse.
El área cuenta con un sendero y varias plataformas de observación construidas en una época en la que el géiser era mucho más activo. Aunque hoy las erupciones son menos frecuentes, durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX ocurrían con regularidad, lo que permitía a los visitantes observar el fenómeno a corta distancia.
Con el inicio del siglo XXI, la actividad del géiser disminuyó notablemente. En 2010 se instaló un sistema para medir la temperatura, lo que permitió registrar 15 erupciones entre octubre de ese año y enero de 2011. Después de ese periodo, solo se documentaron algunos episodios aislados hasta que el géiser volvió a mostrar signos de actividad en 2017.