Las señales de reactivación del volcán Taftán, ubicado en el sur de Irán y considerado durante mucho tiempo extinguido, han llamado la atención porque surgen tras unos 710.000 años. Un estudio publicado en Geophysical Research Letters detectó que la superficie cercana a su cima se elevó alrededor de 9 centímetros entre 2023 y 2024, probablemente debido a la presión de gases internos o al movimiento del magma.
Un volcán es clasificado como inactivo cuando no ha registrado erupciones durante el Holoceno, periodo que comenzó hace unos 11.700 años. Debido a los cambios observados, los expertos planean intensificar la vigilancia de esta zona, que hasta ahora no era considerada de riesgo significativo.

El vulcanólogo español Pablo González, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, señaló a Live Science que no existen indicios de una erupción inmediata, aunque insistió en la necesidad de un seguimiento más riguroso. Según explicó, el sistema volcánico deberá liberar energía en algún momento, aunque el modo en que lo haga sigue siendo incierto: “De forma violenta o más lenta”.
El Taftán es un estratovolcán de 3.940 metros situado en una zona montañosa donde varios volcanes se originaron por la subducción de la corteza oceánica árabe bajo el continente euroasiático. Aunque no existen registros históricos de erupciones, el macizo presenta un sistema hidrotermal activo y fumarolas que liberan gases sulfurosos de olor intenso.

Según el investigador Mohammadhossein Mohammadnia, colaborador de Pablo González, analizó imágenes satelitales en 2020 sin detectar señales de actividad. Sin embargo, en 2023 comenzaron a difundirse en redes sociales reportes sobre emisiones gaseosas perceptibles incluso en Khash, situada a unos 50 kilómetros del volcán.
Posteriormente, el científico examinó datos de la misión Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea, que evidencian una leve elevación del terreno cerca de la cumbre, indicio de presión subterránea creciente. Debido a que el Taftán se ubica en una región remota, no cuenta con sistemas de monitoreo GPS como los instalados en volcanes más vigilados, entre ellos el Monte Santa Helena.

Los expertos estiman que el proceso que provoca la elevación del terreno en el Taftán ocurre a una profundidad de entre 490 y 630 metros. Aunque no es posible determinar con precisión la causa, los investigadores descartan factores externos como sismos o lluvias recientes. Además, señalan que el reservorio principal de magma se encuentra a más de 3 kilómetros de profundidad, muy por debajo de la zona donde se detectó el abultamiento.
Según los científicos, el fenómeno podría estar relacionado con alteraciones en el sistema hidrotermal del volcán, que habrían generado acumulación de fluidos bajo la superficie. Otra hipótesis sugiere que una pequeña cantidad de roca fundida se desplazó, facilitando el ascenso de gases hacia niveles superiores, lo que incrementó la presión en grietas y poros del terreno y provocó la leve deformación observada.
