El mundo tiene la mirada puesta en la emergencia que comenzó cuando un terremoto de magnitud 7,2 sacudió gran parte del territorio venezolano. Apenas 39 segundos después, un segundo movimiento, de magnitud 7,5, volvió a estremecer el país y se convirtió en el sismo más fuerte registrado en más de un siglo.

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Con el paso de las horas, el balance de la tragedia ha seguido aumentando. Según informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hasta el momento se reportan 1.450 personas fallecidas y más de 3.000 heridas.

Además, de acuerdo con estimaciones de las Naciones Unidas, alrededor de 50.000 personas permanecen desaparecidas, mientras cientos de familias esperan noticias de sus seres queridos. Los equipos de rescate continúan trabajando sin descanso entre los escombros, en una carrera contra el tiempo para encontrar sobrevivientes.

El doble terremoto también dejó una enorme destrucción en la infraestructura del país. Cerca de 800 edificios sufrieron daños y 189 colapsaron por completo, en medio de una nación que ya enfrentaba una profunda crisis política y económica.

Equipos de rescate buscan entre los escombros de un edificio que colapsó cuando se produjeron terremotos en La Guaira, Venezuela. Foto: AP Photo/Matias Delacroix

Las imágenes de estructuras reducidas a escombros han recorrido el mundo, especialmente las de La Guaira, ubicada a unos 40 kilómetros de Caracas, donde barrios enteros quedaron devastados por este desastre natural. Frente a este panorama, surge un interrogante: ¿por qué tantos edificios no resistieron?

De acuerdo con el divulgador científico y director de los Museos Científicos de A Coruña, Marcos Pérez Maldonado, la intensidad de los daños que deja un terremoto no depende únicamente de la magnitud con la que es registrado.

En declaraciones a Radio Coruña SER, explicó que existen varios factores que influyen en el impacto de un sismo, lo que hace que dos movimientos de características similares puedan tener consecuencias muy diferentes.

Un hombre camina entre los escombros de un edificio que colapsó tras los terremotos registrados en La Guaira, Venezuela, el jueves 25 de junio de 2026. Foto: Foto: AP / Pedro Mattey

Uno de esos factores es precisamente la magnitud. Aunque la diferencia entre los dos terremotos registrados en Venezuela fue de apenas tres décimas —7,2 y 7,5—, el experto señaló que esa variación representa un cambio mucho mayor de lo que parece. Según explicó, un terremoto de magnitud 7,5 puede liberar aproximadamente el doble de energía que uno de 7,2, aumentando su capacidad de destrucción.

Otro aspecto clave es la profundidad a la que se origina el sismo. El experto indicó que, cuando un terremoto ocurre cerca de la superficie, las ondas sísmicas llegan con más fuerza a las ciudades y poblaciones cercanas, aumentando el riesgo de daños en edificaciones e infraestructura.

Otro aspecto que influye de manera decisiva en las consecuencias de un terremoto es la calidad de las construcciones. El experto explicó que países como Japón llevan décadas desarrollando edificios e infraestructuras diseñados para soportar fuertes movimientos sísmicos, gracias a sistemas de construcción que ayudan a absorber parte de la energía liberada durante un sismo y disminuyen el riesgo de colapso.

Terremoto Venezuela Foto: Suministrado a Semana

La situación es diferente en muchas regiones de Latinoamérica, donde no todas las edificaciones cumplen con normas de construcción antisísmica o fueron levantadas con los estándares necesarios para resistir un terremoto de gran magnitud.

En el caso de Colombia, el delegado departamental de Cundinamarca, el capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas, destacó que el país cuenta con una normativa actualizada para reducir los riesgos asociados a los sismos. Se trata del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10), que “establece rigurosos parámetros para diseñar estructuras capaces de resistir sismos considerables”.

Sin embargo, según el capitán, persiste una realidad que genera preocupación: “no todas las edificaciones cumplen estas normativas, especialmente en zonas rurales o asentamientos informales”. Explicó que, “esta brecha entre la norma y su aplicación concreta aumenta la vulnerabilidad de muchas comunidades cuando la tierra tiembla, poniendo en riesgo vidas y medios de subsistencia”.

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Además, según el divulgador científico, esta es una de las principales razones por las que se producen tantos derrumbes durante este tipo de emergencias. “Muchos edificios colapsan porque no están preparados para absorber esa energía”, señaló.

Esta explicación también es respaldada por la directora de Cigiden R+ y académica de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica de Chile, Rosita Jünemann. En declaraciones al diario La Tercera, afirmó que el verdadero riesgo aparece cuando un terremoto impacta ciudades con alta densidad de población y edificaciones vulnerables. En ese sentido, destacó que el nivel de destrucción depende, en gran medida, de la capacidad que tienen las construcciones para resistir la fuerza del movimiento y proteger a quienes se encuentran en su interior.

“El terremoto es lo natural. Pero el desastre o la catástrofe se construye con el tiempo, a través de decisiones de planificación, construcción, preparación y gestión. Y es ahí donde tenemos la capacidad de reducir sus consecuencias”, precisó la experta.