La ingeniera aeroespacial colombiana Liliana Villarreal asumió la responsabilidad de coordinar el amerizaje de la misión Artemis II. Esta fase operativa es considerada el segmento de mayor riesgo crítico, dado que cualquier imprecisión técnica en el ingreso a la atmósfera o en el contacto con el océano podría comprometer la integridad de la tripulación.

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Tras el contacto de la cápsula Orion con el mar, Villarreal manifestó un balance de alivio y satisfacción institucional: “Me siento eufórica y aliviada. Todavía debemos llevar la cápsula al muelle de la tripulación y a la enfermería, pero nuestro equipo ha estado preparándose y trabajando muy duro; estoy muy orgullosa de todos ellos”.

La ingeniera destacó la coordinación con el centro de control en Houston, calificando la comunicación durante el proceso como un factor determinante para el éxito del aterrizaje.

Primeros momentos tras el amerizaje

Una vez establecida la seguridad en la zona de recuperación con el apoyo de las fuerzas militares de Estados Unidos, el equipo de Villarreal procedió a la apertura de las escotillas. La ingeniera confirmó que la primera evaluación médica arrojó resultados positivos, al encontrar a los astronautas en óptimas condiciones físicas y con una actitud favorable tras su regreso.

“Teníamos video de ellos desde dentro del vehículo Orión. Desde el principio, cuando abrimos la escotilla, ya estaban fuera de sus asientos pasando un buen rato. En la evaluación médica todos estaban muy bien; incluso estaban usando sus teléfonos, probablemente hablando sobre lo que vieron. Solo había sonrisas por todos lados”, detalló la ingeniera.

La responsable de la recuperación subrayó que, más allá de los logros técnicos, la cohesión y el profesionalismo del equipo de trabajo fueron el motor principal de los resultados obtenidos durante los diez días de misión.

El impacto de Artemis dentro de las futuras generaciones

Villarreal comparó la emoción vivida por el equipo de recuperación con la del equipo científico al recibir los datos lunares. Sin embargo, enfatizó que la labor no termina hasta que la cápsula Orión esté completamente resguardada. Respecto al impacto social de la misión, la ingeniera compartió su historia personal como motor de inspiración para futuros profesionales en áreas de ciencia y tecnología.

“Mi historia comenzó cuando visité el centro espacial; tenía 10 años cuando nos mudamos de Colombia a los Estados Unidos. Mi familia me llevó al centro de visitantes y fue allí donde aprendí sobre el programa Apolo y los viajes a la Luna”, relató Villarreal.

Para la ingeniera, el programa Artemis tiene el potencial de empoderar a jóvenes y niñas para que se vinculen a carreras de ingeniería y matemáticas, demostrando que alcanzar posiciones en la Nasa es una meta posible. “Si yo lo hice, ellos pueden hacerlo; el programa Artemis va a inspirar a todos, tal como Apolo me inspiró a mí”, concluyó.

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