Los electrodomésticos se han convertido en aliados indispensables de la vida cotidiana. Desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, millones de personas los utilizan para preparar alimentos, lavar la ropa, limpiar la casa o simplemente disfrutar de un momento de entretenimiento. Sin embargo, esa comodidad también se refleja en el consumo de electricidad y, en consecuencia, en el valor de la factura de energía.

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El gasto energético de cada aparato varía según diferentes factores, entre ellos su potencia, el tiempo de uso, el tamaño del equipo y su nivel de eficiencia energética. A esto se suma un aspecto que muchas personas pasan por alto: la hora del día en la que se utilizan.

Aunque encender un electrodoméstico de día o de noche no significa, por sí solo, que consuma más electricidad, el momento en que se usa sí puede influir en el gasto total. Esto se debe a que las rutinas cambian a lo largo de la jornada y, en algunos casos, también las tarifas del servicio eléctrico, dependiendo del tipo de contrato que tenga cada hogar.

Las mañanas, por ejemplo, suelen concentrar un alto consumo de energía. Durante esas horas es común poner en funcionamiento cafeteras, hervidores de agua, duchas eléctricas, secadores de cabello, planchas, hornos y microondas para preparar el desayuno o alistarse para la jornada. Aunque forman parte de la rutina diaria, un uso excesivo o poco eficiente de estos equipos puede aumentar considerablemente el consumo de electricidad.

Las primeras horas de la mañana suelen concentrar un alto consumo de energía. Foto: Getty Images

Sin embargo, los pequeños electrodomésticos no son los únicos responsables del gasto energético. De acuerdo con información recopilada por PureSky Energy, los sistemas de calefacción y refrigeración, junto con los calentadores de agua, se encuentran entre los equipos que más electricidad demandan.

En el caso de los sistemas de climatización, estos pueden representar entre el 33 % y el 52 % del consumo total de energía de una vivienda. Por su parte, los calentadores de agua aportan entre el 12 % y el 18 %. Los modelos tradicionales con tanque, por ejemplo, mantienen el agua caliente de forma constante, incluso cuando nadie la está utilizando, lo que incrementa el consumo eléctrico.

Por esta razón, hacer un uso más eficiente de estos equipos puede representar un ahorro importante a largo plazo. Una de las principales recomendaciones es ajustar el termostato de acuerdo con la época del año y, si es posible, utilizar termostatos programables que regulen automáticamente el funcionamiento del sistema de climatización.

Los sistemas de calefacción y calentadores de agua son los equipos que representan la mayor parte del gasto energético. Foto: Getty Images/iStockphoto

También es fundamental realizar un mantenimiento periódico. Limpiar o reemplazar los filtros y atender cualquier avería evita que el equipo tenga que trabajar más de lo necesario y, por lo tanto, consumir más electricidad.

En cuanto al calentador de agua, los expertos recomiendan ajustar la temperatura a unos 49 °C, aislar el tanque y las tuberías para reducir la pérdida de calor y, cuando sea posible, lavar la ropa con agua fría. Si se está pensando en reemplazar el equipo, optar por un calentador sin tanque o uno de energía solar puede representar un ahorro considerable en el consumo eléctrico y en la factura de la casa con el paso del tiempo.