La Luna ha sido objeto de numerosos estudios por parte de la comunidad científica, especialmente su superficie. Sin embargo, bajo ella se extiende una red de enormes cavernas subterráneas que, según las investigaciones, podrían alcanzar diámetros de cientos de metros. Algunas de estas estructuras serían hasta mil veces más grandes que los tubos de lava formados por la actividad volcánica en la Tierra.

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Debido a que están protegidas por gruesas capas de regolito y roca solidificada, estas cuevas podrían ofrecer un refugio natural frente a la intensa radiación cósmica y las extremas condiciones del entorno lunar.

Con el objetivo de estudiar estos espacios de manera directa, la Nasa decidió respaldar el desarrollo de una nueva tecnología de exploración. La agencia financiará a la empresa Stone Aerospace, con sede en Austin, para diseñar un innovador dron equipado con un sistema de alimentación mediante láser y una correa de seguridad.

El vehículo descenderá al interior de las cuevas mientras permanece conectado a un explorador situado en la superficie a través de cables de fibra óptica, que además permitirán iluminar el recorrido y transmitir información en tiempo real.

Foto de referencia de los drones usados por la NASA en la Luna. Foto: Getty Images

De acuerdo con la Nasa, el sistema de energía mediante fibra óptica (Power-over-Fiber o PoF) desempeñará una doble función clave durante la misión. Por un lado, actuará como un enlace de comunicaciones de alta velocidad, permitiendo transmitir datos incluso a través de la densa roca que rodea las cuevas lunares.

Al mismo tiempo, suministrará la energía necesaria para el funcionamiento del dron, el cual se desplazará utilizando un sistema de propulsión de gas frío, una tecnología diseñada para operar sin generar contaminación en el entorno lunar.

Foto de referencia de la Luna. Foto: Getty Images/500px

“El estudio podría permitir la primera exploración de cuevas en un mundo que no es el nuestro (…) Además, nuestra tecnología tiene un amplio potencial de uso dual para aplicaciones terrestres al permitir la transmisión continua de gran alcance de la energía óptica que serviría para plataformas móviles en tierra, aire o bajo el agua”, señaló la jefa de física Gilly Elor, de Stone Aerospace.

Las gigantescas cuevas que existen bajo la superficie lunar se habrían formado de manera similar a los túneles de lava presentes en la Tierra. Según los científicos, estas estructuras son el resultado de antiguos flujos de lava que atravesaron el paisaje de la Luna y cuya capa exterior se enfrió rápidamente, mientras el material fundido continuó desplazándose en su interior. Cuando la lava terminó de fluir, quedaron extensos conductos huecos que hoy en día llaman la atención de la comunidad científica.

La agencia espacial estadounidense detalló qué busca encontrar en un territorio marcado por el frío y la oscuridad. Foto: Getty Images

El proyecto, denominado Lunar Underground eXplorer (LUX), plantea que un explorador robótico descienda al interior de un enorme pozo ubicado en el Mare Tranquillitatis, una región situada a unos 400 kilómetros del lugar donde aterrizó la misión Apolo 11.

La abertura, cuyo tamaño equivale aproximadamente a dos campos de fútbol y alcanza una profundidad cercana a los 133 metros, fue identificada como la entrada a una red de cavernas subterráneas.

La existencia de estas cavidades comenzó a investigarse gracias a información recopilada por el Orbitador de Reconocimiento Lunar de la Nasa en 2010. Sin embargo, fue hasta 2024 cuando un grupo de geólogos italianos analizó nuevamente esos datos y confirmó que el pozo conduce a un sistema de cuevas.

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Pese al entusiasmo por el proyecto, los investigadores reconocen que la misión enfrentará importantes obstáculos técnicos. La científica Erika Elor, quien previamente exploró las cuevas del Sistema Cheve, en Oaxaca (México), advirtió que la oscuridad absoluta del interior dificultará el suministro de energía y la navegación, ya que no será posible utilizar sistemas como el GPS.

Además, subrayó que el explorador deberá emplear tecnologías que no generen contaminación, con el fin de evitar interferencias en las mediciones realizadas por los instrumentos científicos.

“Será un desafío en términos de la energía debido a la total oscuridad”, señaló la experta. También agregó que el sistema tiene que ser no contaminante para no afectar las mediciones de los sensores”.

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